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A veces constatamos que no hay deseo y pensamos que, entonces, no hay nada; pero, de hecho, hay algo: hay libertad. Y cuando hay libertad, hay felicidad.
La ausencia de cólera es gozo, tal como la presencia de amor también lo es; porque ambas cosas nos hacen felices.
Así, cuando algo desaparece, otra cosa surge en su lugar. Si ya no es de noche, entonces es de día; y esto nos hace felices. Cuando ya no es de día, esto no quiere decir sólo que ya no exista el día, sino que ha llegado la noche; y la noche es también hermosa, porque podemos mirar la luna y las estrellas, y sentir la presencia del nirvana.
Nirvana significa extinción, ante todo de los estados aflictivos; y, por tanto, presencia de otras cosas. Es la ocasión para sentir la felicidad dentro de nosotros mismos, el gozo, la ecuanimidad.
Hay una maravillosa montaña en la India en la que la gente excava grutas, no utilizan ladrillos ni cemento, solo remueven la tierra y quitan las piedras.
Sucede lo mismo con nuestro despertar y nuestra felicidad: para hallarlos debemos remover las cosas que realmente no necesitamos. Basta con quitar el deseo y el odio para que aparezca una gran cantidad de bienestar.
No pensemos que al deshacernos de ellos aparecerá un gran vacío, un agujero. Así es el espíritu del budismo: el despertar y la liberación están disponibles, pero oscurecidos; si removemos lo que los oculta, entonces se manifiestan.
Porque cuando nos desembarazamos de los obstáculos, algo aparece en su lugar.
Cortesía: Palas David







