
Decenas de personas tomaron un lugar bajo las carpas, para participar en la misa y recordar a sus seres queridos, mientras que otro tanto de familias entraban al panteón para dejar flores y oraciones a sus muertos.
“Recordemos que esta fiesta es una fiesta que se celebra en toda la iglesia universal. ¿Qué significado podrá tener esta celebración, sobre todo para quienes ya dejaron este mundo?.
Es mucho, porque esta práctica de celebrar a los muertos se viene haciendo desde siglos antiquísimos, desde las primeras comunidades cristianas”, afirmó el sacerdote de la Parroquia de Nuestra Señora del Refugio.
En este panteón particular, las familias llegaron en coche, algunas cargaron con sombrillas y sillas portátiles para hacer más cómoda su estancia frente a las tumbas impecables y relucientes de sus familiares o amigos.
Las flores no faltaron y las oraciones tampoco, en medio de extensas filas de altos pinos que adornan el cementerio ubicado a la altura del kilómetro 10 de la Carrera Nacional.
Bajo un sol resplandeciente, el coro de Nuestra Señora del Refugio acompañó la misa entre los acordes de guitarras y, al final, los creyentes se dispersaron para reunirse, unos, con sus familiares que ya no están, y otros, para encaminarse hacia la salida que a ratos sufrió congestión vehicular.







