Estupidez peligrosa




05/09/2016
Lo peor de la estupidez es su insistencia, escribe John Peers en ‚??1,001 Logical Laws‚?Ě. La estupidez omnipresente, constante, casi predecible del presidente Pe√Īa Nieto en los √ļltimos tiempos. Alguien que hace dos a√Īos no pod√≠a hacer nada mal, y ahora no parece hacer nada bien. Arrinconado y acorralado en Los Pinos, rodeado de asesores que lo adulan o lo mal aconsejan, con dos largos a√Īos por delante, con poco qu√© decir o mostrar o defender o empujar. Convertido en el hazmerre√≠r del mundo y de su pa√≠s por no comprender las implicaciones de las decisiones que toma. Convertido en el tapete de Donald Trump y en el enemigo de Hillary Clinton al ser el art√≠fice de la ‚??humillaci√≥n a domicilio‚?Ě.

Humillaci√≥n reiterada a cada paso, en cada momento. Presente cuando Donald Trump anuncia en la conferencia de prensa conjunta que el muro se construir√° y Pe√Īa Nieto se queda pasmado. Presente cuando el Presidente tuitea que M√©xico no pagar√° el muro y que en privado √©l insisti√≥ en ello. Presente cuando s√≥lo seis horas despu√©s de decir que es amigo de los mexicanos, Trump los acuchilla en Arizona con su propuesta migratoria. Presente en el Cuarto Informe cuando el primer mandatario menciona lo bueno de su gobierno y luego el equipo de investigaci√≥n vinculado a ‚??Animal Pol√≠tico‚?Ě lo desmiente. Helo all√≠ en esas cuatro instancias. Sin respuesta. Sin contundencia. Pusil√°nime. Perdido.

Como sentenci√≥ la revista Slate, quiz√°s el problema es que alguien con 23 por ciento de aprobaci√≥n no sabe lo que est√° haciendo. Todo lo indica, todo lo constata, ya no hay pol√≠tica p√ļblica sino improvisaci√≥n. Ya no hay diplomacia sino ocurrencias. Ya no hay un jefe de Estado sentado en la silla del √°guila sino un personaje demasiado peque√Īo para ocuparla. Y r√≠os de tinta han corrido para explicar qu√© estaba pensando, qui√©n lo asesor√≥, por qu√© decidi√≥ tomar los riesgos que est√°n acabando con su Presidencia. La arrogancia, quiz√°s. El aislamiento, probablemente. La desesperaci√≥n, sin duda. Pero los resultados est√°n a la vista, en los titulares at√≥nitos de la prensa internacional, en el desd√©n que el equipo de Hillary Clinton siente hacia el gobierno mexicano, en la perplejidad compartida en los c√≠rculos diplom√°ticos a nivel mundial.

El Presidente que invita al ‚??bully‚?Ě a la casa y se coloca voluntariamente como su bolero. El jefe de Estado que en lugar de defender a M√©xico termina mancillando a√ļn m√°s su reputaci√≥n. Porque no logr√≥ un solo beneficio para s√≠ mismo o para el pa√≠s que gobierna. Si quer√≠a usar a Donald Trump para proyectarse como un estadista capaz de dialogar, fracas√≥. Si buscaba cambiar la narrativa y la conversaci√≥n sobre su gobierno, fracas√≥. Si intentaba limpiar su imagen, fracas√≥. Si pens√≥ que pod√≠a ponerle un alto a la xenofobia de Trump y convencerlo sobre la inviabilidad del muro, fracas√≥. En lugar de usar, fue usado. En vez de crecer, se encogi√≥. Con el da√Īo colateral a la relaci√≥n bilateral, a la credibilidad de la Canciller√≠a, a la dignidad de los mexicanos y su posici√≥n en el mundo.

Por ello se gesta un movimiento ciudadano de rechazo, de indignaci√≥n. Por ello empieza la exigencia de renuncia, basada en el art√≠culo 84 de la Constituci√≥n, que indica lo que podr√≠a pasar. Que Pe√Īa Nieto dejara la Presidencia dado que no sabe qu√© hacer con ella. Que el Congreso tuviera 60 d√≠as para nombrar a un Presidente sustituto, votado por dos terceras partes de ambas c√°maras. Que -en toda probabilidad- Miguel √Āngel Osorio Chong ocupara la Presidencia, y ya no podr√≠a contender por ella en 2018.

Y habr√° quienes argumenten que algo tan dr√°stico pondr√≠a en jaque la estabilidad del pa√≠s. Habr√° quienes insistan que algo tan dram√°tico conducir√≠a al caos y eso deber√≠a ser evitado a toda costa. Pero ¬Ņqu√© ser√≠a peor? ¬ŅLa salida de Pe√Īa Nieto o su permanencia? ¬ŅLa incertidumbre por venir o la certidumbre reiterada de lo que ya estamos padeciendo? Un Presidente incapaz de gobernar sin tener que pedir perd√≥n cada semana.

En distintas latitudes, presidentes han ca√≠do por fallas mucho menos impactantes, por errores mucho menos graves. Aqu√≠ seguimos tolerando la excepcionalidad. La corrupci√≥n excepcional. La incompetencia excepcional. La estupidez engolada. Tiempo entonces de recordar las palabras de Woodrow Wilson: ‚??En asuntos p√ļblicos, la estupidez es m√°s peligrosa que la bellaquer√≠a‚?Ě.