Segunda Guerra Mundial lo deja marcado de por vida (ESPECIAL)


Para John Valls el haber matado a gente, es algo que su mente aún no logra superar con todo y que es considerado héroe de esa época; asegura que su mente sigue en Alemania



10/11/2013
LAREDO, TX.- Los 20 años los cumplió en batalla... en la Segunda Guerra Mundial que lo dejó marcado de por vida y ahora que está por cumplir los 89, las heridas siguen abiertas... no tienen cura.

Y es que John Valls se arrepiente de haber matado gente, algo que su mente aún no puede superar, pese a que transcurrieron 69 años desde aquel 1944 en que durante nueve meses pensó que cada día era el último de su vida.

Hoy se le ve sano, físicamente entero, camina erguido, a paso lento, pero con una gran seguridad? de corbata y saco recibe el reconocimiento de la gente y el aplauso de quienes saben que es uno de los veteranos de guerra de mayor edad en Laredo.

Pero su mente no está aquí? sigue en Alemania, a donde lo mandó el gobierno de Estados Unidos cuando tenía 18 y que todavía no salía de Secundaria, donde aún le faltaba un año de deportes.

??Me reclutaron para el Ejército, fui a San Antonio donde tomé un examen para piloto, pero para serlo era necesario dos años de colegio, así que me mandaron a una escuela de Wisconsin, donde simplemente me desecharon y me enviaron a Infantería?, explicó con una gran agilidad mental.

De ahí, lo mandaron a Reno, Nevada, donde era entrenado para cumplir con su primera misión en África, pero de pronto la situación cambió y el joven militar laredense, hijo de catalanes, abordó un avión con rumbo a Carolina del Norte y Boston, para después en barco navegar hasta Southampton, Inglaterra.

Era 1943? el conflicto en Europa era mayúsculo por la Segunda Guerra Mundial y él estaba ahí.

??Yo era un muchacho? de los 14 días en barco, 13 no comí por mareos, pero al final me entrenaron tres meses en Inglaterra y me enviaron a la guerra en Le-Hard, Francia?, rememoró, mientras con sus manos hojeaba una carpeta que incluye todas sus hazañas, convertidas ahora en malos recuerdos.

Era la primera de sus 31 batallas. La misión: tomar en Alemania el control del Puente Ludendorff. La captura sería un acontecimiento importante de la SGM en Europa occidental porque era el único paso aún en pie sobre el río Rhin desde el oeste hacia el corazón de la Alemania Nazi.

Dado que se trataba de un puente del ferrocarril, también fue lo suficientemente fuerte para que el Ejército de Estados Unidos cruzara con tanques y piezas de artillería pesada y camiones llenos de suministros militares.

??Pero era el punto de mayor resistencia y es ahí donde tengo mis principales recuerdos, como esa vez que cruzando el río Rhin iba con un soldado enfrente de mí, un tanque se cayó y a él lo cortaron a la mitad, y a mí me cayó todo el corazón y las vísceras; yo estaba lleno de sangre y me decían desesperados: ??te pegaron, te pegaron??? pero no era yo? era el soldado?, dijo.

Valls, quien tiene cinco hijos, nietos y hasta bisnietos, platicó con orgullo que fue el primer soldado en cruzar el puente Ludendorff, logrando el objetivo, pero sin terminar la misión, ya que en esa región se libraron cruentas batallas.

Precisamente ahí cumplió los 20 años? era el 9 de diciembre de 1944 y estaba por llegar la Navidad.

??Aquello eran pleitos de verdad, y en Alemania se llegó el 25 de diciembre y nos dijeron nuestros superiores que los católicos podíamos ir a rezar y a la mesa y en ese momento resultó que por conveniencia todos éramos católicos.

???ramos 10 mil en batalla, sentíamos al Padre muy lejos?, expresó.

??Y MAT? A MUCHOS??

En esos días se topó a un rival alemán de frente, tal vez menos de 18 años, quien se puso más nervioso que John Valls.

??Me puse frío, no lo pude matar y cuando se lo entregué al sargento le dije: ??no lo pude matar?? y él me contestó que no había problema, que pronto lo haría? y así fue.

??Y maté a muchos, soy católico, no debí matar... desde entonces la conciencia no me acepta eso, a veces lloro y mi mente no lo acepta?, decía sollozando, se quitó los anteojos bifocales, sacó el pañuelo de su saco, esperó un poco en silencio mirando hacia abajo y continuó.

??Tengo sueños todavía, sueño que vamos a un entierro y voy con ellos, pero me van a enterrar a mí, hacen en el pozo, me ponen en el pozo, me comienzan a tirar tierra, y les digo no, no, no estoy muerto y de pronto despierto sudando y tengo que ir a bañarme?.

Visitó a tres psiquiatras y lo me ponen en la misma situación, lo hacen llorar? ya no quiere ir.

??Dicen que me pueden curar, pero de esto no hay cura, eso pasó hace 67 años y todavía no hay cura y no la habrá?, agregó.

¿Se siente culpable?

??No me siento, soy culpable, aunque lo que me ayuda es que yo no decidí ir, me llevaron y no sé cómo pude vivir, nada más me hirieron en el brazo y en la pierna?.

¿Hubiera sido mejor morir en batalla?

??Yo quería, al último rezábamos porque ya se acabara esa ??chingada guerra??, y le decía a Dios mátame, mátame, mátame, ya estoy listo, ya estoy cansado, cansado, no podía ver el fondo de la guerra?.

Y cuando le avisaron del final de la guerra, ya no tenía ni ánimos de festejar, simplemente lo aceptó con tranquilidad.

CUATRO D?CADAS SIN RECUERDOS

Después de la guerra Valls regresó a Estados Unidos, donde por 40 años no se podía acordar de los detalles que ahora narra, y todos sus amigos estaban en la misma situación.

Llegó de 18 al ejército y salió de 20 años, casi tres años en acción o bajo presión que lo hicieron pensar como adulto antes de serlo, aunque su interior se resistía a crecer y volvió a competir en los deportes, pero ahora en el equipo del ejército cuando fue comisionado a Nueva Jersey.

??Me retiré del ejercito el 28 de febrero de 1946, se había acabado recién la Segunda Guerra Mundial, fueron años en los que recibí la Estrella de Bronce y dos Medallas Presidenciales por valentía?, expresó.

A veces siente que lo que dice todo soldado siente en la guerra?frío, hambre y miedo, pero miedo de verdad, de ese que al despertar por la mañana hace pensar que ese día le va a tocar.

??Y pensaba así, porque de los 22 que fuimos en ese grupo, sólo regresamos dos? los otros 20 son los héroes, nosotros no y estamos sufriendo los problemas mentales más terribles como el arrepentimiento?, dijo.

Y eso, mencionó, no se cura con el cheque de 3 mil dólares que cada día 1 le deposita el Ejército de Estados Unidos bajo el concepto de ??Estrés Post Traumático?

??Entre muchos malos sueños de vez en cuando tengo uno agradable, que voy en un gran barco disfrutando?, expresó Valls, un veterano muy reconocido en Laredo, con muchos amigos que saben su historia y gran cantidad de conocidos que ahora la conocerán porque le nació del alma contarla.

Tras despedirse de su amiga Millie Slaugther, con su 1.90 de estatura John Valls se despide y camina hacia su auto? que, cosas de la vida? es un auto de manufactura alemana.

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