Le dan al alma calidez con café


En Nuevo Laredo hay dos lugares en donde se puede dejar 'un café pendiente' que llegará a manos de los necesitados


María Laura y George encabezan el programa “Café Pendiente”.
Jorge Vargas | 10/01/2017

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El lugar es pequeñísimo, apenas hay unas cuantas mesas, un pequeño mostrador y una pequeña cocina, pero al entrar se siente como llegar a casa, tal vez porque el lugar huele como la casa a la hora de comida o tal vez porque su joven dueña tiene un corazón enorme, como el de una bondadosa madre.

María Laura es muy joven, de mediana estatura, de piel aperlada, de fácil sonrisa, de ojos que bailan al ritmo de la timidez. Su delgado cuerpo apenas puede albergar ese corazón que late al ritmo de la bondad, de su forma de compartir, de su forma de soñar, de hacer lo correcto.

Junto con su esposo, George, María Laura emprendió un pequeño gran proyecto que toca el alma de quienes participan. En su pequeño restaurante-panadería artesanal, puso en marcha “Café Pendiente”.

Sí, como en Europa los clientes pueden dejar pagado un café y cuando alguien necesitado llega, se lo entregan completamente gratis.

Pero eso no es todo. Si nadie necesitado llega, María Laura, George y algunos miembros de su pequeña plantilla de trabajadores recorren plazas y parques en busca de aquellos que menos tienen.

Pero el corazón de Laura es demasiado grande para conformarse con repartir café caliente. Todo el pan que queda de su panadería artesanal lo reparten entre los vagabundos, los que viven en las calles.

“El año pasado unos clientes nos comentaron de porqué no le entrábamos al proyecto y decidimos hacerlo”, cuenta María Laura.

Este es ya un movimiento mundial que nació en Nápoles, Italia.

“La gente no tenía trabajo, había desempleo y pobreza, entonces los clientes comenzaron a dejar pagados los cafés para quien más lo necesitara.

“Quiero dejar pagado un café o un jugo para ayudar a los necesitados”, decían los clientes de Nápoles.

Pronto, el movimiento migró a las grandes ciudades de Italia y más tarde a las de Europa. Era común que la gente dejara en París, Londres, Roma o cualquier ciudad europea un café para los más necesitados.

“Es ya una organización formal a nivel mundial. Tiene una página en internet que se llama www.cafependiente.org.mx”, explica María Laura.

A diario, los clientes patrocinan más de una veintena de cafés, que casi siempre van acompañados de un pan o alguno de los alimentos elaborados en “Sabor a Cielo”, de Juárez y Bolívar.

“Ahorita llevamos unos 26 cafés”, dijo mientras señalaba un pizarrón en donde se pegan pequeños papelitos de color rosado con la lista de los cafés que han sido pagados por los clientes.

El corazón de María Laura es tan grande, que ya piensa en repartir también una bolsa con un sándwich, una botella de agua y tal vez galletas.

“También quisiéramos repartir más adelante cobijas o comida”, confiesa.

Hacer que María Laura hable de sus proyectos es difícil. No es una persona que le guste presumir lo que hace por los demás.

Cuando se le pregunta porqué, se encoge de hombros.

“Hay que ser solidarios, compartir lo que tenemos. Yo no creo en el egoísmo”, dice mientras mueve nerviosa ambas manos.

En la página de Facebook, “Sabor a Cielo” se promueve la campaña que apenas comienza en Nuevo Laredo.

“Creo que Sportortas también lo tiene, pero ellos traen ‘La Torta Pendiente’, creo”, cuenta María Laura.

Lo mejor de todo es que ahora María Laura y George tienen un atractivo doble para ir a visitarlos: El pan y su comida y el proyecto “Café Pendiente”.

Clientes, como Aidé, se han entusiasmado muchísimo con el proyecto.

Por ejemplo, el viernes que Aidé fue a recoger su Rosca de Reyes que ordenó con tiempo, dejó pagados tres cafés y con eso, por la tarde, ya eran casi 30 los que estaban “pendientes”.

“Es la primera vez que vengo a la panadería. Vi la campaña en su página de Facebook”, confiesa Aidé, una jovencita de sonrisa juguetona.

“Es una muy bonita forma de aliarnos por la gente que menos tiene”, dice.

Por ahora son los clientes habituales quienes ayudan a financiar esta campaña que cada día toma más fuerza alrededor del mundo.

“Espero que nos ayuden, que otros (restaurantes) se unan a la campaña”, dice María Laura, la joven delgada, de piel aperlada, de fácil sonrisa, de ojos que bailan al ritmo de la timidez, pero que tiene un corazón enorme que apenas cabe en su delgado cuerpo.

¿Le ayudamos?




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