Leo la historia y saco consecuencias




30/01/2017
Escuchando a Vivaldi y a Javier Sol√≠s con ‚??Luz de Luna‚?? y vienen los recuerdos

La historia y lo vivido es lo que nos marca, la verdadera historia

Luis Echeverr√≠a √Ālvarez, secuestrado en su casa, el ej√©rcito y la marina, sus ‚??guardianes‚??

Con la idea y el entusiasmo por mi casa, compr√© una casa en San Miguel de Allende, junto con mi cu√Īado y mi hermana, despu√©s de estar a√Īos recluidos en Monterrey, M√©xico y en San Antonio sin ning√ļn diagn√≥stico seguro, pero ya estoy mejor gracias a Dios.

En San Miguel de Allende ya recuperada en casa, fui a M√©xico con mis amigos el licenciado Fausto Cant√ļ y Cela que cumpl√≠an 50 a√Īos de matrimonio; acud√≠ gustosa a ver a mis hermanos.

Concert√© cita con Luis Echeverr√≠a para saludarlo, amigo de muchos a√Īos, y me informan que estaba enfermo; me contact√© con el Lic. Tamayo inseparable amigo del Lic. Echeverr√≠a y as√≠ fue como pude introducirme por la puerta trasera a sus aposentos. Vi a Luis en la estancia y escuch√© con firme voz mi nombre, Ninfa, yo respond√≠ ‚??Luis, mi siempre bien amado y no bien ponderado presidente‚?? y me dirig√≠ a su camastro donde yace cubierto con una frazada mexicana.

Conoc√≠ a Luis Echeverr√≠a como reportera trabajando en M√©xico para cubrir la informaci√≥n; yo era joven y lo admiro desde entonces por su fuerte visi√≥n que observa como si aspirara ese amor por M√©xico que nunca hab√≠a visto en ning√ļn pol√≠tico, sus grandes manos, im√°genes que yo recorr√≠a mentalmente desde las im√°genes de nuestros ind√≠genas, pensaba que son s√≥lo imaginaciones m√≠as, pero no s√© si fue una conexi√≥n mental c√≥smica o la luna que p√°lida sal√≠a en el horizonte.

Y esa imagen del indio en el z√≥calo, en caballo, con sus flechas armadas, listo para la pelea; me asust√© de este mensaje tan claro, pero lo juzgu√© absurdo y no escrib√≠ sobre este interesante sue√Īo, quiz√° producto de mi percepci√≥n que tantas veces me habla, pero que finjo demencia quiz√° por temor.

Estaban los ánimos caldeados, pensé que fue lo del presidente Gustavo Díaz Ordaz, que su solo nombre nos trae la matanza del 68; al final del día nadie desde el Hotel Rivera la información muy objetiva del acontecimiento.

Era temprano en la noche y nos fuimos al restaurante enseguida del ‚??Exc√©lsior‚?Ě, donde vimos a Julio Scherer con un grupo de editorialistas y Paco Fe, mi gran amigo, nos sentamos con ellos a comentar las noticias. Julio y todos coincidimos en que la mejor parte de su discurso fue cuando habl√≥ con pasi√≥n de un M√©xico libre de intervenciones extranjeras y con igual √°nimo habl√≥ de un M√©xico olvidado, de lo indignos que eran los verdaderos due√Īos de la tierra mexicana y que compart√≠amos con ellos.

Critic√≥ con voz fuerte las cadenas de esclavitud que encadenaban a los miserables que por un pedazo de pan los explot√°bamos malos mestizos mexicanos que se enriquec√≠an a costa de estas tan graves injusticias y apuntaba con √≠ndice de fuego a EE.UU. por proteger y fomentar este sistema feroz del capitalismo que nos ven√≠an a exprimir a nuestro pa√≠s. Creo que esto √ļltimo fue comentado a Julio, quien platic√≥ en √©l. Yo estaba embelezada escuchando todo, admiraba a Julio Scherer y lo consideraba un gran maestro.

Simpatizamos y nos hicimos amigos junto con Paco, su esposa Lya y la agradable e inteligente esposa de Julio. Juntos com√≠amos en casa de Rojas y con largas pl√°ticas de pol√≠tica. En una ocasi√≥n le platiqu√© la experiencia que anteriormente hab√≠a tenido, la percepci√≥n que cont√© sobre las manos del presidente y la visualizaci√≥n de los indios; me dijo con voz tierna ‚??jam√°s Ninfa te vayas a involucrar con un pol√≠tico, menos con el presidente de M√©xico‚?Ě. Asent√≠ atenta el consejo del maestro.

Su servidora Ninfa viajaba de Reynosa, Laredo y México constantemente por ser parte de mi trabajo, me hospedaba en casa de Paco y Lya pues me ofrecían una limpia recámara y allí pasaba horas alegres con Lya y sus hijos charlando amenamente, y todos los días salía a trabajar cubriendo Presidencia.

En ocasiones lo retiraba de la multitud tom√°ndole del brazo para informarle de la situaci√≥n tan grave para M√©xico, donde un grupito de gente mexicanos y americanos robaban a Pemex vendi√©ndole equipo al triple del precio, esto se lo inform√© tray√©ndole toda la informaci√≥n del peri√≥dico ‚??El Ma√Īana‚?Ě de Reynosa, donde se realizaba el gran fraude.

Julio Scherer y yo convenimos en publicar los dos peri√≥dicos el mismo d√≠a que Echeverr√≠a encarcelaba a Crisanto Ram√≠rez en Reynosa. Junto con otros viv√≠a en McAllen y all√≠ en alg√ļn lugar se quedaron.

Mi hermano Heriberto y los reporteros de Reynosa festejamos el gran tiempo de tal reportaje, en Nuevo Laredo est√°bamos de pl√°cemes. ‚??El Ma√Īana‚?Ě de Nuevo Laredo, el peri√≥dico fundador, se anotaba un gran √©xito como los que nos hab√≠amos estrenado y publicado con todos los elementos de investigaci√≥n como nos ense√Ī√≥ nuestro padre el fundador Don Heriberto De√°ndar Amador.

Por su parte Julio Scherer, Paco Fe y yo festejamos en México el excelente informe, gracias también a la directa intervención del presidente Echeverría, si no ya sabemos que en México no pasa nada. Instaron a muchos medios en México a desprestigiarnos.

Poco despu√©s estando yo en el peri√≥dico en Nuevo Laredo me hablaron, que era urgente, que regresara a Reynosa porque hab√≠a pasado un incidente, regres√© de inmediato y mi hija mayor Ninfa me abraz√≥ dici√©ndome que era un ‚??accidente‚?Ě, que el ni√Īo de Luis Jorge, de a√Īo y medio, se hab√≠a ahogado, pregunt√© que la muchacha que lo cuidaba d√≥nde estaba y perd√≠ el conocimiento.

En esa época también develábamos los crímenes del narcotráfico y cómo las autoridades estaban en contubernio.

Pasan los a√Īos y entra L√≥pez Portillo a la Presidencia, ‚??hombre‚?Ě fr√≠volo, mujeriego y traidor, a su mejor amigo lo traicion√≥. Se llev√≥ a Los Pinos a Rosa Luz Alegr√≠a con esplendorosos abrigos de piel de mink por todos lados y enjoyada -contaba Mauricio Gonz√°lez de la Garza-, llegaba bellamente arreglada a cenas que le ofrec√≠an, mientras el hijo de Luis Echeverr√≠a y do√Īa Esther Zuno de Echeverr√≠a sepultaban a su hijo fallecido ahogado en la alberca de su casa.

Después, el caos total en México con la entrada de los tecnócratas, Miguel de la Madrid y el nefasto gobierno de Carlos Salinas de Gortari.

Por mi parte dejé de cubrir México pues me asqueaba tanta hipocresía y faramalla, esos sexenios me dediqué al periódico de Nuevo Laredo desenmascarando los enjuagues de políticos y funcionarios sólo por dinero y poder.

Las amenazas y la guerra estaban en toda su fuerza, el mal gobierno de Mauricio Gonz√°lez de la Garza me invit√≥ a una comida en su casa, claro que fui, pero me enter√© que iba ir el presidente Salinas a saludar a Mauricio, pero yo ya estaba all√≠; todos los recibimos parados cuando entran √©l, su esposa y su s√©quito de servidores; Luis Donaldo Colosio no estaba y no lleg√≥; yo sentada observo las caravanas y besamanos, cosa que siempre detest√©; me pregunta el presidente Salinas ‚??t√ļ, Ninfa, ¬Ņpor qu√© no me saludas?‚?Ě, de inmediato le contesto, ‚??porque no creo en el presidencialismo se√Īor presidente, mas me levant√© a saludar a su esposa‚?Ě.

Me retiré temprano disculpándome, al salir, ya en el hotel, me comuniqué con Colosio y me invitó a comer al día siguiente. Acepté.

Fue a la comida all√° cerca del hotel; despu√©s de saludarnos y platicar le entregu√© unos documentos de petici√≥n que una colonia de la periferia me hab√≠a entregado; nos despedimos y me pidi√≥ que fuera a su oficina de Sedesol para ultimar detalles y concederme una peque√Īa entrevista que le solicit√©.

El d√≠a que fui a su oficina de Sedesol de repente guard√© silencio y alc√© la mirada al techo de la habitaci√≥n y con voz baja le dije sin mirarlo ‚??Luis Donaldo, te van a matar, igual que hicieron con mi hijo Luisito y es el sistema‚?Ě; volv√≠ en s√≠ y lo vi blanco como el color de su camisa y poco despu√©s respondi√≥ ‚??Ninfa, si me matan salven ustedes a M√©xico, resc√°tenlo de tanta perversi√≥n‚?Ě.

Asent√≠ y nos despedimos con cari√Īo, pero con cierta tristeza por la deplorable circunstancia del pa√≠s. Mand√© saludos a su esposa Ana Laura y sal√≠ triste, sintiendo un gran vac√≠o en mi coraz√≥n, pero analic√© que no coincid√≠an sus ideas para M√©xico con las de Carlos Salinas, y Colosio las expon√≠a casi espont√°neamente y se estruj√≥ mi cuerpo y mi coraz√≥n. Hubiera sido un excelente presidente, pero creo que el compromiso de la entrega del petr√≥leo ya estaba con EU.

As√≠ volv√≠ a la revista Proceso con Julio mi compadre y se lo cont√©; es as√≠ que aqu√≠ nos encontramos ante la amenaza del actual presidente de EU, Mr. Trump. Con mi impotencia y porque ya s√© que si lo publica un peri√≥dico de provincia no es suficiente, y con la esperanza con que gritaba con el pueblo para darle fortaleza y √°nimo de lucha por M√©xico Carlos Cant√ļ Rosas (el viejo, qepd), nos pusimos de acuerdo para dar la pelea pero con gente atr√°s que deb√≠amos convencer, hicimos buena campa√Īa recorriendo las calles de Nuevo Laredo y las colonias m√°s apartadas, desfiles donde mi hijo Heriberto con su caballo llevaba el L√°baro Patrio y Ram√≥n en su motocicleta a muchachas que gritaban con entusiasmo.

Carlos y yo en una carreta con flores, con Claudette, la esposa de Carlos y sus hijos y amigos, la gente salía de sus casa y aplaudía; había otros muchachos enviados, creo yo, por Tomás Yarrington, Cavazos y por supuesto, Salinas.

Para mi queda claro qui√©nes eran los grandes responsables de nuestra desgracia, tambi√©n conclu√≠ que a Colosio lo ten√≠an muy bien ubicado y por eso es que lo mataron; y Echeverr√≠a tambi√©n lo ten√≠a claro, por desgracia creo que lo tiene enclaustrado en su propia casa y Carlos Salinas, yo pregunto, ¬Ņd√≥nde est√°?, ¬Ņpor qu√© no da la cara?

Yo extra√Īo a mis amigos y a don Luis Echeverr√≠a; recuerdo que en alguna ocasi√≥n me platic√≥ que √©l vivi√≥ en Nuevo Laredo y fue a la escuela amarilla, y que en el desayuno ve√≠a a su pap√° leyendo El Ma√Īana de mi padre, y diciendo constantemente qu√© hombre tan valiente de esos a√Īos en este peri√≥dico, Heriberto De√°ndar Amador, y le dec√≠a a su joven hijo Luis Echeverr√≠a, titulares temerarios, es un patriota, le comentaba al que a√Īos despu√©s fue presidente de M√©xico, tambi√©n un gran patriota y amador de su pueblo.

Triste pero apasionante historia de tres grandes:

Don Luis Echeverr√≠a √Ālvarez

Heriberto De√°ndar Amador, modesto periodista provinciano y

Don Luis Donaldo Colosio, que le costó su vida ser realmente un gran mexicano.

Espero en la vida que estas vidas no sean en balde y sigamos con valor el gran ejemplo de estos heroicos mexicanos y tengamos el valor de aniquilar la corrupción, las dictaduras que nos impondrá Trump desde EU y sé que el pueblo mexicano es valiente y no se vence.

Desde San Miguel de Allende, cuna de libertadores, y Nuevo Laredo, templo y puerta de México donde Luis Echeverría dejó un vivo recuerdo en el puente Juárez-Lincoln y el Tecnológico, y el caballito con Simón Bolivar el libertador mirando hacia México.

Que el arc√°ngel San Miguel, Dios y la Virgen de Guadalupe nos protejan de estos demonios terr√≠colas o ¬Ņde d√≥nde salieron?