La renuncia de Cervantes y las opciones de Peña



| 17/10/2017

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¿Qué decir de la renuncia de Raúl Cervantes como procurador general de la República?

Primero, era insostenible la idea del pase directo de Cervantes de procurador a primer fiscal autónomo por un periodo de nueve años. Quizá el PRI hubiera conseguido los votos en el Senado (se requería una mayoría simple para dicho pase directo). Pero, por su cercanía con el presidente Peña y su conocida militancia priista, Cervantes llegaría con un déficit de credibilidad y legitimidad a construir una institución tan importante como será la nueva Fiscalía General de la República. No le convenía ni a él ni a la institución. En este sentido, hizo bien en renunciar a la PGR en un ejercicio de responsabilidad profesional. Se merece un aplauso.

Además, aprovechó su salida para conminar a lo que quizá sea más importante: que el Congreso haga su trabajo y apruebe las múltiples leyes que se requieren para que la nueva fiscalía cuente con los recursos materiales, financieros, humanos y legales necesarios para construir una institución que persiga los delitos federales. Como lo han dicho muchos expertos, este asunto va mucho más allá de quién sea el primer fiscal. Se trata, nada menos, de fundar una organización con la capacidad y autonomía para fortalecer el endeble estado de Derecho que tenemos en México.

Dejemos, pues, a un lado el tema de Cervantes quien, insisto, tomó una decisión digna de aplauso. Lo importante aquí es resolver de una vez por todas el desastre de la PGR actual. Y es que venimos de una tradición donde los gobiernos priistas utilizaron esta institución con fines políticos. A los aliados se les premiaba al no procesarlos por delitos cometidos. A los adversarios se les amenazaba con perseguirlos. En casos extremos, efectivamente los metían a la cárcel. Desgraciadamente, durante los 12 años que estuvieron en el poder, los panistas no hicieron nada para orientar la PGR hacia la procuración de justicia. Fue hasta este sexenio en que se dio el importantísimo cambio de sacar a la PGR de la subordinación del Presidente y convertirla en una fiscalía autónoma.

Todavía falta, sin embargo, lo más difícil: hacer realidad la transformación de la institución con el objetivo de perseguir criminales.

El problema, como dijo ayer mismo el Presidente, es que este tema se politizó y se convirtió en parte de la lucha electoral del 2018. Se ve muy difícil que los partidos dejen a un lado sus diferencias y se pongan de acuerdo para sacar las legislaciones pendientes y nombrar al primer fiscal autónomo. Quizá pueda hacerse lo primero. Lo segundo se ve francamente imposible. Por eso, Peña habló de retrasar esta decisión para después de la elección del año que entra.

Tiene todo el sentido del mundo para el Presidente. Si el PRI gana la elección presidencial de 2018, entre el mandatario saliente y entrante podrían ponerse de acuerdo sobre quién nombrar como primer fiscal. Peña lo podría poner como procurador y, de acuerdo a la ley vigente, éste podría tener el pase directo a ser primer fiscal autónomo con el apoyo de una mayoría simple en el Senado.

El actual Presidente podría llamar a un periodo extraordinario antes de que tome posesión la siguiente legislatura en septiembre de 2018. La alianza de priistas y verdes cuenta hoy con 61 senadores. Requerirían cuatro más para nombrar al procurador y darle el pase directo. No tendrían ningún problema en conseguir cuatro senadores opositores que ya van de salida.

La otra opción es que el PRI pierda la Presidencia. Si es así, Peña podría negociar con su sucesor la ficha de la fiscalía como parte de los múltiples acuerdos que siempre ocurren en el periodo de transición. El Presidente electo, desde luego, podría rehusarse a cooperar en este asunto, pero Peña llevaría las de ganar. De no cambiar el artículo constitucional transitorio que le da derecho al procurador en funciones de convertirse en fiscal autónomo por una votación simple del Senado, el Presidente actual, con los votos que tiene en la Cámara Alta, prácticamente puede dejar a quien más le convenga llamando a un periodo extraordinario.

La renuncia de Cervantes sin duda le abre opciones a Peña. El Presidente actual lleva las de ganar a menos que se cambie la Constitución, lo que está en chino en este momento. Pero lo importante de todo esto es desatorar los cambios legislativos que se requieren para tener una fiscalía auténticamente autónoma y capaz.

Ojalá esta coyuntura sirva para eso. Y es que la construcción de la institución es más relevante que el primer hombre o mujer que la dirija.

Twitter: @leozuckermann





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