Dedica 31 años al arte de la lente


El fotoperiodista vivió la evolución de las imágenes, él supo aprender y afrontar la modernidad; toda una historia de su trabajo queda grabada en las páginas de El Mañana


Alejandro Camacho trabajó por tres décadas en El Mañana y sus imágenes han ilustrado cientos de portadas de esta casa editora. FOTO: SANDRA JASSO / EL MAÑANA
SANDRA JASSO | 25/02/2018

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NUEVO LAREDO.- Si algo destaca a un fotoperiodista es su habilidad para captar justo en el momento preciso una imagen y esto fue lo que hizo Alejandro Camacho Jasso en esta casa editora por 31 años. Originario de Monterrey, N.L. nació un 11 de enero de 1952 y llega a esta ciudad fronteriza para trabajar por tres meses sin imaginar que su desarrollo profesional estaría lejos de su hogar.

De actitud siempre serena llegaba expresando “Buenos días, bueno, ahora son mejores”, refiriéndose a la presencia de alguien. Por su desempeño a lo largo de todo este tiempo nos deja mucho como compañero y amigo, un espacio difícil de ocupar.

Lo conocí en la década de los ochenta y por azar del destino llegué a El Mañana donde el señor Camacho ya se desempeñaba como jefe de fotógrafos y experto en el ramo y ejerciendo el periodismo blanco, la ética y honestidad fue su bandera, con la camiseta bien puesta.



Durante todo este tiempo su trabajo fue duro, ofreciendo trozos de verdad a través del ojo mecánico, pero su expresión verbal fue de gratitud siempre “Qué chulada de vida me ha dado Dios”, es una de sus frases que no se cansa de decir.

Su rutina era llegar a temprana hora, saborear una taza de café para después salir dispuesto con su cámara mecánica a la caza de las fotografías del día, moviendo con habilidad los anillos del lente para medir la luz exacta sin el uso del exposímetro, dispositivo integrado para medir la luz con y sin pila, sin un ajuste automático.

Vivió la evolución de la fotografía y forma parte de una generación que utilizó la película en blanco y negro de 35 milímetros, elaborarlas en la ampliadora con papel sensible en el proceso antigua hasta terminar los tres pasos fundamentales: toma, revelado e impresión.

Pero para él nada fue complicado. “Es como quitarle un dulce a un niño”, decía, supo aprender y afrontar la modernidad imperante, dejando atrás las máquinas de escribir mecánicas para utilizar las nuevas computadoras, para el señor Camacho nunca fue trabajo desempeñar sus tareas, todo lo contrario, lo disfrutaba.



Abarcó las diversas secciones. “A mí me da igual atrás que en ancas”, manifestó ante todos, desde las más duras como la policiaca hasta la local y deportiva, donde destacó como ninguno en la lucha libre, beisbol, golf, basquetbol y las corridas en las plazas de toros, espectáculos, cultura y moda, sin olvidar el paisaje.

Con pasos y explicaciones sencillas y naturales que los jóvenes escuchaban con atención. “A qué muchachos tan locos”, expresaba en más de una ocasión ante alguna ocurrencia de ellos durante la práctica o ya en el campo ante alguna insistencia, “cómo ponen gorro”, en plan de juego.

“De corazón, Camacho tiene dos dones: el primero el de la amistad y saber escuchar, es solidario con los amigos, siente cuando las cosas van mal, goza con ellos cuando están bien. Él no es amigo es parte de mi familia, ha visto crecer a mis hijos”, expresó Jaime Hernández, subdirector de La Tarde.

“El mágico sonido que expresa la cámara con su click click ha sido el mejor lenguaje de Camachito, nos ha enseñado que es muy importante el compañerismo, nos deja un legado que continuar: informar con imágenes, nos dices adiós, es tiempo de que el lente descanse y disfrutes de la vida”, manifestó el fotoreportero Juan de la Cruz.

“Ha sido el mejor de los compañeros de trabajo con ética profesional, después de la muerte de mi padre, se convirtió en apoyo para mi, sus consejos han sido y serán siempre valiosas para mí, un amigo que no se olvida, integrante de mi familia, lo quiero mucho y que Dios le conceda todos sus deseos”, se concretó a decir.



“La cuenta de los años que hemos vivido a través del trabajo ya la perdí, sus pláticas y anécdotas y mil aventuras juntos, no será fácil acostumbrarme a salir a reportear sin usted, no quiero que se vaya, lo llevo conmigo porque está en un lugar muy especial en mi corazón, luego de capturar por 31 años las escenas cotidianas, gracias por su paciencia y sus consejos”, manifestó la reportera Emma Treviño.

Las expresiones de los menores en su primer día de clase o una mujer deportada que cruza sola con sus pertenencias llorando, recorriendo toda la ciudad en auto, el río Bravo en lancha y fotografías aéreas en avioneta y helicóptero logrando imágenes de excelente calidad.

Alejandro Camacho termina su ciclo en esta empresa, después de jubilarse a los 64 años y siete meses, pero continuó en Editora Argos por un año y siete meses más, ahora está decidido.



“Ya me voy, porque aquí espantan”, aunque pienso que aún es muy chico para eso, como se denominó a sí mismo.

“El cuero es el que se arruga, me corrieron sin aceite, la edad no envejece, todavía estoy chavo y tengo el corazón grande”, es la jovialidad andando diría, porque para él la edad cronológica no cuenta. “Juventud llama juventud”, nos dijo siempre a todos, admirando la belleza femenina.

Sólo me resta decir al compañero, amigo, maestro y consejero que llegó a formar parte de la familia de muchos y la de una servidora a lo largo de estas tres décadas, se simplifica en gracias Señor Camacho por todo lo que nos compartió, un hombre bondadoso y sincero que supo escucharnos, un regio muy neolaredense.

“A mí por qué me van a correr si yo no hago nada?”, decía en la Redacción múltiples veces, pero en esta única vez se retira para siempre de su vida laboral en El Mañana, por decisión propia, echarse dos y la penúltima y celebrar, satisfecho de haber cumplido, agradecido con la familia Cantú Deándar de permitir por este medio de información su desempeño profesional.





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