Nico y Tino, empedernidos fumadores




16/05/2018


‚??Ac√ļsome, padre, de que tengo un amante‚?Ě. As√≠ le dijo Facilda Lasestas al padre Arsilio, el cura de la iglesia parroquial. Sin esperar a que el confesor dijera algo prosigui√≥ la mujer: ‚??Veo a mi amante una vez a la semana, la noche de los jueves, que es cuando mi marido se va a jugar al p√≥quer con sus amigos. Unas veces √©l viene a mi casa; otras voy a la suya yo; pero siempre nuestros encuentros son un torrente pasional de pasiones que me transporta al culmen de la delectaci√≥n er√≥tica. Empieza √©l por acariciarme todo el cuerpo con ardor; luego me cubre de encendidos besos‚?Ě. ‚??Basta, mujer -la interrumpi√≥ el buen sacerdote-. Esos pormenores no vienen al caso‚?Ě. ‚??Perm√≠tame hablarle de ellos, se√Īor cura -le rog√≥ Facilda-. No tengo a nadie m√°s a quien contarle esto‚?Ě... Don A√Īilio, maduro caballero, consigui√≥ al fin que Susiflor, linda muchacha, aceptara dar un paseo con √©l en su autom√≥vil. La llev√≥ por un camino solitario, y de pronto detuvo el veh√≠culo. ‚??Se le agot√≥ la bater√≠a al coche -le dijo a su bella acompa√Īante-. Esperemos un poco a ver si se repone‚?Ě. As√≠ diciendo pas√≥ el brazo sobre el hombro de la muchacha. Las cosas, sin embargo, no pasaron de ah√≠. Ella le dirigi√≥ una mirada de interrogaci√≥n. Y √©l dijo muy apenado: ‚??Parece que a m√≠ tambi√©n ya se me agot√≥ la bater√≠a‚?Ě... Dulcil√≠, muchacha ingenua y candorosa, se hallaba en estado de buena esperanza; quiero decir encinta, embarazada, gr√°vida. Su sorpresa fue grande, lo mismo que la de su familia y de los m√©dicos, cuando llegado el tiempo del alumbramiento dio a luz un sapito. ‚??¬ŅLo ves? -le record√≥ su mam√°-. Te dije que no era un pr√≠ncipe encantado‚?Ě. Himenia Camafr√≠a, madura se√Īorita soltera, se quejaba amargamente de los tiempos actuales. ‚??No puedes salir de noche -se quejaba- sin que te asalte un hombre. Y lo peor es que lo √ļnico que quiere es tu dinero‚?Ě... Los reci√©n casados entraron en la suite nupcial del hotel donde pasar√≠an su noche de bodas. Dijo el novio: ‚??¬°Al fin solos!‚?Ě. La novia dijo: ‚??¬°Al fin puedo quitarme los zapatos!‚?Ě. √?l descorch√≥ la botella de champ√°n que hab√≠a pedido. Ella fue al espejo a ver si no se le hab√≠a descompuesto el peinado. Despu√©s del brindis ‚??por nuestra eterna dicha‚?Ě ella dijo: ‚??¬°Lo que debe haberle costado la boda a mi pap√°!‚?Ě. Y dijo √©l: ‚??Ven a la cama, mi vida. Vamos a desquitar ese dinero‚?Ě... Nico y Tino eran empedernidos fumadores. Ten√≠an consciencia plena de los riesgos a que los expon√≠a el vicio de fumar, pero no se pod√≠an librar de √©l. En vano recurrieron a diversos m√©todos para dejar el cigarro. Lo dejaban, s√≠, a veces por perIodos hasta de media hora, pero volv√≠an a caer en la tentaci√≥n. Sucedi√≥ que Nico debi√≥ hacer un viaje. A su regreso Tino le anunci√≥, jubiloso, que por fin hab√≠a hallado una t√©cnica para dejar de fumar. ‚??Y yo mismo la invent√©‚?Ě -a√Īadi√≥ orgulloso. Pregunt√≥ Nico, interesado: ‚??¬ŅEn qu√© consiste el m√©todo?‚?Ě. Respondi√≥ Tino: ‚??Cada vez que siento el deseo de fumarme un cigarro, en vez de llev√°rmelo a la boca me lo inserto en el orificio posterior‚?Ě. Inquiri√≥, dudoso, Nico: ‚??Y eso ¬Ņte ha dado resultado?‚?Ě. ‚??Y muy bueno -asegur√≥ Tino-. Antes me insertaba hasta dos cajetillas diarias. Ahora me estoy insertando solamente una‚?Ě... La mujer de don Cornulio ten√≠a en el bajo vientre un lunar en forma de tr√©bol cerca de la regi√≥n llamada mons veneris. El se√Īor sinti√≥ un c√ļmulo de dudas cuando vio en la exposici√≥n del pintor Brocho, artista de la localidad, el retrato de una mujer desnuda que mostraba un lunar igual que el de su esposa, y en el mismo sitio. Le pregunt√≥, ce√Īudo, a la mujer: ‚??¬ŅPosaste sin ropa para que ese hombre hiciera su cuadro?‚?Ě. ‚??Te juro que no pos√© -replic√≥ ella-. Debe haberlo pintado de memoria‚?Ě... FIN.