Mirador



| 23/06/2018

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Llueve por unanimidad en el Potrero de Ábrego.

Para el hombre de campo Dios se llama lluvia.

Si llueve hay vida. En tiempos de seca, cuando el calor quema como lumbre y el polvo de la tierra forma altos remolinos, la gente dice que anda suelto el diablo.

Ni quién se acuerde ahora de eso.

Ha llovido estos días como pocos días.

Las flores de los jardines son más flores, y los pinos cambiaron su atavío gris por otro verde claro. En la casa el agua de las gárgolas sale cristalina, y canta una canción que ya teníamos olvidada.

“Cada gota es un centavito, licenciado”, me dice don Abundio mientras vemos caer la lluvia en el huerto de los manzanos y los durazneros.

Yo miro el agua del cielo bautizar la tierra y pienso que de ese santo sacramento saldrá el pan para los hombres y el forraje para los animales. La seca se va cuando la lluvia llega, y se va el diablo cuando llega la bendición de Dios.

¡Hasta mañana!...





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