God Save the Queen


Félix Cortés Camarillo


| 12/07/2018

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God Save the Queen send her victorious

happy and glorious long to reign over us. God Save the Queen.

Himno Nacional de la Gran Bretaña.

El pasado fin de semana, el niño Luis, hijo de Catalina y William, fue bautizado en una ceremonia casi íntima en la capilla real del palacio de Saint James, en Londres. Ofició la ceremonia Justin Welby, arzobispo de Canterbury. No más de tres docenas de

asistentes, guaruras inclusive.

Todo eso no sería noticia si no fuera porque el jovencito Luis es el quinto en la línea de sucesión de la corona del Imperio de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. A mayor abundamiento, Luisito es nieto de la casquivana y célebre princesa Diana, trágicamente muerta en el puente de Alma que Ionesco inmortalizó para los que adoramos el teatro, y del no menos disoluto Carlos, quien asistió a la ceremonia acompañado de su esposa, la duquesa de Cornwall, Camila, muy poco agraciada de belleza, por cierto.

Lo importante es la ausencia de la bisabuela del incorporado a las huestes del Señor, ahora Luis. Su bisabuela es la reina Isabel II; tampoco estuvo su esposo, el griego de nacencia que tiene el título de Duque de Edimburgo.

Hagamos un aparte. En el servicio de televisión restringida —eso quiere decir que hay que pagar— hay una serie magnífica sobre esta reina que se llama The Crown, en la que John Lithgow hace una estupenda interpretación de Winston Churchill.

La reina Isabel II, Elizabeth Regina, es indudablemente la que mejor representa la realeza europea, que aún subsiste. Es la más antigua —yo optaría por el término rancia— representante de las casas reinantes que están viviendo su ocaso histórico. Isabel tiene 92 años de edad, setenta de ellos en el poder, el cual se ha ido disminuyendo en extensión y en importancia.

La ausencia de la reina Isabel II y del Duque de Edimburgo en el acto familiar fue anunciada de manera escueta por la casa real, alegando cuestiones de agenda y dejando en claro que no se debía a cuestiones de salud de ambos personajes. Efectivamente, el martes la reina estuvo en la celebración del centenario de la Real Fuerza Aérea (RAF) y recibirá al señor Trump en cuestión de minutos u horas.

A pesar de los comunicados de Windsor, Isabel está a punto de morir. Lo está a tal grado que hay una comisión que en Londres está trabajando desde hace tres semanas en el diseño de todo el proceso de la muerte de la reina. Desde cómo darlo a conocer y cuándo, hasta los funerales y, desde luego, la ceremonia de sucesión que finalmente beneficiará a Carlos, el abuelo de Luisito.

A final de cuentas, la muerte de la reina Isabel vendrá a significar el reconocimiento de que la monarquía ya no es viable. Ni defendible ni digna, ni siquiera bonita, como en las películas en technicolor. España tiene un rey casado con una señora que antes estuvo casada y vivió la vida de una joven de nuestro tiempo. En otras monarquías hay una bella argentina, cosa que las casas reales no admitirían. No por lo bella, sino por lo ajena.

El mundo está cambiando.

Pregúntenle a México.

Sería bueno que todos, comenzando por los ingleses, nos comenzáramos a adaptar.

Los únicos que no se adaptaron a los cambios fueron los

dinosaurios.

Y que Dios salve a la reina.





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