Estados (Des)unidos de Trump




17/07/2018

Estados Unidos, bajo el presidente Donald Trump, me recuerda tanto ese juego infantil en que dos equipos jalan los extremos de una cuerda. ‚??Tug of war‚?Ě le llaman en ingl√©s. La traducci√≥n literal ser√≠a algo as√≠ como el jaloneo de la muerte. Casi nunca hay empate y el prop√≥sito del juego es que el

equipo contrario ceda o se cruce a tu lado. El problema es que en Estados Unidos esto no es un juego y hay muchas vidas de por medio.

Está claro que Trump no gobierna para todos. Sólo lo hace para un grupito: los casi 63 millones que votaron por él. Pero más de 65 millones votaron en su contra y no hay ninguna indicación de que esos votantes estén cambiando de bando. Al contrario. Las diferencias son cada vez más patentes y dolorosas.

El Congreso en Washington está paralizado. No hay ninguna ley con apoyo bipartidista. Eso lo que significa es que cualquier cambio se tiene que dar por la fuerza, ya sea por una orden presidencial o por una decisión de la Corte Suprema de Justicia.

Hasta la principal Corte del pa√≠s -basti√≥n de la civilidad estadounidense y una de las instituciones m√°s respetadas- tiene graves divisiones. La reciente decisi√≥n (con un voto de 5 a 4) que le permite a Trump prohibir la entrada de ciertos musulmanes a Estados Unidos recibi√≥ un fuerte rechazo de la jueza Sonia Sotomayor. Se trata de un ‚??avasallador ataque contra la religi√≥n musulmana y sus seguidores‚?Ě, dijo. Pero de nada sirvi√≥ su argumento.

Prohibir la entrada de personas por su religión o por su lugar de nacimiento es, simplemente, discriminación. La política oficial de Estados Unidos es rechazar a los que son distintos (aunque se vista como una medida antiterrorista).

Los seguidores de Trump están muy nerviosos. El color del país está cambiando. Para el 2044 todos seremos parte de una minoría. Pero para acrecentar esta ansiedad demográfica, les han vendido el cuento de que el país está siendo invadido por inmigrantes, cosa que es absolutamente falsa.

No hay ninguna invasi√≥n; el n√ļmero de indocumentados se ha mantenido estable en 11 millones por una d√©cada. Pero la narrativa oficial para reforzar ese miedo ha sido cruel y despiadada.

Jam√°s me imagin√© que Estados Unidos separar√≠a a miles de ni√Īos de sus padres para desalentar la inmigraci√≥n indocumentada. ¬ŅQu√© culpa tienen esos ni√Īos? Las im√°genes de menores de edad, solos y en jaulas, son de horror. Y las grabaciones de sus sollozos rompen el coraz√≥n. Todo para sugerir que Estados Unidos se vio obligado a imponer estas pol√≠ticas para evitar que lleguen m√°s pandilleros, violadores y traficantes.

Mientras todo esto ocurre, la resistencia a Trump y sus políticas crece. En el otro extremo tenemos a los sobrevivientes de la masacre escolar en Parkland, Florida, obligando a cambiar el debate sobre la posesión de armas de fuego y a los dreamers presionando para cambiar la política migratoria de Estados Unidos.

En Brownsville, Texas, hace poco, se reunieron activistas de todo el pa√≠s para apoyar a los ni√Īos que hab√≠an sido separados de sus padres y para informarle al resto del pa√≠s que no, que en las poblaciones fronterizas no se ha colado la narcoviolencia que impera en M√©xico. Y as√≠ hemos llegado a este incre√≠ble momento en que muchos padres est√°n educando a sus hijos para no ser como el Presidente de Estados Unidos.

Bajo el radar, est√°n surgiendo nuevos l√≠deres y figuras de oposici√≥n. Alexandria Ocasio-Cortez, de s√≥lo 28 a√Īos, se ha convertido -literalmente de la noche a la ma√Īana- en una de las mayores esperanzas del Partido Dem√≥crata (y de cambio en un pa√≠s donde pocos conf√≠an en los partidos pol√≠ticos). Ella y una nueva generaci√≥n de activistas y organizadores sociales han entendido que no basta con estar en contra de Trump. Es necesario hacer propuestas muy concretas para que la gente viva mejor.

Al final de cuentas, un Presidente que insulta, que hace comentarios racistas, que se burla de personas con discapacidad, que miente, que separa a bebés de sus mamás y que enjaula a familias no puede unir a un país.

Al contrario, él es el principal motivo de desunión y conflicto. Los extremos jalan para su lado y no parece haber ninguna posibilidad de consenso.

Estamos viviendo en los Estados (Des)unidos de Trump.