Mirador



| 18/08/2018

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“Cantando la cigarra pasó el verano entero”.

No se le debe reprochar: había trabajado toda la primavera; tenía pues derecho al canto, que es lo que le gustaba hacer después de trabajar.

La primavera de la vida, en efecto, es para eso: para trabajar. Pero después del trabajo viene la canción, vale decir, el descanso, el placer. Y el placer y el descanso lo encontraba la cigarra en cantar.

Después vendría el otoño, que es para el reposo.

Y luego el invierno, que es para el recuerdo.

Trabajemos, pues, en primavera, como la cigarra.

Cantemos luego en el verano, igual que ella. Reposemos después nuestras fatigas. Y al final recordemos el pasado.

No hagamos como la hormiga, que trabaja en la primavera, trabaja en el verano, trabaja en el otoño y trabaja en el invierno.

Eso, quizás, es saber trabajar.

Pero no es saber vivir.

¡Hasta mañana!...





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