Mirador




21/08/2018

¿Cuántos años hace de esto? Tantos hará que ni me acuerdo cuántos.

Hice plantar granados en un repecho del barranco, ahí donde ninguna otra planta se podía plantar. Los olvidé enseguida. Ni siquiera pensé que no llegaría a ellos el agua de la acequia, ni tendrían los cuidados del podador, ni el abono que el encargado de la huerta da a las plantas para que den más fruto.

Y he aquí que los granados se aferraron a la tierra, y alzaron sus ramas para buscar el sol, y bebieron el agua de la lluvia que allá de vez en cuando les enviaba Dios. Y he aquí que ahora nos regalan sus flores, de un color que no se parece a ningún otro color, y sus frutos, que a ningún otro fruto se parecen.

Abro una granada igual que se abre el cofre de un tesoro y pruebo la miel de púrpura que sus rubíes guardan. Y siento un poco de vergüenza, porque nada hice para merecer el don de su dulzura. Si Dios me da la vida y la salud -así se dice en el Potrero- plantaré otros granados y no me olvidaré de ellos, así como éstos que olvidé en el barranco no se olvidaron de mí.

¡Hasta mañana!...