La estiradita



| 21/08/2018

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Habían pasado varios días sin que Rivas se dejara ver en eventos públicos y ayer reapareció sin marinos y con moretones atrás de las orejas.

Los asistentes a los eventos en los que anduvo se percataron de estos moretones a pesar de que -dicen- que se los quiso ocultar con maquillaje, ni siquiera tenía uno que estar cerca para darse cuenta.

Rápidamente la gente comenzó a debatirse sobre si se trataba de las marcas post cirugía, que en este caso se trataría -tentativamente- de una restiradita para que el rostro y/o el cuello luzca sin arrugas, o en un escenario más drástico se tratara de huellas de violencia.

Esta situación, a pesar de que en primera instancia pareciera ser sólo información chismosa, tiene implicaciones mayores, pues se trata de un personaje público, la primera autoridad municipal, que si sufrió violencia es noticioso y si gusta de hacerse cirugías estéticas está en su derecho, pero demostrando que esto no se hizo con cargo al erario, y esta última parte puede ser un tanto difícil de creer para muchos, independientemente de la realidad.

Un último escenario más serio, es alguna condición de salud que genere estos moretones tan drásticos y extensos; en ese caso, se trataría también de un evento noticioso muy serio, de igual manera por las implicaciones.

Hay que entender que al ser un personaje público, particularmente del gobierno, sigue teniendo todo el derecho a la privacidad, pero hasta cierto punto.

Por cierto que luego de la tormenta que lo rodea en torno a la controversia de las patrullas clonadas de la Marina que lo escoltaban -que es algo muy serio-, ahora lo custodian estatales, pero no es todo, sino que anda en la camioneta blindada que traía en campaña, aquella con placas de Nuevo León, que costaba unos 13 mil pesos diarios rentarla o casi 2 millones comprarla; todo indica que no la han comprado, porque ya la hubieran emplacado en Tamaulipas y no lo han hecho y si la siguen alquilando ya llevan un dineral.

El nivel del blindaje que trae no es cualquier cosa, eso sólo puede significar que no se siente seguro en la ciudad que gobierna desde hace 2 años.

Para los ciudadanos es un insulto, pues si bien él goza del privilegio y del recurso -ilegalmente- del erario para protegerse tanto, Juan Pueblo debe protegerse como pueda, porque es una realidad que no hay las condiciones para andar tranquilamente, pero la vida cotidiana ya no la conoce el Alcalde, pues él es protegido día y noche por gente armada.

Regresando a las escoltas del Alcalde, que ya no traiga marinos da mucho de qué pensar, pues esto ocurre en el marco del escándalo en el que se cuestiona la asignación de elementos de Semar para su protección personal, como candidato y como Alcalde.





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