Limitados los recursos para atacar prostitución


Joe Baeza, vocero de Policía de Laredo aseguró que sí se combate el problema, enviando agentes encubiertos de ambos sexos a atrapar a sexoservidores


FRANCISCO DÍAZ y MAURICIO BELLOC | 23/09/2018

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La policía municipal combate a todas horas la prostitución y el narcomenudeo por la avenida San Bernardo, en la Santa María, en calles transversales y por toda la ciudad, pero o se protege y se sirve a la ciudadanía decente, o se emplea todo el tiempo, máximo personal y mucho presupuesto en esos dos flagelos, par de problemas sociales y de salud, que están estrechamente ligados, que van de la mano.

“Sí llevamos a cabo operativos para detener a gente que ofrece sus servicios sexuales y también a los clientes a quienes acuden a buscar tal relación o drogas que estos venden, porque ellos también son el problema, quien las busca o busca a las mujeres y hombres que se prostituyen o que venden narcóticos, porque son dos comercios a la vez, casi siempre”, apuntó Joe Baeza, vocero de Policía de Laredo.

Y si proliferan estos dos males, se debe a muchos factores, primero que nada son limitados los recursos policiacos para atacar un problema social muy grande que prácticamente sólo involucra al residente que anda mal, no así al ciudadano decente.

“O cuidamos y protegemos a nuestra sociedad o nos ocupamos gran parte del tiempo, del personal y del presupuesto de la corporación en atacar esos males que son problemas que no competen directamente al ciudadano común, no diariamente, si acaso ocasionalmente, cuando se comete un robo o atraco por un adicto intoxicado”, agregó el detective.

“Pero sí combatimos los dos delitos, todos los días agarramos narco menudeo, la prostitución, es un poco menor los operativos, pero sí se efectúan. La tranquilidad de nuestra gente normal no se trastoca en esos dos temas, no afecta a las personas comunes, la prostitución y la droga son parte de un segmento social, que muy escasamente afecta al vecino, al muchacho, a la niña, al hijo de vecino, a la ama de casa, al trabajador diario”, dijo Baeza.

Y además no es cosa sólo de la Policía local, sino de todas las autoridades, incluso las que liberan a unos y otros narcomenudistas y sexo servidores de ambos sexos. “Sí, ¿dónde están todos los que arrestamos de uno y otro bando o quienes practican ambos, que son la mayoría?”, preguntó el policía, un tanto molesto.

Establecer programas de salud para rehabilitar a las personas adictas, para inhibir la actividad de prostitución, que esta última se practica en cualquier lado, no sólo en la avenida San Bernardo y aledañas.

Recalcó Baeza que sí se combate, enviando agentes encubiertos de ambos sexos a atraparlos (a sexoservidores, como a los clientes que van en busca de éstos).

No se tiene calendario, ni los operativos están programados, al parecer se llevan a cabo, cuando los propios patrulleros y los agentes de la División del Vicio, estiman que se está dando una marcada alza de estas dos actividades en esos y otros sectores de la ciudad.

Isidro Alanís, fiscal de Distrito del Condado de Webb y Federico Garza, jefe del Departamento del Sheriff del Condado de Webb, uno como perseguidor de los delitos, los delincuentes y las conductas antisociales y el otro como mano activa de la ley, para atrapar a éstos, reconocieron veladamente esta semana pasada en conferencia de prensa ante medios nacionales, regionales y locales, la actividad de la prostitución y el narcomenudeo en Laredo.



DE DÍA AGENTE; DE NOCHE ASESINO

Juan David Ortiz tiene 35 años de edad, es nativo del Valle de Texas, estuvo ocho años en la Fuerza Naval de Estados Unidos entrando a esta agencia federal a los 18 años, justo dos meses antes de los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001.

Ortiz jamás fue enviado fuera de Estados Unidos pero estuvo en varias bases por todo el país recibiendo entrenamiento médico primero en Illinois y luego en otras bases incluida la del Centro de Entrenamiento Médico Naval en Fort Sam Houston en San Antonio y una base muy grande en California y en junio del 2006 recibió el rango de Corpsman de Segunda Clase, una especie de líder en una unidad médica naval.

Antes de ingresar a la Patrulla Fronteriza fue aceptado en la academia de la Policía de San Antonio pero se salió para entrar a esta agencia federal donde le prometieron reconocerle sus 8 años en la Fuerza Naval para retirarse en 12 años.

Comenzó a trabajar para la Patrulla Fronteriza en mayo del 2009 en San Antonio y mientras trabajaba como agente estudió en la Universidad Militar Americana y una maestría en la Universidad de St. Mary´s que terminó en el 2013.

Su carrera en la Patrulla Fronteriza la comenzó en San Antonio pero luego fue enviado a Cotulla y más tarde a Laredo donde compró una casa para su esposa y sus dos hijos hace aproximadamente un año en la subdivisión San Isidro, una de las mejores áreas residenciales en Laredo.

Todo hace indicar que mientras de día llevaba una conducta ejemplar, de noche se transformaba para recorrer la avenida San Bernardo en busca de aventuras. Esta versión robustece la presunción que fue contagiado por el virus del HIV en uno de sus contactos.

Cuando los agentes del SWAT lo detuvieron la madrugada del 16 de septiembre en el estacionamiento del Hotel Ramada Plaza, Ortiz les apuntó con su celular para tratar de provocar que le dispararan pero los oficiales se dieron cuenta que no era una pistola y no le dispararon.

Al arrestarlo entró en una crisis de nervios y además de confesar los asesinatos, dijo que lo hizo porque quería erradicar a todas las prostitutas de la San Bernardo, mostrando un odio inusitado hacia estas mujeres.

Las autoridades determinaron que Ortiz usaba su posición como supervisor de inteligencia para conocer los pasos de los oficiales del Sheriff y de los Texas Rangers encargados de la investigación de los asesinatos.

Debido a esto, luego de las dos primeras muertes no se inmutó pues sabía que las autoridades buscaban a un sujeto que manejaba un carro negro y no la camioneta blanca que él manejaba.

La noche del 15 de septiembre cometió el error de dejar escapar a Erika Peña, a quien levantó de la San Bernardo con intenciones de asesinarla. Ella corrió hasta una gasolinera en el área de Jacaman y Loop 20 donde pidió ayuda a un agente del Departamento de Seguridad Pública Estatal.

Con la información proporcionada por Peña las autoridades comenzaron a buscarlo por toda la ciudad hasta ubicarlo en Jefferson y San Bernardo aunque ya para entonces había logrado matar a dos personas más.

Si no hubiera sido por el escape de Peña, tal vez ahora hubiera más asesinatos y las autoridades no hubieran encontrado al asesino que ocultaba su sed de venganza asesina bajo el uniforme verde de la Patrulla Fronteriza.

Actualmente Ortiz está confeso de los homicidios, está aislado en una celda de la cárcel del condado y bajo una fianza de 2.5 millones de dólares.









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