Mirador




02/10/2018

Atraviesa el viajero en automóvil su país.

Coahuila. Nuevo León. San Luis Potosí. Y después Querétaro, Hidalgo, Puebla y Tlaxcala.

Primero es el desierto. Luego los valles florecidos, los bosques, las vastas tierras de labor.

Todo está verde. El cielo, siempre azul, es ahora azul verde. Las lluvias de todo el día, de todos los días, han hecho que todo reverdezca, incluso el verde.

El viajero ve los nopales del desierto y le parece que son otros nopales, así de brillos tienen en sus pencas. Los magueyes son más magueyes, lo mismo que el erizado coyonoxtle y la palma de abiertos brazos donde el halcón hace su nido.

En los fértiles valles queretanos las tierras de Dios cultivadas por los hombres son anuncio seguro de cosecha. Después los altos pinos en la cercanía ya de los volcanes. Y todo es verde, verde, verde.

El viajero está hecho de tierra. Bajo la lluvia su corazón también se pone verde.

¡Hasta mañana!...