Casas de adobe, estilo que muere con el tiempo


Las paredes más gruesas, los techos más altos y el material ayudaban a que estuvieran frescas en verano y cálidas en invierno


La Saltillera, que fuera una tienda de abarrotes, abrió sus puertas hace cien años, en 1918. FOTO: SANDRA JASSO
SANDRA JASSO | 22/10/2018

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La construcción de casas en materiales como el adobe en Nuevo Laredo, dan una muestra clara de cómo eran aprovechados los materiales de la tierra y zacate que daban como resultado un estilo particular,  frescas en el verano y cálidas en el invierno, un estilo que se perdió.

Lo que no hizo el tiempo en ellas, terminó el mismo hombre al ser derribadas, sin considerar la aportación  histórica que le proporcionan a la ciudad al mantenerse en pie. Quien no conserva su historia, en este caso las típicas casas de adobe, también pierde el patrimonio de la localidad que poco podrán apreciar las nuevas generaciones.

De gruesos muros, los adobes eran hechos por el mismo sol al secarse, destacaban por la belleza y sencillez en su arquitectura y aguantadoras; en ellas habitaron los primeros pobladores de la Villa de Nuevo Laredo antes de ser catalogada como ciudad. En la actualidad, la gran mayoría terminó demolida, otras por falta de mantenimiento, el tiempo acabó con ellas.

El proceso era sencillo, se hacía un pozo y la tierra escarbada se mezclaba con estiércol y otros materiales como la paja, después en un molde de madera se hacía el vaciado de esta mezcla y se dejaba secar por días.

Con el tiempo, la costumbre se fue perdiendo en los tiempos modernos, al menos en algunas zonas del noreste y las ventajas que presentaban para el clima extremoso de esta zona.

En 1991, El Mañana denunció el mal estado de estas construcciones, como la ubicada en Venustiano Carranza 3613.

Hermelinda Carrillo, una inquilina de  una casa de adobe, explicó que tenía como ventaja ser fresca  durante el verano y caliente pese a la humedad en la época de lluvias o el invierno, además de techos más altos que una normal.

“Mi casa tiene ventajas, es fresca en la canícula y calientita durante el invierno, así me lo dicen las personas que me visitan”, externó en aquella ocasión la habitante, quien ocupara el lugar en calidad de préstamo por más de quince años; el propietario vivía en el interior del país.

Carrillo explicó que la casa aún se mantenía y no sufría filtraciones, algo que afectaría de inmediato los adobes, perdiendo firmeza hasta desmoronarse.

“El techo la protege cuando llueve, lo que había eran puras tabletas de madera en el original, es una ventaja vivir en una casa así”, manifestó, pese a todo, tuvo algunas modificaciones para evitar filtraciones de humedad en el adobe. 

Debido a la antigüedad de la casa, se tuvo que dar mantenimiento como se pudo, su estado desmejoraba y se iba cayendo el techo, que fue modificado con cartón y en el exterior se podía ver cómo las paredes se iban reparando con otros materiales distintos a los originales como el cemento y block.

Era complicado volver a realizar los adobes por el tipo de tierra y sus dimensiones, 50 centímetros de ancho por 15 centímetros de largo cada uno y en la ciudad en desarrollo pocos sabían elaborar los adobes.

Se iba dejando atrás el estado original que conservaba la singular vivienda, donde aún permanecía la rústica puerta de madera y las ventanas, pero también se iba perdiendo parte de la historia local, un pasado que dejó huella con la edificación de  casas con materiales naturales y simples, que dieron y algunas siguen dando, cobijo igual a ricos y pobres.

En la actualidad existe sólo una de adobe, la mayoría aparecen sólo en imágenes de lo que fueron en alguna ocasión, como La Saltillera, una tienda de abarrotes popular que se mantuvo abierta por varias décadas a partir de 1918 hasta que cerró puertas; después por algún tiempo estuvo deshabitada, en Canales y Matamoros. Su estado era deplorable y darle mantenimiento adecuado era costoso, el techo terminó por colapsar, dañando los adobes de las paredes hasta deslavarlos y deshacer las gruesas piezas, hasta que en 2016 fue restaurada bajo la coordinación de Eduardo Alarcón Cantú.

Las piezas de adobe fueron elaboradas en Nuevo Laredo con personal capacitado, empezando por localizar los bancos de tierra especial para hacer los blocks de sillar, hacer la mezcla y revolver material vegetal, vaciar en moldes de madera y dejarlos secar por varias semanas al sol.

Era una labor única, pero se siguió el procedimiento de antaño, incluso se aprovechó la misma tierra de algunos de los adobes pulverizados por el tiempo para fabricar nuevos, se reconstruyó el techo y se colocó lámina acanalada de dos aguas, se dio mantenimiento a las puertas y ventanas originales y pintura para su conservación.

Otras casas que fueron construidas incluso antes de la llegada del ferrocarril, edificadas en piedra en la esquina de la calle Bravo y avenida Galeana, también fueron restauradas. Gracias a la intervención de la Dirección del Centro Histórico local es posible poder  seguir observando en la ciudad construcciones tan antiguas con sistemas y formas de edificación milenarias que son resistentes, incluso capaces de soportar sismos.

Las casas de adobe representan no sólo parte de la arquitectura de la región, sino también un momento histórico de los antiguos habitantes y sus edificaciones y materiales, tal vez haya sido una forma de vida que se perdió, testigos mudos del crecimiento de la localidad acumulando años encima. La restauración permite ahora poder seguir observándolas.





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