En los brazos de una mujer




07/11/2018

‚??Las mejores horas de mi vida las he pasado en brazos de una mujer casada‚?Ě. Los asistentes a la misa en catedral quedaron estupefactos al escuchar esas palabras, pues las dijo el obispo de la di√≥cesis. Pregunt√≥ luego Su Excelencia ante el silencio de la azorada feligres√≠a: ‚??¬ŅSaben qui√©n es esa mujer?‚?Ě. Y se respondi√≥ a s√≠ mismo con una gran sonrisa: ‚??¬°Mi mam√°, hermanos!‚?Ě. Todos rieron, y aun hubo algunos que aplaudieron la ingeniosa salida del jerarca. Entre los que estaban en la celebraci√≥n se hallaba un cura joven. Al d√≠a siguiente regres√≥ a su parroquia pueblerina, y en la primera misa que ofici√≥ quiso emular el recurso oratorio del dignatario. Manifest√≥ como √©l: ‚??Las mejores horas de mi vida las he pasado en brazos de una mujer casada‚?Ě. Sucedi√≥ lo mismo: los feligreses quedaron asombrados. Pregunt√≥ el curita: ‚??¬ŅSaben qui√©n es esa mujer?‚?Ě. Y respondi√≥ en seguida triunfalmente: ‚??¬°Es la mam√° del se√Īor obispo!‚?Ě... Una gallina le dijo a otra: ‚??Los huevos que t√ļ pones son tan chiquitajos que se venden a 1 peso cada uno. En cambio los que pongo yo son tan grandes que se venden a 1.50‚?Ě. Replic√≥ la otra: ‚??¬ŅY crees que por un chinche tost√≥n voy a andar por ah√≠ toda desfundillada?‚?Ě... La encuestadora le pregunt√≥ a Afrodisio Pitongo: ‚??¬ŅPractica usted el sexo seguro?‚?Ě. ‚??S√≠ -respondi√≥ el salaz sujeto-. Siempre me cercioro de que el marido est√© fuera de la ciudad‚?Ě... El empleado de don Alg√≥n le pidi√≥ permiso para faltar aquella tarde. Le explic√≥ que su se√Īora suegra hab√≠a pasado a mejor vida, y deb√≠a asistir a su sepelio. ‚??¬°Ah no! -rechaz√≥ con enojo el director-. ¬°Primero es el trabajo que la diversi√≥n!‚?Ě... El doctor Ken Hosanna, sentado en el suelo despu√©s de la ca√≠da que sufri√≥, le dijo a su paciente de prominente busto: ‚??Se√Īorita Tetonnia: la pr√≥xima vez que le pida que respire profundamente deme tiempo de hacerme a un lado‚?Ě... Un piloto aviador de edad madura contrajo matrimonio con una mujer en flor de vida y due√Īa de exuberantes atributos. En la noche de bodas se dispuso a consumar las nupcias. Estaba apenas en los proleg√≥menos del caso -lo que los norteamericanos llaman el foreplay- cuando se oyeron toques en la puerta. El piloto fue a abrirla, y con asombro se vio frente a otro piloto. Le explic√≥ su flamante mujercita: ‚??Ser√° tu copiloto. Lo invit√© por si a ti te pasa algo‚?Ě...Don Alg√≥n lleg√≥ a media ma√Īana a su oficina y se sorprendi√≥ al ver a su linda secretaria Rosibel despeinada y con las ropas en desorden. Le cont√≥ ella, llorosa: ‚??Un individuo irrumpi√≥ en la oficina y me hizo v√≠ctima de sus m√°s bajos instintos. Luego sali√≥ a toda prisa sin decir palabra‚?Ě. ‚??¬ŅC√≥mo es posible? -se indign√≥ sobremanera don Alg√≥n-. ¬ŅQuieres decir que se fue sin hacer ning√ļn pedido?‚?Ě... Afrodisio Pitongo vio en la puerta de una casa un letrero que dec√≠a: ‚??Miss Tifori. Masajes integrales‚?Ě. Atra√≠do por el sugestivo anuncio entr√≥ y le pidi√≥ a la bella mujer que atend√≠a a los clientes que le diera uno de esos masajes. Ella lo hizo desvestirse y tenderse en la cama de masajes cubierto s√≥lo por una breve toalla. En seguida procedi√≥ a masajearlo con tal arte que Afrodisio tuvo en la entrepierna una conmoci√≥n imposible de disimular. ‚??¬°Caramba! -sonri√≥ ella-. Eso no se puede quedar as√≠. Regreso en unos minutos‚?Ě. Pasaron 15 o m√°s. Afrodisio la esperaba, ansioso. En eso asom√≥ la cabeza Miss Tifori y le pregunt√≥: ‚??¬ŅYa termin√≥ el se√Īor?‚?Ě... Despu√©s de mucho porfiar Libidio consigui√≥ por fin que Dulcibel accediera a entregarle su m√°s √≠ntimo tesoro. Antes de comenzar las acciones le pregunt√≥ ella, nerviosa: ‚??Si hago lo que me pides ¬Ņme respetar√°s ma√Īana?‚?Ě. ‚??Por supuesto -respondi√≥ el sujeto-. Claro, si lo haces bien‚?Ě... FIN.