‚??La misma, pero m√°s feliz‚??




10/12/2018
Hoy quiero contarles sobre uno de mis cuentos infantiles favoritos. Es una historia que encontr√© por casualidad en internet y que se llama: ‚??El cazo de Lorenzo‚?Ě. Esta historia fue escrita por Isabelle Carrier, una francesa, quien despu√©s de estudiar arte decidi√≥ -para nuestra suerte- que su camino ser√≠a escribir cuentos para ni√Īos.

La historia cuenta c√≥mo es que le va a Lorenzo, quien camina arrastrando una grande y ruidosa olla para cocinar que un d√≠a amaneci√≥ atada a su cuerpo. No se sabe muy bien c√≥mo es que ese cazo lleg√≥ a ser parte de √©l. Lo que sabe es que gracias a la olla Lorenzo es como es: cari√Īoso, sensible, lleno de cualidades y habilidades espectaculares. Llama la atenci√≥n que no muchos pueden notar sus talentos ya que s√≥lo ven el gigante cazo que arrastra. Es algo as√≠ como un ruidoso cascabel que pareciera perturbarlo y complicarlo todo.

Adem√°s del estruendo que hace, por ejemplo, el cazo se atora en todas partes, lo que provoca que hasta el paso m√°s peque√Īo le lleve del doble de tiempo y esfuerzo. Esto cansa a Lorenzo y a veces tambi√©n lo enoja porque, a pesar de sus ganas, muchas veces no consigue lo que se propone. Enojado y frustrado por esto, a veces se comporta mal y grita o pega.

La gente cercana -sin esforzarse siquiera en saber la raz√≥n de su mala conducta- casi siempre lo rega√Īa o castiga por no ser un ni√Īo dulce y feliz como ‚??deber√≠a de ser‚?Ě para compensar lo torpe o lento que casi siempre creen que es. Lorenzo quisiera no tener que lidiar con ese cazo, pero es imposible deshacerse de √©l. El cazo esta con √©l y no hay remedio.

La historia cuenta que un d√≠a de total desesperaci√≥n, queriendo salir de su terrible situaci√≥n, Lorenzo intent√≥ esconderse dentro de la olla para lograr que los dem√°s se olvidaran de √©l. Crey√≥ que su plan hab√≠a funcionado, hasta que despu√©s de un tiempo de vivir solo y aislado -pero feliz- Lorenzo es ‚??encontrado‚?Ě (¬Ņsalvado?) por alguien. Ese alguien le ayuda a reconciliarse con su vida y con su cazo. La historia termina cuando ese ‚??alguien‚?Ě se va y deja a Lorenzo siendo el mismo‚?¶ pero m√°s feliz.

Este cuento me gusta desde hace mucho tiempo, pero nunca ha significado m√°s que ahora.

Hace cuatro meses, junto con una directora atrevid√≠sima (@mel_2801) y un equipo de maestras valientes, decidimos abrir un centro especializado en chicos en situaci√≥n de discapacidad que requieren m√ļltiples apoyos. Algunos necesitan apoyos totales o casi-totales y otros s√≥lo supervisi√≥n permanente.

Muchos profesionales insistieron en convencer a las familias de los chicos que estos muchachos y muchachas ten√≠an un cazo tan grande atado a su cuerpo que a cualquiera de ellos le ser√≠a imposible avanzar. Los expertos quisieron por muchos a√Īos que estas familias aceptaran que no habr√≠a nada que esperar de sus hijos, que los cazos eran tan pesados que resultaban inamovibles e imposibles de llevar.

Afortunadamente estas rebeldes familias decidieron buscar quien creyera en sus hijos y no se perturbara por lo ruidosos, visibles y a veces enormes cascabeles que los acompa√Īan a todos lados. Confiando en sus instintos de madres, un d√≠a me pidieron viera a trav√©s de sus ojos‚?¶ me pidieron viera a sus hijos y no sus cazos. Yo sin dudarlo les dije que s√≠, que igual que ellas cre√≠a que sus chicos (y todas las personas) merecen nuevas oportunidades para probar que ning√ļn cazo puede (debe) detenernos, que si ellas iban en compa√Ī√≠a de sus muchachos, yo ir√≠a con ellos... a su lado... lo mejor es que arriba de la aventura ir√≠amos acompa√Īadas por maestras valientes y dir√≠a yo: osadas compa√Īeras.

El mi√©rcoles pasado, diez ‚??Lorenzos‚?Ě participaron en una posada navide√Īa organizada por Pro Inclusi√≥n AC- Casa de D√≠a San Jos√©. Todos bailamos, cantamos y nos divertimos much√≠simo.

El coraz√≥n no cab√≠a en mi pecho al encontrarme en la posada con j√≥venes felices y con madres y familias que gritaban y sonre√≠an como nunca antes las hab√≠a visto. Estaban orgullosas de sus hijos, pero tambi√©n de saber que sus ‚??Lorenzos‚?Ě, a pesar de sus cazos, hab√≠an encontrado un nuevo lugar para florecer con todo y ellos... porque juntos los cazos de todos son siempre m√°s llevaderos.

Felicidades mis muchachos del Centro de Día San José (Pedro J. Méndez #2025) y gracias por regalarme tanta felicidad. Igual que Lorenzo, ahora soy la misma... pero más feliz.

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