50 pesos por una zanahoria




16/12/2018


‚??Mis amigos me dicen que me est√°s haciendo indejo‚?Ě. Esa sonora reclamaci√≥n le hizo el joven Coronato a su mujer Facilda, al mes de casados. ‚??No es cierto -neg√≥ ella-. Ya ven√≠as as√≠‚?Ě... El ni√Īito se abrazaba a la carroza funeraria y lloraba con llanto desgarrado al tiempo que dec√≠a: ‚??¬°Ll√©vame contigo, papito! ¬°Ll√©vame contigo!‚?Ě. La gente lo miraba, conmovida. Y el ni√Īo segu√≠a sollozando: ‚??¬°No me dejes, pap√°! ¬°Ll√©vame contigo!‚?Ě. De la carroza descendi√≥ el chofer y le habl√≥ con ternura al peque√Ī√≠n: ‚??Ya te dije que no puedo llevarte, hijo. Estoy trabajando‚?Ě... Frente a una gran olla llena de huevos cocidos el chef del hotel le dijo con enojo al botones Babalucas: ‚??La orden dec√≠a: ‚??2 huevos duros para el 40‚??, no ‚??40 huevos duros para el 2‚??‚?Ě... Simpliciano, muchacho candoroso, cas√≥ con Pirulina, mujer que hab√≠a recorrido todos los caminos de la vida. A los tres meses del matrimonio ella dio a luz un robusto beb√©. El ingenuo mancebo le dijo a la flamante madre: ‚??Entiendo que los ni√Īos tardan nueve meses en nacer‚?Ě. Repuso Pirulina: ‚??No hay problema. Si as√≠ lo quieres en el pr√≥ximo me tardar√© m√°s‚?Ě... El padre Arsilio estaba confesando a Dulcibel. Le pregunt√≥: ‚??Tu novio y t√ļ ¬Ņsienten las tentaciones de la carne?‚?Ě. ‚??S√≠, padre‚?Ě -reconoci√≥ ella. Inquiri√≥ el buen sacerdote: ‚??Y ¬Ņqu√© hacen para evitar esas tentaciones?‚?Ě. Contest√≥ Dulcibel: ‚??Caemos en ellas y se nos pasan‚?Ě... La novel actricita estaba en el piso de soltero de C. O. Gel√≥n, famoso productor de cine. Le pregunt√≥: ‚??¬ŅCree usted, se√Īor Gel√≥n, que tengo alguna posibilidad de aparecer en su pr√≥xima pel√≠cula?‚?Ě. ‚??Claro que s√≠, linda -replic√≥ el lascivo sujeto-. Precisamente en este momento la posibilidad est√° creciendo‚?Ě... El vendedor de verdura iba en su carret√≥n por la calle de cierta colonia popular. Una se√Īora le pregunt√≥: ‚??¬ŅCu√°nto cuesta esta zanahoria?‚?Ě. Le inform√≥ el verdulero: ‚??50 pesos‚?Ě. ‚??¬Ņ50 pesos por una zanahoria? -se indign√≥ la mujer-. ¬°M√©tasela ya sabe d√≥nde!‚?Ě. ‚??No puedo, se√Īora -replic√≥ el sujeto-. Ya traigo ah√≠ un pepino de 150‚?Ě... Llorosa, tribulada, la reci√©n casada llam√≥ por tel√©fono a su madre y le cont√≥: ‚??Pelerino lleg√≥ anoche muy tarde y con manchas de l√°piz labial en la camisa. Para castigarlo me voy a ir a tu casa‚?Ě. ‚??No seas tonta -le indic√≥ la se√Īora-. Si realmente quieres castigarlo yo me ir√© a la tuya‚?Ě... La paciente del doctor Ken Hosanna estaba algo llenita de carnes, pero ten√≠a cuerpo apetecible. Grande fue la sorpresa de la chica cuando el facultativo, despu√©s de pedirle que se quitara ‚??su ropita‚?Ě y se tendiera en el mesa de exploraciones, empez√≥ a darle fuertes chupetones por todas partes de su profusa anatom√≠a. Le pregunt√≥, inquieta: ‚??¬ŅEst√° usted seguro, doctor, de que as√≠ se hace la liposucci√≥n?‚?Ě... Tirilita ten√≠a un perico. Y algo m√°s ten√≠a: un amigo con derecho a todo que la visitaba en su departamento. Ayer Tirilita se levant√≥ temprano -ser√≠an las 7 de la ma√Īana- y quit√≥ el velo con que cubr√≠a por las noches la jaula del cotorro. A eso de los 8 son√≥ el timbre de la puerta. Quien llamaba era el amigo con derecho a todo. Tirilita no gustaba de que el loro viera lo que enseguida iba a suceder, de modo que antes de hacer pasar a su gal√°n procedi√≥ a tapar de nuevo la jaula del perico. ‚??¬°Carajo! -exclam√≥ √©ste, disgustado-. ¬°Con la llegada del invierno los d√≠as se van acortando m√°s y m√°s!‚?Ě... Dos individuos estaban bebiendo en el lobby bar del hotel. Uno de ellos le dijo a su compa√Īero: ‚??T√≥mate la otra‚?Ě. ‚??No -declin√≥ el tipo-. Aqu√≠ hay mujeres. Ya me he bebido cuatro copas; si me tomo una m√°s me voy a sentir un Romeo‚?Ě. ‚??T√≥matela -lo anim√≥ el amigo-. Yo ya me tom√© seis y me estoy sintiendo una Julieta‚?Ě... FIN.