Un presupuesto con sentido social




16/12/2018


Mientras aún se debate el tema sobre la Ley de Remuneraciones de los Servidores Públicos, suspendida inconstitucionalmente por los ministros de la Suprema Corte, quienes, por cierto, son el último eslabón garante de que nuestra constitución sea respetada, se cumple con el principal requerimiento del mandato popular expresado de manera por demás contundente en la pasada elección; esto es, que el dinero publico derivado de nuestros impuestos, entre otros ingresos que administrará el gobierno federal, sea destinado en gran parte al apoyo de los más necesitados de nuestro país.

Lo que por décadas había sido, no sólo pésimamente administrado, sino que abandonado por los malos gobiernos, debido -hay que decirlo- a la corrupta política neoliberal que traicionara a la propia nación, será por fin rescatado por el Estado cuya principal razón de ser, inclusive consagrado aun afortunadamente en la propia Constitución, es el de garantizar a todos sus gobernados el derecho a vivir de manera digna con acceso a servicios de salud y educación de calidad, de manera gratuita, además de crear condiciones de oportunidad laboral con salarios justos y bien remunerados.

Los programas sociales-que nadie podrá negarlo-, eran electoreros y asistenciales, deberán ser ejecutados, además de eficientemente administrados, de manera pulcra, transparente, justa y equitativa; he aquí la condición sine-qua-non del cambio verdadero. Contrario a lo que muchos apuestan que será una continuidad del populismo que se venía practicando por los gobiernos anteriores, quienes mantenían en condiciones de pobreza a más de la mitad de la población repartiendo despensas a cambio de votos jugando con el hambre de la gente, el actual gobierno está obligado a cumplir sin excusas su responsabilidad.

No se puede estar en contra de hacer realidad la propuesta de un gobierno sobrio y honesto en donde se privilegie la austeridad republicana y no los despilfarros, los lujos superfluos o la ostentosidad de la vida pública, en donde la corrupción y la impunidad de los políticos, funcionarios y servidores públicos de los tres niveles de gobierno y de los tres poderes de la Unión, nos tenían mal acostumbrados a pensar que era parte de nuestra condición humana que como mexicanos traíamos intrínsecamente en nuestra sangre, llegando al grado tal de ser aun normalizado desafortunadamente por muchos.

Por ello, es imprescindible el apoyo y colaboración de todos los sectores de la población, sobre todo de aquellos a los que les cuesta trabajo entender que el país ya no puede seguir siendo el mismo, en donde inclusive la iniciativa privada necesita ajustarse a la nueva realidad, comprender que México somos todos los mexicanos, y que para salir adelante, desarrollarnos, y poder crecer, necesitamos como sociedad nivelar el piso, que las oportunidades sean equitativas, que se distribuya de manera más justa la riqueza, y esto sólo se logrará justo con un presupuesto público con sentido humano y social.