Entrevista a monseñor Gustavo Rodríguez Vega: Una vida dedicada a los semejantes


El Obispo habla de sus momentos importantes, de la inquietud que sintió cuando era niños por ser monaguillo y de su vocación sacerdotal


RAFAEL GARCÍA ORTEGA | 09/02/2014

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¿Amigo del cardenal José Francisco Robles Ortega?, ¿desde cuándo?

R. Lo conocí cuando me ordenaron obispo y en las asambleas del Episcopado lo traté y con mayor frecuencia lo hice cuando llegó a Monterrey el 28 de abril del 2003. Yo era auxiliar del señor don Adolfo Antonio Suárez Rivera, arzobispo y primer cardenal de Monterrey, pero luego seguí desempeñándome también como auxiliar del señor Robles Ortega durante cinco años. Esa fue la relación o cercanía de trabajo con el señor arzobispo en el gobierno de la Arquidiócesis de Monterrey, y así fue como nació la mistad con él.

¿Qué le motivó ser sacerdote?

R. El testimonio del párroco Octavio Gazca Parra, misionero de la Natividad de María de la parroquia de Nuestra Señora del Consuelo en la colonia Industrias del Vidrio, en Monterrey.

Pero yo me sentí primero atraído, siendo un niño por ser monaguillo. Le platiqué a mi mamá: “Quiero saber qué se siente estar donde se encuentran esos niños” (los veía en el altar de mi parroquia) y por esta inquietud me hice monaguillo a los nueve años de edad; ya estando ayudando a la celebración de la misa, pensé, ahora quiero saber qué se siente estar donde se encuentra el padre celebrando la santa misa. Ese fue el momento en que empecé a tomar conciencia de mi vocación sacerdotal.

Aunque de pequeño, dicen que jugaba a celebrar la santa misa, cosa que aunque parezca extraño yo no recuerdo. Lo recuerda mi hermano Mario Alberto, que es menor y que asistía según él cuenta, con devoción a “mis misas” y demás familiares, tías y mi papá que me lo han platicado.

¿Dónde estudió su primaria, secundaria y el seminario?

R. En la casa de una maestra que enseñaba distintos grados de escuela primaria, ahí sólo estudié el primer año; luego el segundo de primaria lo estudié en el colegio Franco Independencia, dirigido por los hermanos maristas, pero en febrero de 1963, cambiamos de domicilio a la colonia Industrias del Vidrio, donde continué mi segundo año de primaria en la escuela Roberto G. Sada No. 2, dirigida también por hermanos maristas y ahí hasta terminar la primaria. La secundaria, en la escuela Rómulo Garza, dirigida igualmente por hermanos maristas. Añado un tema vocacional porque el director de la escuela me invitó a ser marista y asistiera a un grupo de reflexión sobre la vocación marista, yo acepté ir al grupo pero de inmediato le dije que al terminar la secundaria pensaba ingresar al seminario. En el tercer año de secundaria tuve por director al hermano José Alberto Velázquez Aceves, que actualmente es el superior marista en Nuevo Laredo, donde yo soy obispo ahora, feliz coincidencia.

Mi ingreso al seminario. Ingresé al seminario a las 4:00 de la tarde del miércoles 2 de septiembre de 1970, donde inicié con la preparatoria validada externamente por el Colegio Universitario de Monterrey (CUM), institución dirigida por hermanos maristas; fueron dos años de preparatoria y un año más de seminario menor, que lo llamaban tres años de humanidades o tres años de latín; en el seminario mayor estaban los filósofos y teólogos, y los del menor éramos llamados, humanistas o latinistas; de 1973 a 1976 estudié la filosofía; y de 1976 a 1980 estudié la teología; pasamos lo que son ahora las órdenes, y el 4 de noviembre de 1977, recibí la candidatura al diaconado y presbiterado en la capilla del seminario menor de Monterrey, junto con mi compañero Juan Enríquez Reyes (QEPD), al día siguiente, el 5 de noviembre, en la fiesta patronal de San Teófimo Mártir, ambos recibimos el ministerio de Lector o Lectorado; el 25 de enero de 1978 en la Santa Iglesia Catedral de Monterrey, ambos recibimos el ministerio de acólitos o acolitado; el 8 de septiembre de 1979 en la iglesia de la Purísima, hoy Basílica, fuimos ordenados diáconos y el 15 de agosto de 1980, fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María, en el mismo templo parroquial de la Purísima, fuimos ordenados sacerdotes junto con otros compañeros, el padre José Guadalupe Olivares Gámez. Todos los ministerios anteriores y las órdenes de diácono y presbiterado las recibimos de don José de Jesús Tirado y Pedraza, arzobispo de Monterrey.

Nombre de compañeros del mismo curso del seminario.

R. El único compañero desde el inicio al fin de la ordenación fue el padre Juan Enríquez Reyes; hay uno que dejó el seminario en los dos años de preparatoria, pero regresó hasta terminar, es el padre Gerardo María Mayela González Farías, actualmente párroco en San Pío X y asesor de la Comisión Coordinadora del Apostolado de los Laicos en Monterrey; hay otro que salió un año, a una experiencia, cuando terminó filosofía, pero luego regresó y se ordenó sacerdote un año después que nosotros, es el padre Fidel César Galván Leal, párroco del Templo Cristo Buen Pastor. Hay otro que me acompañó a partir de mi segundo año en el seminario, que interrumpió sus estudios cuando estaba en primero de teología, por varios años y luego se ordenó sacerdote en 1983, tres años después que yo, es el padre Guillermo Alberto Morales Martínez, director nacional de las Obras Pontificio Misionales en México.

¿Quién lo ordenó sacerdote, dónde y fecha?

R. Mi ordenación la recibí de manos del excelentísimo señor obispo don José de Jesús Tirado y Pedraza, arzobispo de Monterrey, un viernes 15 de agosto de 1980 en la solemnidad de los festejos de Nuestra Señora de la Asunción, en la parroquia de la Purísima Concepción de María, hoy Basílica Menor.

Celebré mi primera misa inmediatamente al día siguiente en la capilla de las Hermanas Oblatas de Jesús Sacerdote, de quienes fui capellán por dos años, en el seminario menor de Monterrey, en donde ejercí mi primer oficio. Pero la primera misa solemne, “Cantamisa”, la celebré el viernes 22 de agosto, una semana después de mi ordenación sacerdotal, en la capilla de la Coronación de Nuestra Señora de Guadalupe, colonia Francisco G. Sada, de la parroquia de Nuestra Señora del Consuelo.

¿Algún recuerdo o anécdota de su estancia en el instituto Sedes Sapientiae (Trono de la sabiduría)?

R. El último semestre de teología no lo cursé en el seminario. En enero de 1980 los alumnos de teología nos encontrábamos en la ciudad de Saltillo, Coahuila, en una semana de ejercicios espirituales. Todos los alumnos de cuarto año de teología comentábamos que ya en mayo se iba a terminar nuestra formación en el seminario, y que teníamos que ir preparándonos a abandonar nuestra querida institución en la que nos formamos durante años.

El miércoles de aquella semana llegó el padre rector del seminario, el padre José Ernesto León Chazalón Ranc, y nos reunió a los tres alumnos de cuarto año de teología de la Arquidiócesis de Monterrey, porque había varios alumnos más de otras diócesis. El rector nos dijo: que el señor arzobispo se había comprometido a enviar cinco sacerdotes a estudiar a la Ciudad de México, al instituto Sedes Sapientiae (Trono de la sabiduría), en donde otros obispos también enviarían sacerdotes a

estudiar.

Nos dijo el rector que el señor arzobispo no tenía a quién mandar y que había pensado enviar a los diáconos, nos dijo: “A ver qué piensan ustedes, pero los diáconos no tienen mucho qué pensar”. Entonces preguntamos: “¿Y cuándo empieza el curso?”. Y el rector contestó: “Vamos que comienza mañana. Pero ustedes terminen sus ejercicios tranquilos y se van el próximo domingo por la noche. Se trata de un curso de tres trimestres de actualización teológica y en los intermedios de los trimestres ustedes van a estudiar en cursos intensivos lo que les falta estudiar en el último semestre de la teología. Van a vivir y van a ayudar en una parroquia de la Ciudad de México; van a tomar clases de martes a viernes, a trabajar en la parroquia el fin de semana y a descansar los lunes”.

Así que en seco terminó nuestro seminario. El domingo por la noche ya íbamos rumbo a México. El mes de mayo, estando ya en el segundo trimestre, fuimos los tres compañeros a visitar al señor arzobispo y a proponerle lugar y fecha de nuestra ordenación sacerdotal. Le propusimos que fuera el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción de María, y que fuera en la iglesia de la Purísima, lugar de la fiesta patronal, y lugar donde fuimos ordenados diáconos meses antes.

Como de mala gana, el señor arzobispo anotó la fecha en su agenda con lápiz. Al día siguiente fui a entrevistarme yo solo con el señor arzobispo, tal como me lo pidió el padre rector. Me dijo el señor arzobispo: “Fíjate que el padre Calderón ya va a salir del seminario y hemos pensado que tú llegues al seminario para completar el equipo formador del seminario menor”. Le respondí yo: “¿Eso implica no terminar el tercer trimestre en México?”. Respondió él: “No, hijo, ya nada más terminas este segundo trimestre y ya te quedas aquí”. Y le pregunté: “¿Eso implicaría adelantar la fecha de la ordenación sacerdotal?”. Y él me contestó: “¿Qué te parece el 15 de agosto?”. Le digo: “A mí me parece muy bien, ¿y mis compañeros?”. Y me responde escribiendo con pluma en su agenda: “Vamos a poner los tres el 15 de agosto”.

Así que, como diácono, preseminario, con los próximos alumnos a ingresar en el seminario menor. Como diácono recibí a los alumnos de segundo y tercero en los primeros días de agosto, y aquel viernes 15 de agosto, los alumnos del seminario, junto con los que iban a ingresar dos días después y con mis familiares, amigos y multitud de miembros de nuestra iglesia, me vieron ordenarme sacerdote con mis dos compañeros, el padre Juan (+).

Oficios desarrollados desde su ordenación como sacerdote hasta antes de ser preconizado obispo.

R. Estos son algunos de los nombramientos antes de ser sacerdote los primeros seis años de ministerio sacerdotal, ocupé distintos cargos dentro del seminario de Monterrey; los siguientes tres años estudié en Roma, ciencias sociales, con especialidad en ética y doctrina social de la Iglesia en la Pontificia Universidad Gregoriana; durante los siguientes seis años a mi regreso a México, fui director del Secretariado de Evangelización y Catequesis de Monterrey; director de la Escuela y la Pastoral Bíblica, y del Centro Asociado de Teología a Distancia, mientras era también profesor en el seminario; los primeros tres años de estos seis años a que hice referencia, fui rector de la capilla del Santísimo Redentor; los siguientes dos, fui párroco de Jesús el Buen Pastor; y el sexto año volví al seminario como director espiritual de teólogos; finalmente fui rector del seminario durante seis años, dejando, por supuesto, todos los demás oficios.

Sus impresiones al ser preconizado obispo.

R. El antecedente es el siguiente: sucedió el 20 de junio de 2001, cuando yo terminaba el sexto año de rector del seminario, empezaba el verano, y algunos grupos del seminario iban a misiones; fui a despedir al primer grupo de teología que salía a su experiencia de un mes de oración, era el lunes 18 de junio, después de despedirlos, llegué al seminario menor en San Pedro Garza García, donde ya iniciaban los cursos de verano que tomaban algunos alumnos y al abrir la puerta del seminario escuché que sonaba mi teléfono, y me dije a mí mismo que no tenía caso correr, las escaleras eran largas y no iba a alcanzar a contestar el teléfono. Pero el teléfono no dejó de timbrar y alcancé a contestar, y la primera voz que escuché fue la de una religiosa que me dijo: “Rector, le voy a comunicar con el señor nuncio”, en ese momento me dejé caer en la silla, diciendo esta oración: “Señor lo que sea, si se trata de irme a otra diócesis me va a costar mucho dejar a mi familia y a mis amigos y si se trata de ser auxiliar aquí en Monterrey, pues nadie es profeta en su propia tierra, pero lo que sea, sí”. El señor nuncio don Giuseppe Bertello, me citó para el miércoles en la Ciudad de México, donde me comunicó que el Papa me nombraba obispo auxiliar de Monterrey.

De ese día que regresé de México, el señor arzobispo Suárez Rivera me estuvo monitoreando desde México para saber si había llegado a la Nunciatura Apostólica y después de que salí de allí, me habló por teléfono, yo le dije la hora en que tomaba el vuelo a Monterrey, que sería a las tres de la tarde y me dijo: “Ándele para que venga a comer”. Yo llegué a la casa del señor arzobispo a las 5:00 de la tarde y salí a las 9:00 de la noche, hubo muchas cosas de qué platicar que si había comido en el avión, en fin, en su casa compartí la cena con él, y en aquella ocasión me regaló el báculo, que todavía uso en mis visitas a las parroquias.

Con 46 años de edad y 21 de sacerdote, fui ordenado obispo de Obba y auxiliar de Monterrey por el beato Juan Pablo II, el miércoles 27 de junio del 2001, y ordenado obispo por su eminencia el señor cardenal don Adolfo Antonio Suárez Rivera, arzobispo de Monterrey en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, de Monterrey, Nuevo León, el martes 14 de agosto del año 2001. Aunque hubo 30 obispos concelebrantes, los que oficialmente fueron elegidos como coordinantes, fueron el excelentísimo señor don Giuseppe Bertello, nuncio apostólico en México, y ahora gobernador del Estado Vaticano, y el excelentísimo señor don Miguel Ángel Alba Díaz, obispo de La Paz.

(*) Historiador, escritor y ex cronista de Nuevo Laredo.

PERFIL

Nombre de sus padres; lugar y fecha de nacimiento y muerte. Ocupación de su padre.

- Manuel Rodríguez Mora (finado), es originario de Villa de García, Nuevo León, fue obrero por 37 años de la empresa cristalera, Industrias del Vidrio. Mi madre Blanca Lilia Vega Dávila nacida en Monterrey, Nuevo León, falleció el 29 de diciembre del 2005.

Nombre y profesión de sus hermanos.

- Manuel, abogado criminólogo; es el primogénito de la familia. Amalia y Blanca son gemelas, no tienen profesión y ambas jubiladas de sus trabajos. José Francisco, ingeniero mecánico administrador. Luego sigo en el quinto lugar de ocho hermanos que somos. Mario Alberto es ingeniero químico. Andrés Antonio, contador público y Julio César, contador público en

ejercicio de su profesión.

Consagración como obispo

- Auxiliar, por el cardenal Adolfo Antonio Suárez Rivera.

- Salutación a Su Santidad Benedicto XVI, en Roma.

- El 14 de agosto de 2011 fue ordenado obispo en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en la ciudad de Monterrey.Los padres del Obispo, don Manuel Rodríguez Mora y Blanca Lilia Vega, finados.





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