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SOS


Denise Dresser

Ayuda. Auxilio. Socorro. SOS. México necesita ayuda internacional y de manera urgente. Es cada vez más obvio que solos no podemos, solos no queremos, solos simplemente simulamos que se combaten la corrupción y la impunidad cuando no es así. Una revisión de los eventos nada más de la semana pasada lo constata. Decisiones inexplicables que exoneran a culpables. Postergaciones ininteligibles que frenan el combate a los corruptos. Anuncios increíbles que ponen en tela de juicio el profesionalismo y la autonomía y la capacidad de las instituciones para investigar casos corrosivos. Cada día que pasa es más claro. El Estado mexicano está incapacitado para investigarse o limitarse o castigarse a sí mismo. Actúa como si quisiera pero no es así. El barco se hunde y -como en el Titanic- quienes lo tripulan se dedican a reacomodar las sillas en la cubierta.

Revisemos. Tan sólo en los últimos días presenciamos la reaparición y los discursos sobre “derechos humanos” de Tomás Zerón, el funcionario de la PGR cuya explicación en torno a las diligencias clandestinas que realizó en el río San Juan fue desmentida por la ONU, el equipo argentino de antropología forense y el GIEI. Tan sólo en los últimos días vimos cómo miembros del Ejército involucrados en las ejecuciones extrajudiciales en Tlatlaya fueron puestos en libertad. Tan sólo en los últimos días padecimos el discurso de Virgilio Andrade en una cumbre anticorrupción, hablando del reconocimiento internacional a México por su lucha contra la corrupción. Tan sólo en los últimos días vimos cómo los partidos se culparon entre sí por la falta de aprobación del Sistema Nacional Anticorrupción y la Ley 3de3, cuando sólo 17 de 128 senadores han presentado su propia declaración.

Y el iceberg contra el cual chocamos pero la autoridad se niega a reconocer por qué. Ayotzinapa sin resolver. Ayotzinapa sin investigaciones que deberían continuar según las 20 recomendaciones que el GIEI dejó tras de sí. Ayotzinapa que el gobierno de Peña Nieto preferiría ignorar a pesar de la rajadura mortal que ha provocado en el barco de su gobierno. Rajadura que ahora se busca tapar a través del Poder Judicial cuando dos tribunales sentencian -también esta semana- que los 43 normalistas no fueron víctimas de “desaparición forzada” sino de “homicidio”. Y al hacer eso, tratan desesperadamente de apuntalar la “verdad histórica” que la PGR se empeña en hacernos creer. Esa historia ya desmentida por todas las instancias internacionales involucradas de que los normalistas fueron quemados en el basurero de Cocula. Esa historia -no sustentada por la evidencia científica- que coloca toda la culpa sobre miembros del crimen organizado y no sobre agentes del Estado, presentes e involucrados esa noche. La policía de Huitzuco. La policía de Iguala. La policía federal. El Batallón 27.

Ha llegado el momento de reconocer que la impunidad y la corrupción en México no van a terminar sin apoyo externo. De allí la urgencia de solicitar un mecanismo como la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala. De allí el imperativo de crear una alianza entre la sociedad civil, las partes reformadoras del Estado -si existen- y la comunidad internacional. Para enjuiciar a los corruptos que en México no son perseguidos sino protegidos. Para sancionar las violaciones a los derechos humanos que en México son ignoradas en vez de ser investigadas. Para combatir la impunidad que en México no es un “hecho aislado” sino algo que ocurre en 99 por ciento de los casos. Urge verdad, justicia, Estado de derecho, remodelación institucional y quienes deberían ofrecer todo eso están demasiado ocupados obstaculizándolo. Bienvenida entonces la coadyuvancia internacional, la asistencia técnica, la promoción de la persecución penal, el inicio de procedimientos judiciales, la remoción de políticos coludidos con el crimen. Bienvenida una vía para tocar a los intocables.

SOS es una señal en código Morse que significa peligro. Y el peligro que México enfrenta ahora es el de un Estado corrompido, un Estado caracterizado por instituciones de justicia y seguridad demasiado débiles o infiltradas. Un Estado disfuncional y en innumerables instancias, inoperante. De lo que se trata entonces es de rescatar al Estado para que pueda cumplir con sus responsabilidades fundacionales. Y eso no podrá ocurrir tan solo por la ruta doméstica, debido a la falta de voluntad política de un gobierno que preferiría mantener el statu quo. SOS quiere decir “Save Our Ship”. Salven nuestro barco, digamos a la comunidad internacional. Salvémoslo.



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