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Artículo

Pillaje perfecto


Denise Dresser

He allí el mapa de ruta. He allí el método. He allí la fórmula probada para llevar a cabo el pillaje. Veracruz como el modelo para lo que ocurre en el resto de México, estado tras estado, gobernador tras gobernador. El saqueo semanal, mensual, sexenal. Javier Duarte como arquetipo de la avaricia de tantos que gobiernan un país rico, poblado por millones de pobres. Javier Duarte como muestra maloliente de cómo una administración puede convertirse en una expoliación. Un gobernador omnipotente que se convierte en saqueador impune. Acusado, criticado, exhibido y aun así, intocado.

Inmune al magnífico reportaje publicado en el portal Animal Político junto con Mexicanos Contra la Corrupción, que detalla qué hizo, cómo lo hizo, cuándo lo hizo. La corrupción descrita paso a paso. El gobierno de Veracruz entregando 645 millones de pesos a una red de 21 empresas para supuestamente comprar cobijas, útiles escolares y zapatos. Recursos que no llegaron a su destino. Recursos que fueron entregados a supuestos “socios”, habitantes de colonias populares que firmaron documentos a cambio de promesas de apoyo. Un esquema creado con licitaciones a modo y adjudicaciones directas, con funcionarios corruptos y habitantes manipulados, con un gobernador que impulsó la corrupción y se benefició de ella. Una red de empresas fantasma y socios apócrifos, gracias a la cual Duarte y los suyos se embolsaron millones del erario.

El modelo Veracruz. El modelo México. El procedimiento priista de poner a promotores del voto a obtener firmas y crear empresas y asignarles un domicilio fiscal falso y hacerlas ganadoras de licitaciones amañadas y canalizarles millones y cerrarlas después. El modelo PRI, basado en la mentira y la ignorancia y el clientelismo. Basado en la opacidad y en la complicidad y en la omertá. Basado en el engaño vía el cual se obtiene la firma de personas que viven en calles que no tienen pavimento, personas con cataratas añadiendo su nombre a documentos que no pueden leer siquiera.

Los “socios” que aceptaron serlo a cambio de materiales para reforzar sus viviendas, a cambio de que el PRI pagara el recibo de luz. Los “socios” de Duarte viviendo en casas de lámina o de tabla roca, mientras él y sus cuates se embolsaron dinero que no era suyo.

Y ante todo esto que no sorprende pero sí indigna, sobresale la ausencia o la indiferencia de la autoridad. Las múltiples veces en que la ASF detectó irregularidades que nunca fueron sancionadas o frenadas. Las 32 ocasiones en que Duarte fue denunciado ante la PGR, pero no se encontró la evidencia suficiente para procesarlo. Evidencia que un equipo de reporteros logró armar y que ahora la Procuraduría probablemente va a ignorar. Así como la han ignorado quienes ahora son diputados federales del PRI por Veracruz, demasiado ocupados haciendo campaña como para contestar al reportaje. “No disponibles”. “Impedidos para dar un posicionamiento público”.

Mientras tanto, el PRI espera que amaine la tormenta, espera que el escándalo de la semana sea reemplazado por otro similar. Y la oposición con demasiada frecuencia guarda silencio porque ha hecho lo mismo o porque tiene un cálculo electoral más importante que el combate a la corrupción. Unos y otros, protagonistas del pillaje que está hundiendo al país. Unos y otros, proveyendo pretextos para diluir y descafeinar el Sistema Nacional Anticorrupción y la iniciativa ciudadana 3de3. Culpándose entre sí del sabotaje a algo que ningún partido quiere. Una Fiscalía Anticorrupción autónoma. Una lista de conductas corruptas, tipificadas y sancionables para que el pillo lo pierda todo. Una ley que obligue a todo candidato y a todo funcionario a transparentar lo que tiene y cómo lo obtuvo.

Lo que Javier Duarte ha hecho y lo que Animal Político ha revelado no es una excepción. Es la regla. Utilizar el poder político para el enriquecimiento personal. Convertir a la democracia en una cleptocracia. Aprovechar el paso por el gobierno para robar a quienes lo financian. Porque es así de sencillo, así de simple: el PRI está acostumbrado a robar y la ciudadanía está acostumbrada a que lo haga.

México fue la cuna de la dictadura perfecta y ahora es la sede del pillaje perfecto. Ese que será validado por cada persona que vote por el PRI en Veracruz -y más allá- el 5 de junio. Tachar la boleta en favor del priismo es aprobar el pillaje perfecto.



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