25/06/2016

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Las ruinas circulares

La indignación, el miedo y la barbarie


Marcos Rodríguez Leija

“Ojo por ojo y el mundo acabará ciego”, Mahatma Gandhi

EL DESAYUNO

En los periódicos de México la sangre salpica de sus (páginas,

la gente se mancha mientras desayuna, come y cena (con cadáveres,

nadie censura nadie critica

nadie reclama nadie se aterra

los muertos se sorben en silencio a diario con una pieza de pan duro y una taza de café amargo.

(Poema del libro Rumor de humo y ceniza, 2015, ITCA / Marcos Rodríguez Leija)

Aún se desconoce su identidad pero los periódicos lo llamaron violador desde el principio. Por eso lo mató un grupo de gente asaltada por la furia y la indignación. Lo tendieron sobre el suelo y ya no pudo levantarse por los puntapiés recibidos en el rostro y la cabeza.

Las narraciones en la prensa argumentan que una mujer se percató que su hija de 4 años de edad había desaparecido de su domicilio, donde tiene un negocio de hamburguesas. En aquel momento mantenía su atención en varios clientes y un desconocido se llevó a la menor en bicicleta. Horas después de una intensa búsqueda, dicen, el supuesto raptor fue atrapado infraganti en un baldío.

Esto ocurrió en Nuevo Laredo, en Los Colorines, una colonia ubicada al poniente, en la periferia, donde la muerte tiene permiso y la vida es sombría. Las redes sociales y los periódicos del mundo dieron cuenta de lo acontecido de una forma amarillista y hueca. En Youtube aún circula morbosamente un video del linchamiento.

El 28 de mayo, antes del suceso, me había inquietado una noticia alarmista: “Buscan autoridades a violador del poniente”. En la historia se advertía: “… en general todos los habitantes de Nuevo Laredo deben tener precaución”.

El autor, aún sin información clara del caso ni una fuente oficial se aventuró a exponer: “… las mujeres en aquel sector se sienten vulnerables; se sienten cubiertas bajo la misma oscuridad en que este hombre, aún sin identificar, se paseó durante la penúltima semana de mayo para atacar sexualmente a por lo menos tres mujeres”.

El reportero, incluso, se atrevió a exponer el modus operandi: “En su recorrido por las colonias busca a mujeres que viven solas o con niños. Espera la noche o madrugada para realizar sus fechorías”.

El alarmismo se intensificó en las redes sociales convirtiendo a un “desconocido” en un ser peligrosamente sui generis, peliculero. El miedo fue inyectado de tal manera en la comunidad que 12 días después de aquella nota vi en un crucero a un voceador vender morbosamente la historia del acto de barbarie mencionado: “Linchan a violador”.

Resultan estremecedoras varias cosas: la vulnerabilidad de los neolaredenses ante una delincuencia impune en todas sus oscuras representaciones; la arbitrariedad con la que estos cancerberos intimidan, acribillan y secuestran nuestros derechos y libertades en toda la extensión de la palabra; afecta la modorra con la que actúan los ministerios públicos y quienes deberían prevenir delitos de toda índole; resultan agraviantes para la sociedad las declaraciones evasivas e indiferentes de un alcalde ante tantos hechos de violencia; y también resulta condenable tanto el mutismo ante el acontecer cotidiano como irresponsable el amarillismo mediático local en este caso, que acentúa el miedo en la comunidad provocando que ésta, al igual que el delincuente, cometa actos barbáricos y se

convierta en otro monstruo.

Con el linchamiento de este “presunto violador desconocido”, culpable o no, los límites sociales se han roto por completo en la ciudad. La crisis de autoridad, la corrupción en los tres órdenes de gobierno traducida en negligencia de jueces, ministerios públicos, policías, funcionarios y noticias poco éticas orillaron a este homicidio colectivo nunca antes registrado.

Esto es síntoma del retroceso social en el que está inmerso el municipio de Nuevo Laredo. Esto obliga a exigir un cambio urgente en las formas de informar, de las leyes, de las instituciones y quienes las representan.

A través de los medios de comunicación (en los que hoy las cosas se tergiversan, se autocensuran o se exponen a medias), se dice que la menor sí fue violada de acuerdo con la declaración de las autoridades ministeriales y los resultados clínicos del hospital en el que fue atendida.

En cuanto al hombre muerto (ante la falta de una policía científica e investigadores certificados) éste aún no es identificado y se desconoce si atacó a una niña que sigue sin justicia. En este caso hay que preguntar si a los padres las autoridades les han brindado la ayuda profesional requerida para la superación de este tipo de violencia.

El video muestra que la gente dio por hecho que aquel desconocido era culpable y le arrancaron la vida a puntapiés. Una mujer le grita a su padre que pare de golpearlo mientras éste le dice enfurecido que se vaya del lugar y hay quienes se plantean subirlo a una camioneta para abandonarlo en otro sitio. Ante este hecho, hoy, esas personas son otras no sólo ante la ley sino ante su espíritu y conciencia. ¿Qué sentirán ahora ante sus hijos o en el trabajo? ¿Qué sensaciones, qué pensamientos los invaden a diario después de haber matado?

La ciudad se derrumba y seguimos cual si no pasara nada. La ciudad está enferma, palidece al igual que la gente que la habita a consecuencia de un cáncer del que nadie advierte ni previene, como si ya no hubiera remedio. Somos muertos vivientes en la tierra del desahucio mientras lo superfluo y el morbo son incrustados como un virus cegador en la colectividad a través de la Internet y los medios de comunicación, sin un análisis que permita reflexionar a profundis, sobre este caso y tantos más, pero ante todo sobre lo cruento y nuestro marcado desamparo.

En Nuevo Laredo el tuerto es rey porque prolifera una sociedad de ciegos, una comunidad individualista, distante del prójimo, amodorrada ante el declive y una decadencia que nos carcome cada vez más. Y así, adormecidos, permanecemos sentados sobre las muelas de lo abominable, contemplando este vacío aterrador.

* El autor es Premio Nacional de Periodismo 2000-2001 y forma parte del Diccionario de Escritores Mexicanos del Siglo XX, publicado por el Instituto de Investigaciones Filológicas y el Centro de Estudios Literarios de la UNAM.

Contacto: marcosleija@gmail.com




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