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Artículo

México maniqueo


Denise Dresser

Violencia institucional y violencia popular. El Estado que reprime y una parte de la población que recurre al vandalismo porque siente que no tiene otra opción. Empresarios que exigen “la aplicación de la ley” contra la CNTE, y la CNTE que sólo ve cómo la ley se aplica de manera discrecional.

Y México atrapado allí, en ese lugar, donde el Estado de Derecho se usa a conveniencia y se viola tanto desde el poder como desde la sociedad. Donde ni un bando ni otro tienen la credibilidad para defender su posición y sostenerla de manera democrática. El Estado mata civiles en Nochixtlán y los maestros toman carreteras en el resto de Oaxaca. Ambos equivocándose, ambos contribuyendo a la polarización, ambos saboteando una solución. Ambos, actores del México maniqueo.

En el PRI, en el PAN, en el Consejo Coordinador Empresarial, en la Coparmex, en Televisa, en los pasillos del poder y en la visión de quienes lo ejercen, la lógica parece ser la misma: el movimiento magisterial está conformado por “vándalos”, “revoltosos”, “infiltradores”. La oposición a la reforma educativa está basada en mentiras, tergiversación, manipulación. Quienes apoyan a la Coordinadora o a la Sección 22 lo hacen sólo por ignorancia o corrupción. Quienes marchan y bloquean lo hacen sólo por fanatismo o sucumben ante quien lo alimenta. El movimiento social que existe hoy no está enraizado en agravios legítimos. Por ello hay que estigmatizar a los maestros, encarcelar a sus líderes, congelar sus cuentas. Culparlos.

Así piensan muchos, así reaccionan muchos. Ese es el consenso compartido por un sector que no entiende las dimensiones del reclamo. A lo largo del sur del país y a lo ancho de sus zonas más pobres. En cada escuela sin piso de cemento, sin agua corriente, sin los recursos suficientes para educar. En cada decisión arbitraria por parte de la SEP y en cada maestro que padece sus consecuencias. En cada reto a la gobernabilidad que encabeza la CNTE y en cada reacción errónea de la élite política -como Nochixtlán- para encararlo. En cada paso mal instrumentado y mal explicado de la reforma educativa y en cada agravio que sigue persistiendo por ello.

Eso es lo que no entienden quienes creen que todo es culpa de la CNTE y basta con usar mano dura contra sus miembros y simpatizantes. Quienes piensan que todo es culpa de dementes y bastará con balacearlos o desalojarlos o encarcelarlos. Quienes asumen que el camino a la confrontación ha sido trazado por culpa de una sola organización disidente y bastará con descalificarla o dejar que el tiempo lo haga. Quienes se empeñan en negar su propia responsabilidad y se rehúsan a asumirla. Los miembros de la clase política que han contribuido a la crisis educativa y ahora insisten en menospreciar sus causas. La corrupción política, la complicidad histórica con la CNTE, la venta de plazas por gobernadores, la exigencia -fundamental- de evaluación a los maestros sin el acompañamiento para mejorar las condiciones en las cuales dan clases. La CNTE es un actor antisistémico ante el cual el sistema tendría que reaccionar de mejor manera.

¿Por qué no pasar de la denostación mutua a la transformación verdadera? ¿Por qué no transitar de la imposición de la reforma a su explicación y para que los maestros la hagan suya? ¿Por qué no inaugurar un diálogo plural que sustituya la negociación cupular? ¿Por que no evolucionar de la lógica de “administrar” conflictos a la lógica de entender sus raíces? Para así llegar, como ha sugerido Mara Hernández, a acuerdos legítimos, socialmente aceptados, ideológicamente diversos, verdaderamente representativos. No se trata sólo de lanzar toda la fuerza del Estado contra los maestros, ni se trata de que Osorio Chong les haga concesiones ad nauseam para pacificarlos temporalmente.

Entonces, sí al fin de la compra-venta de plazas. Sí a la inauguración de un modelo magisterial meritocrático, democrático y transparente. Pero también sí a la protección de los derechos laborales del gremio. Sí a la inversión pública en las zonas escolares más marginadas del país. Sí a la revisión de forma integral de los planes de estudio para la construcción de un nuevo modelo educativo nacional. Sí al esclarecimiento de los hechos en Nochixtlán y el castigo a los culpables. Un ‘sí’ así, con el Estado, la CNTE y la sociedad civil, para que México sea menos maniqueo y mejor educado.



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