13/12/2016

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Juegos de Poder

Pacificar al país regresando a los militares a sus cuarteles


Leo Zuckermann

Se está cumpliendo una década de una guerra que no es una guerra porque no es una guerra convencional. Para empezar, no existe un enemigo claro y definido. No es que nuestro ejército esté enfrentando a otro de una nación diferente por el control de cierto territorio. No. Nuestras Fuerzas Armadas llevan diez años supuestamente combatiendo al “crimen organizado”, “narcotráfico” o “delincuencia”. ¿Qué es eso? Todo, y por tanto, nada. Diversos grupos e individuos que violan la ley. Desde sofisticados carteles internacionales, cuyo principal negocio es el tráfico de drogas, hasta raterillos de poca monta pasando por secuestradores, extorsionistas, violadores, asesinos, lenones y un largo etcétera.

Tampoco nunca ha quedado claro el supuesto objetivo de “la guerra”. En un conflicto bélico convencional, un ejército gana cuando el otro saca la bandera blanca. Típicamente esto ocurre después de una batalla donde uno de los ejércitos conquista un territorio relevante. El frente europeo de la Segunda Guerra Mundial terminó el día que los aliados tomaran Berlín y los alemanes se rindieron. Los japoneses hicieron lo propio posterior a las bombas nucleares que cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki. Aquí el presidente Calderón, hace diez años, declaró una guerra al crimen organizado sin definir el objetivo final. No había una meta clara para saber cuándo se había ganado o perdido la susodicha guerra. ¿Al haber rescatado Michoacán del control territorial que ejercían la Familia Michoacana y luego los Caballeros Templarios? ¿Al atrapar al liderazgo del Cartel de Sinaloa? ¿Al disminuir el número de secuestros en Tamaulipas? ¿Al evitar la epidemia de extorsiones? ¿Al bajar el número de homicidios por cada cien mil habitantes? ¿Al incautar un número récord de toneladas de drogas? ¿Al haber encontrado miles de millones de pesos por actividades ilícitas? ¿Cuál era el objetivo de “la guerra” cuando el presidente Peña continuó con la misma estrategia de Calderón?

No, en México no hemos tenido una guerra sino simple y sencillamente la utilización del Ejército y Marina en labores policiacas para las que no están entrenadas. Diez años después podemos afirmar que se trató de una mala decisión que ha incrementado la violencia en el país. El hecho puro y duro es que el número de homicidios ha crecido desde que las Fuerzas Armadas están en las calles combatiendo a ese enemigo difuso llamado “crimen organizado”, “narcotráfico” o “delincuencia”.

Entonces, ¿la solución a la violencia es regresar a los soldados y marinos a sus cuarteles? Quizá. No lo sé y creo que, a estas alturas del partido, nadie lo sabe de cierto. En una de esas, la violencia efectivamente cae estrepitosamente si las Fuerzas Armadas se retiran de las labores de seguridad pública. Pero también puede ocurrir lo contrario: que la violencia se dispare con una criminalidad envalentonada por la falta de fuerzas del Estado que las combata.

He ahí el problema de fondo. Ante el fracaso de las autoridades civiles de construir policías serias y profesionales en todos estos años, el Estado no tiene alternativas de qué hacer con unas Fuerzas Armadas cansadas de desempeñar un papel que no les corresponde. Los gobernantes prefieren mantener un status quo que no funciona a arriesgarse a probar algo diferente. El riesgo es que crezca el agotamiento y la molestia del Ejército y Marina por estar en una guerra que no es una guerra, con un enemigo difuso y con una falta de claridad del objetivo militar; de permanecer en un limbo jurídico que los deja muy expuestos a ser perseguidos judicialmente por violación de derechos humanos.

Después de diez años de una guerra que no es una guerra, yo cada vez estoy más convencido que el reto es regresar a los militares a sus cuarteles. Idealmente, como se tenía previsto, eso tendría que ocurrir cuando los civiles construyeran la policías que requiere el país. Pero nuestras autoridades han fracasado en esta tarea. Salvo excepciones, hoy no existen dichas corporaciones policiacas. Queda, entonces, armar un plan para ir retirando de manera paulatina a los militares de labores de seguridad pública definiendo territorios prioritarios donde sí se requiere la intervención militar.

Ha llegado el momento de cambiar la visión que impuso Calderón hace diez años de una “guerra contra el crimen organizado” sacando a las Fuerzas Armadas a las calles, por un enfoque de pacificar el país regresándolas gradualmente a sus cuarteles.

Twitter: @leozuckermann




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