14/12/2016

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Las ruinas circulares

El hombre al que mató el gobierno


Marcos Rodríguez Leija

Nadie sabe su nombre. Lo encontraron muerto la mañana del 9 de diciembre de 2016 frente a la presidencia municipal y a un costado del edificio de la tesorería. Sí, ahí donde los funcionarios de primer nivel se reparten nuestros impuestos a manos llenas, con salarios y compensaciones que en menos de lo que canta un gallo les permiten comprarse una casa nueva, un automóvil del año, pagarse un viaje a donde quieran y proyectar y limpiar su imagen en la prensa.

Este hombre del que les cuento, de aproximadamente 50 años, dormía sin atención alguna frente a la presidencia de esta “ciudad moderna” y lo encontraron muerto por hipotermia exactamente ahí, donde suelen decir siempre que el presupuesto no les alcanza cuando se trata de resolver esta y otras tristezas: la indigencia, la pobreza, los hospitales deprimentes y la inseguridad.

El hombre era pordiosero y no sólo murió de frío, lo mató un gobierno indiferente hacia los que no tienen familia, ni casa y duermen en las banquetas. Lo mató un gobierno indolente hacia la vulnerabilidad del prójimo. Lo mató un gobierno inhumano que justifica con absurdos sus errores, porque los malos gobernantes por todo se justifican, carecen de humildad y no reconocen su ineficiencia ni hacen algo por curar las cicatrices gangrenadas de esta ciudad y de la gente que la habita.

Para el presidente municipal de Nuevo Laredo y para su esposa (la presidenta del DIF), para el Cabildo, para los secretarios de Salud y de Sedesol, para el director de Protección Civil y otros jefes de gobierno el indigente fue nadie, nada. Siempre estuvo ahí, padeciendo frente a ellos problemas peores a la miseria, pero como su condición le impedía votar, por eso no era importante.

¿A quién le importa ahora? Irá a una fosa común. ¿A quién le importó ayer? Vivía y mendingaba en la calle. ¿A quién le importan los demás, los tantos otros que cargan una vida muerta y que morirán mañana de lo mismo: de frío, de insolación, de hambre, de olvido?

“No los podemos llevar a un albergue si no quieren”, dijo Omar Enríquez Sánchez, director de Protección Civil y Bomberos, esa fue la absurda e ignorante justificación que dio ante los periodistas que lo entrevistaron sobre lo acontecido. Mala respuesta si fue de su parte (qué inhumano); mostrenca indicación si fue sugerida por el improvisado gurú que dirige el área de comunicación social, donde se les dice a los funcionarios qué deben responder en casos como éste.

Las autoridades de primero y segundo nivel, en Nuevo Laredo, no sólo eluden leyes importantes, también olvidan principios humanos fundamentales como la responsabilidad, la solidaridad, el amor, la compasión y todos esos valores que permiten a los hombres racionales y sensibles ser capaces de contribuir al desarrollo de otros seres humanos y devolverla dignidad a las personas.

Pero en el gobierno actual no hay liderazgo, no hay humildad ni humanismo, no hay hombres, ni mujeres solidarios ni compasivos. Sólo hay “políticos” en busca de un cargo público, “políticos” ignorantes de la Constitución, ignorantes de sus obligaciones, ciegos de poder, incompetentes e incapaces de comprender lo que significan las palabras “gobernar”, “ley”, “progreso”, “modernidad”, “desarrollo social y humano”.

La Ley de Protección Civil para el Estado de Tamaulipas está regida por acciones, principios, normas, políticas y procedimientos preventivos o de auxilio, recuperación y apoyo tendientes a proteger la vida y la salud de las personas en estados de emergencia, incluidas las de origen climatológico. En estos casos, el estatuto indica que además de otras acciones preventivas está la asistencia social. Incluso el Artículo 74 de esta ley concede a todas las personas el derecho y la obligación de denunciar todo hecho, acto u omisión que cause o pueda causar riesgo o alto riesgo en la población, como por ejemplo la muerte anticipada del hombre que les cuento. Porque antes de morir de frío siempre estuvo ahí, frente sus ojos, padeciendo, pero no existió jamás como mucho otros siguen ahí, sin existir para el gobierno.

La Ley de Instituciones de Asistencia Social para el Estado de Tamaulipas obliga al apoyo y la solidaridad hacia los sectores desprotegidos. La ordenanza señala de manera clara y específica que el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) “está obligado a proporcionar ayuda altruista a los sectores desprotegidos e indigentes, que por sí mismos no se puedan valer o que de una u otra manera estén impedidos física o mentalmente para realizarse satisfactoriamente e incorporarse a la sociedad”.

La Ley de Desarrollo Social para el Estado de Tamaulipas obliga a los gobiernos municipales a garantizar el acceso de la población al desarrollo social, a promover su movilidad para el mejoramiento integral de su calidad de vida y a la superación de la marginación y la pobreza. Les exige dar prioridad a las personas vulnerables y núcleos de población que mayores carencias presenten. El Artículo 5º de esta ley habla de principios y entre estos destaca la solidaridad, habla de la inclusión y el derecho de toda persona a disfrutar la oportunidad de un beneficio de desarrollo social independientemente de su capacidad física.

La Ley de Salud para el Estado de Tamaulipas establece que se debe proteger a las personas, brindarles acceso al bienestar físico y mental y mejorar su calidad de la vida humana. Obliga a las instituciones a coadyuvar en la creación, conservación y disfrute de condiciones de salud que contribuyan al desarrollo social. Nada de lo anterior se cumple. Ni hablar de lo que establece la Constitución o las declaraciones y parlamentos internacionales sobre el derecho humano.

Por eso los culpables morales de esta muerte tienen nombre y apellido: el presidente municipal Enrique Rivas Cuéllar por no ejercer un liderazgo contundente en la resolución de esta tristeza más que representar un problema. La presidenta del DIF, Adriana Herrera Zárate, por su indolencia hacia los más vulnerables y por no acatar la ley de Asistencia Social en el rescate de los indigentes.

El director de Protección Civil por su tibieza e indiferencia hacia la protección del prójimo. La secretaria de Desarrollo Social, Iliana Medina García, por no contribuir al bienestar de un grupo vulnerable. El doctor Jorge Pérez Santos, director de Servicios Médicos Municipales, por no contribuir al bienestar físico y mental de las personas en situación de calle a través de la infraestructura gubernamental del municipio y del estado.

La culpabilidad moral también recae en los presidentes de las comisiones de Salud Pública y Asistencia Social (Alfredo Guarneros Carranza), de Protección Civil y Bomberos (Jesús Valdez Zermeño), y de Desarrollo Social (Nora Hinojosa García) por no fiscalizar la función pública y no hacer de su mandato un gobierno integral que vea por las necesidades de la sociedad más que por la imagen, en la que en el 2017 pretenden gastar 120 millones de pesos en publicidad.

Todos ellos olvidan que la seguridad, el desarrollo social y la salud pública son derechos humanos universales y estos son más que “buenas intenciones”, son normas jurídicas que deben cumplir. No cabe duda que además del invierno de 5º grados centígrados que envuelve la ciudad, otro tipo de frío nos invade y nos golpea: la indiferencia, ese grado cero de la emoción característico en los seres indolentes e inhumanos.

Marcos Rodríguez Leija es Premio Nacional de Periodismo 2000-2001 y forma parte del Diccionario de Escritores Mexicanos del Siglo XX publicado por la UNAM.

Contacto: marcosleija@gmail.com




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