18/12/2016

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Opinión Editorial

Se trata de un hermoso hogar navideño


Ninfa Deándar Martínez

Las calles de mi pueblo, marcan un historial de gente laboriosa y generosa.

Las calles de los Laredos cuentan la grandeza de sus soldados y soldaderas, listos para empuñar el 30-30 al igual que el azadón para abrir las entrañas de la madre tierra y sacar el fruto bendito y dadivoso.

Asimismo, el fusil para abrir el pecho y sacar el corazón de aquel que mancille su honor o dignidad de sus hijos.

Las calles de mi pueblo observan en silencio y emana una plegaria del suelo prodigioso. Diciendo en voz muy lenta que se siente viva, hermosa, con gozo en su alma. Viene un aire milagroso que surge y aprieta fuerte: la Navidad, que nos abraza y aclama poderosa,

Soy la voz de tus ancestros que marcan con afán tu camino luminoso, por ser tu alma bondadosa y tus entrañas siempre mágicas, creando ingenio renovado y esplendoroso.

Tus afanes siempre llevas con el amor al terruño que marca el destino milagroso de tus ancestros.

Recibe los dones de esta tierra que te heredaron tus padres y abuelos y defiende con dignidad la antorcha que tus hijos encendieron e iluminan con su presencia.

La inspiración llegó a mi pluma en la estancia bonita y hogareña de mis amigos en Laredo, Texas, los Ramírez y los Peña, ramas del mismo árbol del que venimos los habitantes de ambos lados, como decía Mauricio González de la Garza, los Peña, Martínez, los Ramírez.

Con cálido afecto el compadre Ramírez después de su trabajo, llega a casa y barre las hojas secas del patio e Irma su compañera, sobrina del afamado doctor Roberto Peña Vidaurri, oriundo de Nuevo Laredo, Tamaulipas, ejerció y casó en Reynosa, Tamaulipas, en la cocina, de donde se desprenden ricos olores de la comida mexicana e invitan a la mesa con su bella hija de ojos grandes y verdes como las mujeres del norte.

Después de auxiliar a su madre, ya en sobremesa, arrulla con su bello canto y bailan en la sala con su pequeña nueva amiga, Lucía, mi nieta, la “Manzanita” que no se le desprende a la abuela y a quien le gusta mucho el “shopping” en las tiendas de Laredo, Texas.

El árbol y el enorme Santa sonríen en el maravilloso ambiente del bello canto y se mezclan olores y colores del pino, del hogar y de la cocina, festejando con alegría la época navideña.

Y emana el olor de los recalentados tamales de venado y frijol con chile, con sabrosa salsa de chile del monte. Las nochebuenas florean en el jardín con colores rojos y amarillos.

Lucía y Malu, niñas bellas, vuelan por la estancia y el jardín. La chimenea desprende chispas doradas festejando el ambiente. La familia Ramírez Peña, junto con sus amigas Marina Rodríguez, hija de la afamada doña Adela Robles de Rodríguez, apasionada priista que no logró abatir las corruptelas de su partido, y su esposo Donato, escritor de El Mañana. Sus editoriales inspiraban la lucha cotidiana por la limpieza de los partidos.

Ramiro, el padre, se une al regocijo y levanta a Lucía para jugar entre varias generaciones y cantar en el ambiente de Navidad.

Tocan el timbre y entra el sol, reflejado en los norteños y enormes ojos verdes y divinos de mi hija Cuquis, quien llega de Reynosa a pasar la Navidad con su madre y hermanos.

Un hogar feliz que transpira y respira aires navideños y que desea con el corazón en la mano felicidad, armonía, paz y bendiciones a todas las familias de los dos Laredos.




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