20/12/2016

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Las ruinas circulares

Competitividad sin sustentabilidad


Marcos Rodríguez Leija

En la búsqueda por alcanzar mejores niveles de competitividad, en Nuevo Laredo los intereses económicos están por encima del deterioro ambiental. La falta de protección a la poca naturaleza que hay en la zona urbana es lamentable cuando no hay programas que mejoren el entorno y a nivel global se intensifican cada vez más las acciones para afrontar los retos del cambio climático.

Durante la segunda semana de diciembre dos palmas y un árbol fueron talados para iniciar la construcción de un complejo comercial en Paseo Colón y Reforma. Quizás para los empresarios, para los funcionarios y regidores de la administración actual eso no tenga importancia pero lo acontecido es delicado tratándose de una ciudad como esta.

El hecho demuestra la falta de visión a futuro. Revela que los proyectos urbanísticos autorizados no son sustentables ni se apegan a lo establecido en el Reglamento para el Equilibrio Ecológico y Protección al Medio Ambiente, no acatan la Ley de Protección Ambiental para el Desarrollo Sustentable del Estado de Tamaulipas ni lo establecido en otros decretos. También proyecta el desconocimiento de las autoridades sobre el problema local en lo que a biodiversidad se refiere.

El municipio no destaca como ciudad verde en las evaluaciones de competitividad urbana realizadas por Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) y los resultados del Índice de Ciudades Competitivas y Sustentables (ICCS) 2015 no fueron alentadores. De 78 ciudades evaluadas ocupamos el lugar 70 en el Índice de Desempeño Ambiental (IDA).

La calificación abarcó la gestión del servicio de agua potable y su aprovechamiento como recurso limitado, la calidad del aire y los esfuerzos municipales para reducir las emisiones contaminantes y de gases de efecto invernadero. Incluyó el impacto ambiental por consumo de suelo, la accesibilidad a espacios verdes, la protección y conservación de la biodiversidad y el manejo y la gestión integral de residuos sólidos urbanos, entre otras acciones.

Además del IMCO el estudio fue realizado por el Centro Mario Molina, BANOBRAS e INFONAVIT con la participación de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano; la Secretaría de Energía; la SEMARNAT; el Consejo Coordinador Empresarial y The Latin America Regional Climate Initiative (LARCI).

El objetivo fue vincular la sustentabilidad y la competitividad para reconocer las buenas prácticas de los gobiernos locales y promover iniciativas, soluciones y proyectos innovadores para el crecimiento sustentable que mejoren la calidad de vida ciudadana.

Por ejemplo: “fomentar un desarrollo económico respetuoso con el medio ambiente y la población, en congruencia con el marco legal vigente”; y “transformar las obras públicas y privadas en infraestructuras que apoyen la estrategia de sustentabilidad local y la proyecten hacia un desarrollo urbano inteligente”.

La línea de tendencia, subraya el documento, indica que en este tipo de ciudades se sacrifica el medioambiente en aras de mejorar la competitividad. Es aquí donde la tala de dos palmas y un árbol adquiere otro enfoque, se vuelve un hecho crítico y reafirma el por qué ocupamos el lugar 70 de 78 en el impacto ambiental por consumo de suelo derivado de la expansión urbana.

Un diagnóstico ambiental del Programa de Apoyo a la Comunidad y Medio Ambiente (PACMA), también señala que Nuevo Laredo no cuenta con reservas ecológicas o zonas protegidas ni participa en el programa “ProÁrbol” como receptor de plantas, un esquema que le permitiría recuperar masa forestal de acuerdo a la vocación natural de nuestro ecosistema y a las necesidades de la población.

Se estima que de mil 201 kilómetros cuadrados de superficie, 48 por ciento son pastizales y 0% bosque, pero también ese tipo de vegetación natural de la región ha sido arrasada por los cambios en el uso del suelo en las últimas décadas para la construcción de fraccionamientos habitacionales hacinados u otro tipo de edificaciones en los que no se cumple con el porcentaje destinado para áreas verdes.

El Reglamento para la Protección Ambiental y el Desarrollo Sustentable del Municipio de Nuevo Laredo lo expone claramente: “un árbol es un ser vivo, también denominado sujeto forestal, cuyos beneficios al entorno urbano son la producción de oxígeno, el mejoramiento al clima, su aportación a la imagen urbana y al paisaje, el ser hábitat de fauna complementaria y ser parte del ciclo ecológico del entorno urbano”.

Las respuestas del Cabildo, de las áreas de Planeación Urbana y de Medio Ambiente para minimizar el hecho no tienen justificación, su labor es garantizar la protección y restauración de áreas naturales, hacer valer el marco jurídico y ampliar las áreas protegidas; pero si este es el tipo de ciudad moderna que tanto ofrecen, entonces habrá que darle la bienvenida a una urbe de polvo y cemento y a la continuidad de plazas sin árboles y pasto sintético.

Marcos Rodríguez Leija es Premio Nacional de Periodismo 2000-2001 y forma parte del Diccionario de Escritores Mexicanos del Siglo XX publicado por la UNAM.

Contacto: marcosleija@gmail.com




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