04/01/2017

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Las ruinas circulares

Sobre proyecciones, predicciones y realidades


Marcos Rodríguez Leija

Las proyecciones son totalmente distintas a las predicciones. Las primeras están vinculadas con los anhelos, con los propósitos, pero éstos no llegan por arte de magia como quien invoca un deseo al apagar las velas de cumpleaños. Lo segundo (las predicciones), son augurios y profecías que nadie es capaz de acertar.

El error de todos los gobiernos locales, incluidos el que rige actualmente en Nuevo Laredo, radica precisamente en proyectar sin trabajar a fondo en la resolución de los problemas de la ciudad y en lanzar augurios anticipados que los hacen caer en la petulancia, en una recurrente argucia que convierte a sus gobernantes en la misma caricatura de siempre.

El miércoles 28 de diciembre de 2016, a través del área de comunicación social emitieron un boletín titulado: “Tendrá Nuevo Laredo proyección internacional en 2017: Enrique Rivas”. Lo anterior demuestra que los sistemas de información gubernamentales son arcaicos y persisten en anticipar lo incomprobable, siguen aferrados al culto a la personalidad, en el banal encumbramiento político del jefe en turno y en el uso de un lenguaje mesiánico y triunfalista poco objetivo y alejado a la realidad.

En el comunicado en cuestión se cita: “Con una serie de eventos de primer nivel y una agenda con actividades de beneficio colectivo, el Presidente Municipal Enrique Rivas estará enfocado en conseguir que el 2017 sea un gran año para Nuevo Laredo, de despegue, de generación de empleos, de impulso a la economía y desarrollo de nuevos negocios”.

No hay noticia. No hay logros. No hay acciones concretas ni contundentes, únicamente verborrea, el mismo circunloquio ambiguo de siempre, el mismo mensaje tedioso que de tanto repetirse ya suena afónico, augurios inciertos de una “eventitis” sin beneficios reales.

Los gobiernos modernos, refiriéndome a aquellos que sí lo son en otras partes del mundo, basan su información en hechos, en los objetivos logrados, no prometen ni se anticipan a pintar un futuro color de rosa, sino a exponer lo que se está viviendo.

Si el 2017 será aquí, ahora sí, un año despegue, de generación de empleos, de impulso a la economía y desarrollo de nuevos negocios, cabría preguntar entonces: ¿En qué condiciones recibió la ciudad el gobierno actual? ¿No despegó con el “Gobierno del Cambio”? ¿El presidente anterior no impulsó la economía ni generó nuevos empleos? ¿Es el presidente actual ahora sí el verdadero superhéroe que viene a salvarnos de la hecatombe y la miseria y no lo fueron otros que lo antecedieron y nos bombardearon con las mismas estrategias publicitarias? Porque, desde las primeras semanas de su gobierno, en algunos medios se está afirmando que Enrique Rivas Cuéllar ya ha hecho de esta una ciudad moderna, con hechos históricos y sin precedentes.

Entre los “eventos de primer nivel” y la “agenda con actividades de beneficio colectivo” que mencionan en el comunicado, anuncian que organizarán la reunión de gobernadores de estados fronterizos (Conago) durante la tercera semana de enero. En marzo pretenden llevar a cabo una reunión nacional de alcaldes y en abril un Congreso de Competitividad.

Lo que no dice el comunicado es cuánto de nuestros impuestos costarían estas reuniones superfluas para la “proyección internacional” de una ciudad raquítica y enferma como la nuestra. Tampoco dice ante quién y para qué serviría la “proyección” de una urbe de calles maltrechas y parchadas, de alta inflación, sin transparencia ni seguridad pública, con rezago social, con vergonzosos indicadores de competitividad nacional, sin un plan de desarrollo regional ni políticas públicas con visión de largo plazo en materia económica, urbanística, ambiental, cultural y educativa acordes a la transmodernidad que exige la globalización.

¿Cuánto nos constarán estos convites de funcionarios en una ciudad con parques industriales abandonados, sin un aeropuerto de carga, con sistemas obsoletos para la revisión de mercancías en los puentes internacionales?

¿De qué nos sirve la “proyección” de una ciudad sin equipamiento moderno en las corporaciones de bomberos y de protección civil para apagar incendios?¿Para qué mostrar internacionalmente una ciudad con un centro histórico abandonado, sin protección del patrimonio cultural arquitectónico, donde proliferan la prostitución, los bares de mala muerte y la venta de droga? ¿Dónde estaría el beneficio colectivo del que se habla?

Es absurdo pensar que convites como los anteriores darán realce a una ciudad avejentada y enferma como Nuevo Laredo. Las carencias son muchas y no hay acciones contundentes que permitan hacer de este lugar lo que dicen que es, pero en realidad no es: “la ciudad del cambio”, “una ciudad moderna”, “una ciudad que se transforma”, “una ciudad valorada” o “la aduana más importante de Latinoamérica”.

Los discursos se repiten como el capítulo de una película atascada: “¡Este será el trienio, el año, el gobierno del despertar del gran líder que es Nuevo Laredo!”Pero todo se queda ahí, en una perorata mesiánica, en un insolente augurio, en un iluso y caricaturesco anhelo que no llegará jamás con la organización de convites de la elite gubernamental ni mucho menos por arte de magia como quien invoca un deseo al apagar las velas de cumpleaños.



Marcos Rodríguez Leija es Premio Nacional de Periodismo 2000-2001 y forma parte del Diccionario de Escritores Mexicanos del Siglo XX publicado por la UNAM.

Contacto: marcosleija@gmail.com




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