10/01/2017

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Las ruinas circulares

La inutilidad de las marchas en México


Marcos Rodríguez Leija

Las marchas y bloqueos contra el gobierno a causa de los problemas que nos aquejan son inútiles en México. Estos actos de inconformismo no llevan a nada en la actualidad, son un círculo vicioso arcaico y desvirtuado que afecta más nuestro destino en lugar de beneficiarnos.

Tan sólo en la Ciudad de México, de agosto de 2014 a julio de 2015, el gobierno capitalino registró 3 mil 139 manifestaciones (39 por ciento por reclamos locales, 55 por ciento por inconformidades contra el sistema de gobierno federal y 6 por ciento contra particulares). Según la Cámara de Comercio y Turismo en Pequeño de la Ciudad de México fueron más. En ese entonces aseguró que en total habían sumado nueve mil 111 manifestaciones, un promedió de 24 protestas diarias.

En el país los reclamos son constantes, no cesan. Todo el tiempo la gente se queja por despidos injustificados, por el alza en el precio de los productos básicos y en las tarifas de transporte o energía eléctrica; reclama por la violencia imparable que sacude al país, por los feminicidios, por la desaparición forzada y crímenes de estado; protestan contra actos de corrupción cometidos por servidores públicos, por los bajos salarios que percibe la llamada clase trabajadora o como ocurrió el pasado 5 de enero: por el alza en los precios de la gasolina.

Las personas se manifiestan de distintas formas, lo hacen con recorridos pacíficos por calles emblemáticas hasta postrarse frente a las oficinas donde trabajan los responsables de nuestro declive económico y social. Otros optan por las huelgas de hambre, otros bloquean calles, carreteras o las casetas de cobro de las autopistas pero ninguna de estas y otras formas de exigir los derechos de una vida mejor han influido en la transformación de las instituciones gubernamentales ni en el desarrollo integral de los mexicanos.

Está comprobado. En lugar de beneficiar, los actos extremos como los bloqueos o el robo e incendio de camiones no sólo perjudican a terceros, también afectan nuestro destino como mexicanos. Se estima que al año, por este tipo de acciones, hay pérdidas económicas por 40 mil millones de pesos, mientras los problemas del país siguen ahí, multiplicándose, empeorando.

Es cierto que manifestarse es un derecho, que la mayoría son protestas genuinas y por una justa razón, pero también hay quienes se aprovechan del idealismo romántico de muchos. Hay “líderes” astutos, opositores al gobierno en turno que a través de una protesta concurrida buscan componendas y en lugar de contribuir a la resolución de los problemas hacen un espectáculo que alimenta el río revuelto que vivimos en la actualidad, esta anarquía, este desorden, este círculo vicioso de elecciones chapuceras, de corrupción e impunidad.

Ahí radica la inutilidad de las marchas, en la ingenuidad de la gente, en movimientos fugaces, algunos manipulados y otros pasivos y sin contundencia. Por ello muchos de estos son fácilmente “reventados” por el propio sistema de gobierno con infiltrados que intimidan y siembran el miedo con actos de violencia que desvirtúan la indignación multitudinaria en el reclamo justo de nuestros derechos y bienestar.

La corrupción, la mentira y el cinismo de los gobernantes mexicanos es cada vez más abierta, es tan monstruosa como su mentalidad siniestra para prevalecer en el poder. Por ello, en lugar de marchas y plantones, lo que se requiere urgentemente en México es una sociedad organizada que a través de acciones contundentes conlleven a la revocación de mandato. Sin este paso urgente y necesario, nuestro país seguirá siendo el mismo: una dictadura perfecta, la caricatura de una eterna tragicomedia.

Marcos Rodríguez Leija es Premio Nacional de Periodismo 2000-2001 y forma parte del Diccionario de Escritores Mexicanos del Siglo XX publicado por la UNAM.

Contacto: marcosleija@gmail.com




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