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Aventuras del Mantarraya

Robaletas entre lajas


Óscar Leal



Por desgracia los climas cálidos que prevalecen durante esta temporada de cacería aletargan a los venados, eso disminuye el porcentaje de buenos ejemplares, lo cual nos abre la oportunidad de armar una aventura de pesca.

Precisamente en el rancho rentado por el amigo Juan Aceves, por el rumbo de la carretera Ribereña, colindante al río Bravo, kilómetros antes del poblado de San Ignacio, justo ahí sus márgenes muestran isletas intercaladas casi a mediación de sus aguas. Lugar de mediana profundidad donde las piedras desgastadas por la corriente forman fosas que junto con la vegetación, conformada por juncos y carrizales medianos, crean el hábitat perfecto para la reproducción de la robaleta. Pez de cuerpo corto y regordete, similar a la mojarra, que gracias a su cabeza y boca alargada cuentan con apariencia similar al del robalo verde o lobina, pez muy apreciado por pescadores recreativos gracias a su carne comestible de tono blanco.

Después de una serie de eventos climatológicos, contaminación y depredación excesiva, este singular pez se vio afectado en su número que disminuyo a niveles considerables.

Su reaparición desde el 2014 sobre las aguas del río Bravo se ha visto en incremento y para este 2017 ya podemos observar niveles muy altos, gracias a su fácil reproducción que forma una parte muy importante en la cadena alimenticia de este gran río.

Dicho pez, prefiere climas templados para su reproducción y durante los meses de enero y febrero se pueden observar grandes concentraciones de cardúmenes sólo en ciertos sectores del río Bravo, donde las lajas y suelos empedrados se conjugan con la vegetación, facilitando un entorno que les ayuda a encontrar alimento con el menor de los esfuerzos, gracias a la abundancia de arañas, libélulas, caballetes y acamayas (camarones de río).

Cada pareja cuenta con la capacidad de depositar millares de huevecillos en sus nidos, a su vez estos huevecillos pasan a formar parte de la cadena alimenticia de donde las mojarras, bagres y cuchillas obtienen su alimento.

Las acamayas son los que más disfrutan el festín, sin olvidar que las robaletas utilizan sus nidos para atraer a los depredadores, colocándose a una distancia prudente para vigilar el nido, una vez que las acamayas intentan alimentarse en sus nidos, convierten a los intrusos en su alimento.

Lo fascinante de esta especie es que se concentran en millares y una vez que tú señuelo atrapa el primero en minutos podrás sumar una docena de capturas.

¡Cuéntame tu historia, tú ya conoces la mía!, viajesdepesca@hotmail.com.






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