19/02/2017

2
0
Opinión Editorial

Azul como el mar


Ninfa Deándar Martínez

Los recuerdos son como los colores y como el mar.

Como dice la canción de Agustín Lara, como una ojera de mujer, azul, azul como un amanecer.

Allí se unen los colores con tonalidades cambiantes, como el día que precede la noche, colores que al comunicarse se llenan de gracia y virtud. El viento que al temblar marca el tiempo que transcurre, al igual que los colores, se mece en un mar tranquilo que dibuja cuidadosamente las tonalidades.

En las profundidades el mar se agita, logrando el blanco espumoso que se asoma al aterrizar tranquilo sobre la planicie.

En su contemplación de mágicos colores con sabor a sal, brillante y luminoso, despertamos de un candoroso sueño de mil tonalidades. Sublime ilusión, iluminada por mentes despiertas que sueñan y van más allá del infinito, asomándose a las profundidades para ver cada movimiento como una sinfonía, como canción de cuna con sonrisas de amanecer y mirada de atardecer. Duerme como niño en la arena blanca y tibia. Observa con atención las chispas que surgen de la leña que encendimos.

Esa sonrisa suya, esplendor de lentejuelas. Cierra tus grandes ojos gris verde, mi niño. Duerme como un duende, mi hermoso hijo. Y viaja hasta las distancias más insólitas. Tiempo después abres tus ojitos para decirme con la mirada el terrible acontecer de un futuro inmediato. Tiembla mi voz, se desvanece mi mente. ¿Por qué me comunicas esos sueños, ángel mío? Cierro los ojos y observo tu (carita) blanca, tendido adentro, tus ojos cerrados durmiendo. Así estabas, así estás en estos recuerdos tan persistentes de tu madre que te extraña, que aún siente tu cuerpecito inerte sobre mi pecho. Allí en un lugar del fondo de la casa, en mi mecedora, cantando “Duerme mi niño”.

Qué frágil es la vida, qué en vano es vivirla, mas la luz de tu mirada ilumina mi camino.

Luis, Luisito hoy cumplirías cuarenta años.

Cuarenta largos años de añoranza, de luchas en que tu madre tomó la pluma como protector y espada que a veces te mata o que a veces extermina tus sueños. Pero ¿valía la pena? No sé. Pensaba que sí, porque en el horizonte veía un nuevo amanecer para mi país, para esta República nuestra tan mancillada y apuñalada por sus propios hijos. Bien decía Colosio, cuando por desgracia en un momento de percepción le anuncié que lo iban a matar como lo hicieron con mi hijo Luisito. Observando sus grandes ojos de un esplendoroso café oscuro, amplia dentadura y color blanca como las perlas en el mar profundo, me dijo: “Ninfa si me matan sigan ustedes, rescaten al país, súfranlo, súdenlo, pero rescátenlo”.

Ahí en su oficina de Sedesol yo misma me observaba y tenía la imagen del Quijote con su lanza al cielo de México, o a Sor Juana Inés de la Cruz que en un lienzo estaba con su pluma en la mano y su hábito de Sor –en el convento o enfrentando con verbo lúcido y fuerte al monje, no lo sé. Me conmovió su fe en la mujer y en el porvenir de nuestra sufrida República. Allí estaba el rojo carmesí, en la espada del Quijote, y en la tinta negra de Sor Juana.

El rojo que escurría de la cabeza de Luis Donaldo el día de ese disparo maldito, ¿la mano de Salinas, como mencionó “El Búho”, en su libro “El último disparo”? Quizá también fue una percepción de mi hermano Eduardo Valle, líder del 68 que con tremenda imaginación allí lo plasmó.

De allí se refugió Eduardo en las tierras del enemigo, como él solía decir, en Brownsville Texas, donde lo visitábamos Bruce Miller y yo. Viajamos con largas pláticas hacia la Isla del Padre, donde disfrutábamos los grandes camarones que nos encantaban.

Mi amigo Bruce y yo lo llamamos en varias ocasiones y recuerdo las cartas que se robó de la PGR. Las estudiábamos cuidadosamente para analizar ese crimen histórico. Allí se cruzan los recuerdos de los colores y del acontecimiento, como una sinfónica de Tolstoi o un Dostoievski describiendo los distintos panoramas de nuestros aconteceres.

Con música de mariachi y tequila Cuervo festejamos los cumpleaños de tres tristes tigres, Bruce, “El Búho” y yo, entre las olas del mar que Agustín Lara interpretara en su piano.



 MIS AMIGOS

 Mauricio González de la Garza no escondía su malestar con ideas liberales como las de Bruce y “El Búho”, o las mías propias.

Mi gran amigo y compadre Julio Scherer y Francisco Fé, se inquietaban un poco al tener relaciones con un individuo como Mauricio, al que consideraban superfluo, cosa en la que yo difería.

Un día platicando con Julio y Paco les comenté lo que me había pasado. Con alarma en el rostro les anuncié lo que me había pasado en el rancho de mi mamá Ninfa Martínez, en San Ignacio, Tamaulipas. Estando allí, una tarde mi nieto traía un pequeño conejo en sus manitas toscas y fuertes y al entrar al portal le dije: “¡No niño! Lo vas a matar”. Al darme el conejito lo tomé con cuidado y lo calenté, pasándole mi aliento sobre su cara. El conejo no reaccionó, estaba muerto. Caminé nerviosa con él en mis manos. Mi madre, al verme, me dijo: “¿Qué te pasa Ninfa?”. Le dije: “¡A Colosio lo han matado…!”. Corrí al auto y me fui del rancho a Nuevo Laredo. Allí vi en la televisión, en el periódico, que habían matado a Colosio con un balazo en la cabeza. “No platiques ese episodio”, me dijo Julio. Mauricio me contestó: “No toques ese vals. Cierra ese piano”. Paco me asustó: “Ni lo comentes Ninfa, te van a juzgar loca”. Después el silencio… Hoy lo rasgué.

Pero ahora me llega la luna azul de Javier Solís. Escuchar su música me inspiró este capítulo de una vida provinciana, su “Luna azul” y un amanecer de esplendorosos colores y rodeada de un mar azul del Atlántico. Con Luises alrededor de mi vida que han marcado mi existencia de ese rojo añil, naranja de amanecer y azul gris de anochecer en los cielos de mi amado país, México.

 Dedicado con todo cariño a los hijos de Diana Laura y Luis Donaldo Colosio. A Don Luis Echeverría y a su hijo Benito. A mis hijos Ramón Cantú, Ninfa, Heriberto y Cuquis. A mis nietos.



Dale ME GUSTA a nuestra página de Facebook o síguenos en Twitter como @Elmananaonline

Editora Argos agradece cada una de las opiniones vertidas en este sitio.
Internet es una herramienta formidable para ejercitar la libertad de expresión y servir como medio de legítima denuncia, crítica y opinión.

Por el respeto a esta encomienda, El Mañana se reservara el derecho a editar o publicar mensajes obscenos o bien que atenten contra la ley, el orden social y la dignidad de terceros.

Agregar un comentario nuevo






Nuevo Laredo, Tamps.  
Compra
$19.20
Venta
$20.20
EDICION
IMPRESA
 
internet@elmanana.com.mx