28/02/2017

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Juegos de Poder

¿Puede el PRI ganarle a AMLO?


Leo Zuckermann

Como todos los domingo, leí la editorial de Luis Rubio en Reforma. Se la dedicó a la competencia electoral de 2018 en México. Según él, contra lo que se piensa hoy, “el PRI podría ganar la elección si postula a un candidato capaz de llevar al 100% de su militancia el día de la elección. Me parece que sólo hay dos o tres priistas que podrían lograr esa faena. Así, de ser correcto mi análisis, la elección está en manos del PRI y no de AMLO. Todo dependerá del candidato que sea postulado y su capacidad para lograr que todos los priistas asistan el día de los comicios”. No estoy de acuerdo y explico por qué.

Luis comienza su análisis rechazando la idea de que López Obrador ya ganó la próxima elección presidencial. Correctamente, desmantela, uno por uno, los cinco argumentos que sustentan esta noción: “Primero, ‘ya probamos al PRI, ya probamos al PAN, ya volvió el PRI y sigue sin funcionar’. Segundo, sólo él, un nacionalista de cepa, nos puede defender de Trump; tercero, no hay candidatos creíbles en los otros partidos; cuarto, así lo dicen las encuestas; y, finalmente, le toca”. Todavía falta mucho para la elección y nada, absolutamente nada, está definido. Lo único cierto es que hoy el favorito es López Obrador. Pero también lo era, y por un margen mayor, en febrero de 2005 cuando se veía invencible y perdió por poquito.

Acertadamente, Rubio menciona que “las contiendas de más de dos candidatos y una sola vuelta electoral siempre acaban siendo de dos, casi una ley de hierro de la política. En este sentido, la interrogante clave es si la contienda acabará siendo entre PRI y Morena o entre Morena y el PAN. Ceteris paribus, parece evidente que AMLO va a ser el ‘elefante en el salón’, el candidato a vencer”. Coincido cien por ciento: la competencia va a ser entre AMLO y otro. También es muy posible, como dice Luis, “que el próximo presidente probablemente será electo con menos de 30% del voto” debido a la creciente fragmentación del voto.

Donde ya no concuerdo es en la conclusión de Rubio de que el enfrentamiento más posible sea entre AMLO y el candidato del PRI y que, si éste logra sacar al voto duro, el priista podría ganar. Y es que el tricolor está en el peor momento de su historia no sólo en las encuestas sino en resultados electorales. En las primeras, el PRI, que hace un par de años era el partido con más intenciones de voto, hoy aparece en un lejano tercer lugar después del PAN y Morena. Alrededor de un 20% de votantes se expresa a favor del tricolor (quitando a los indecisos). Este número está por debajo de la votación más baja que ha obtenido este partido en una elección presidencial: la de 2006.

Dos datos adicionales de las encuestas: la tendencia a favor del PRI claramente va a la baja y todos los posibles candidatos sacan menos votos que el PRI como partido. Un desastre. Y a eso hay que sumar los resultados electorales de los últimos dos años. En 2015, el gran perdedor de la elección federal fue el PRI. Lo mismo en los comicios de gobernador del año pasado.

Luis argumenta que el PRI necesita a un candidato que saque a votar a su voto duro que él menciona, citando a “algunos”, en 26%. Este porcentaje, por lo que hemos visto en elecciones y en las encuestas, parece alto. Pero, además, el encargado de sacar al voto duro el día de la elección no es el candidato sino los gobernadores de los estados. Tradicionalmente ellos son los que controlan las maquinarias priistas que aceitan con un chorro de dinero. Y ahí el PRI ha venido perdiendo mucho terreno.

Las ocho entidades con más ciudadanos inscritos en el padrón electoral son, en orden descendente, Estado de México, Ciudad de México, Veracruz, Puebla, Jalisco, Nuevo León, Chiapas y Michoacán. Hoy el PRI sólo gobierna en el Edomex, medio en Jalisco (donde comparten el poder con Movimiento Ciudadano) y medio en Chiapas (donde gobierna su aliado el Verde). El próximo junio hay una posibilidad muy alta que los priistas pierdan su último gran bastión electoral: el Estado de México. Si así ocurre, llegarían al 2018 con medio dos gobiernos estatales de los ocho más poblados del país. No se ve, con estos números, cómo podrían movilizar un voto duro que cada vez es menor.

En conclusión, querido Luis, coincido contigo que no se puede dar por descontado que López Obrador ya ganó, pero no creo ni que la elección se vaya a polarizar entre AMLO y el candidato del PRI ni que éste pueda ganar. Y es que, por donde se vea, los números del PRI son abismales, los peores de su muy larga historia.

Twitter: @leozuckermann




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