08/03/2017

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Juegos de Poder

¿Cómo va a competir México?


Leo Zuckermann

La entrevista del secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, a CNBC nos da algunas pistas de lo que está pensando la administración Trump con respecto a la relación comercial con México. Los mercados recibieron bien sus declaraciones. El peso ganó un 2.5% con respecto al dólar en un día porque Ross afirmó que, “si nosotros y los mexicanos hacemos un acuerdo de comercio muy sensible, el Peso recuperará mucho”. Sin embargo, el secretario habló mucho más acerca de la relación comercial con México que bien podría dejar en manos de EU su competitividad frente al mundo. ¿Por qué?

Comencemos con lo básico. Para poder competir en el mercado estadounidense, nuestras exportaciones tienen que entrar libres de aranceles. Es el principio del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Cualquier impuesto que EU le ponga a las importaciones que lleguen de México nos hace perder competitividad. Eso es precisamente lo que quieren los proteccionistas del vecino del norte: desincentivar a las empresas para que vengan a producir a México.

Pero no queda claro que el gobierno de Trump quiera eso. De acuerdo a Ross, la prioridad será “facilitar las exportaciones de EU a otros países eliminando barreras arancelarias y no arancelarias del comercio”. Le preguntan entonces por la idea de establecer un Impuesto de Ajuste Fronterizo (AIF), a lo que responde que su país tiene derecho a hacerlo porque muchas naciones tienen un Impuesto al Valor Agregado que se cobra a las importaciones, pero exenta a las exportaciones.

Ross, en principio, no ve mal la ida de un IAF porque esto también permitiría recaudar más tributos para equilibrar el déficit público. El problema es que el consumidor americano costearía dicho impuesto al pagar más por las importaciones. No obstante, los defensores del IAF creen que no habría incremento de precios para los consumidores porque el dólar se fortalecería frente a las monedas de los países que le exportan mercancías. A Ross no le convence este argumento y por eso se muestra un tanto escéptico de esta opción. Lo cual nos lleva al tema del TLCAN. Al parecer no están pensando en imponer aranceles fronterizos. Esto podría ser una buena noticia, aunque con Trump uno nunca sabe por su legendario gusto por el bullshit.

Ross, a diferencia de su jefe, se ve que entiende los intríngulis del comercio internacional. Con respecto al TLCAN, afirma que hay que hacer tres cosas. Primero: revisar las reglas de origen que, según él, son muy favorables para México. En este sentido, el gobierno estadounidense presionaría para que las exportaciones mexicanas tuvieran un mayor contenido de piezas de ese país. Creo que el gobierno mexicano, con espíritu de salvar el libre comercio entre ambas naciones, bien podría abrir una negociación de reglas de origen.

Segundo: según Ross, la idea del TLCAN era que eventualmente los salarios mexicanos convergieran con los estadounidenses. Esto claramente no ha ocurrido. Y, por increíble que parezca, el secretario propone buscar mecanismos para subir los salarios mexicanos. Esto puede sonar como una magnífica idea, pero esla ilusión típica de los políticos. La realidad es que los sueldos los determina el mercado. Cuando suben por decreto, crece la contratación de trabajadores informales dispuestos a ganar menos. Se requiere un Estado y sindicatos muy fuertes para obligar a los empresarios a pagar un salario por arriba del mercado. Ni uno ni lo otro existen en México: el Estado es débil y los sindicatos charros. Paradójicamente, los republicanos se oponen a incrementar el salario mínimo en EU y he aquí al secretario de un gobierno republicano proponiendo subir los mexicanos. Francamente no veo cómo pueda lograrlo.

Lo cual nos lleva al tercer y último punto de Ross con respecto a México. Mi profesor de comercio, Jagdish Bhagwati, argumentaba que la mejor política comercial era el tipo de cambio. Vamos a decir que EU pone un arancel del 20% a las importaciones mexicanas y que al día siguiente el peso se devalúa 20% con respecto al dólar. El efecto final es que el país no pierde competitividad alguna. Esto lo tiene claro Ross quien dice que EU debe buscar mecanismos para estabilizar el tipo de cambio del peso con respecto al dólar.

Quiere que no haya fluctuaciones importantes para que, como ahora, con un peso subvaluado, se incentiven las exportaciones que salen de México y desincentiven las importaciones hacia nuestro país. Cuando le preguntan cómo, responde que eso le correspondería al Departamento del Tesoro y la Reserva Federal, pero pone como ejemplo las garantías que EU dio a la deuda mexicana en 1995 que estabilizó el tipo de cambio. De prosperar esta idea, México le podría estar entregando su política cambiaria y monetaria a EU y ellos acabarían decidiendo nuestra competitividad relativa con el mundo. ¿De verdad queremos eso?

Twitter: @leozuckermann




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