15/03/2017

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Juegos de Poder

Aburguesado y sin ideas


Leo Zuckermann

Resulta de pena ajena observar desde fuera la hemorragia del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Ver cómo López Obrador les come el mandado sin que ellos presenten una alternativa de izquierda a Morena. Cómo prevalecen las diferencias personales sobre las ideológicas. Cómo varios chaquetean buscando refugio con el cacique redentor que no se ha cansado en insultarlos. Cómo se han aburguesado –concepto que tanto critican los izquierdistas– acostumbrándose a una vida confortable llena de privilegios pagados por los contribuyentes. Cómo defienden sus pequeños feudos que cada vez empequeñecen más.

El PRD se formó en 1989 como partido integrador de distintos grupos de izquierda que apoyaron la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas a la Presidencia en 1988. Desde entonces, creció mucho para convertirse en uno de los tres partidos grandes de México. En 2006 estuvieron a punto de ganar la elección de Presidente con López Obrador. Pero ya desde entonces eran evidentes las diferencias entre las distintas facciones del partido. Los grandes líderes fueron abandonado el partido incluyendo a Cárdenas y AMLO. La escisión de Éste último, que se fue a formar Morena, ha resultado letal para el que fue el gran partido de la izquierda mexicana por una razón: el PRD no tiene nada que ofrecer.

Todo partido, en el fondo, es un proyecto político encarnado en un líder. Guste o no, Morena los tiene. Ahí está el llamado “proyecto alternativo de nación” que representa López Obrador (véase su más reciente libro 2018 La Salida: Decadencia y Renacimiento de México). El PRD no tiene ni lo uno ni lo otro. ¿Cuál es su proyecto político? ¿Qué quieren hacer con el gobierno? ¿Cuál es su diagnóstico de los problemas del país? ¿Cómo piensan resolverlo?

Nada. Lo que hay son tribus que tienen poder porque son expertos en el clientelismo político. Algunos ni siquiera tienen ideología alguna. No saben cómo se come eso. Lo que sí saben es comer del presupuesto público. No sorprende que estén muy cercanos al poder político en las entidades donde operan. En el Estado de México, por ejemplo, han comido de la mano de los gobiernos priistas durante años.

El PRD tampoco tiene líderes nacionales. Sus tres posibles candidatos presidenciales son bien conocidos en los estados que gobiernan: Mancera en la Ciudad de México, Aureoles en Michoacán y Ramírez en Morelos. Fuera de esas entidades, nadie los conoce. No tienen una proyección nacional y, por lo menos en el caso de Mancera, tampoco es muy popular que digamos en la Ciudad de México, el gran bastión perredista. El PRDya presenta claros signos de desgaste en la capital que ha gobernado desde 1997.

¿Qué ofrece, en suma, el PRD al electorado? Nada. A menos, desde luego, que uno sea miembro de sus clientelas electorales que reciben algún tipo de prebendas a cambio de su voto.

¿Quiere decir esto que el PRD fallecerá? No necesariamente. Lo que cada vez queda más claro es que muchos de sus líderes, cuadros y votantes se irán a Morena por lo que el PRD se hará más chiquito. ¿Qué tan chiquito? Difícil decirlo, pero ya dejó de ser uno de los tres partidos grandes del país. Ha pasado a la segunda división partidista de pequeñas franquicias cuyo poder es venderse al mejor postor de uno de los partidos grandes en la elección presidencial. Como lo hace cada sexenio el Partido Verde que en 2000 vendió caro su amor al PAN de Fox, en 2006 al PRI de Madrazo y en 2012 al PRI de Peña.

Lo que verdaderamente es una desgracia en este proceso de hemorragia perredista es la falta de una definición ideológica alternativa de izquierda. Al parecer a nadie se le ha ocurrido que tienen que diferenciarse de alguna forma de Morena y, desde luego, del PRI y del PAN. El sexenio pasado, por ejemplo, Ebrard se diferenció de López Obrador con una agenda liberal en temas tan importantes como el derecho de las mujeres a interrumpir el embarazo, los matrimonios igualitarios y la eutanasia. Hoy Mancera medio empuja una agenda para subir el salario mínimo, pero luego le apuesta todo su capital político a una ridícula Constitución de la Ciudad de México que es un galimatías. Tampoco se ven jóvenes que puedan sustituir los viejos liderazgos caciquiles de Cárdenas y López Obrador en el PRD. Cuadros prometedores como Zoe Robledo o Armando Ríos Piter ya abandonaron el partido. Uno se fue a Morena, el otro se declaró independiente. Es lógico: ya no tenían nada que hacer en un PRD aburguesado y sin ideas.

Twitter: @leozuckermann




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