30/03/2017

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Economía sin fronteras

La certidumbre de lo incierto


Mario Canales

No hay mayor temor que a aquello que no se conoce; el miedo a lo desconocido. La incertidumbre es la ausencia de certidumbre, la certidumbre de lo incierto. En la economía, como en la vida misma, la certidumbre es esencial. Cuando se carece de certidumbre,  se carece de la visión completa para llegar a los objetivos.

De antemano, la certidumbre total sería utopía, por eso, siempre habrá cierta incertidumbre, algún factor que está fuera de control. Es precisamente esa ligera incertidumbre la que nos mueve y nos motiva, como individuos y como sociedad.

El acontecer diario de eventos nacionales e internacionales que nos afectan directamente genera en la conciencia nacional un sentido de inestabilidad. Sobre todo, porque la mayoría de estos eventos de gran impacto están fuera del control ciudadano. La incertidumbre impera sobre la certidumbre.

Los mexicanos trabajan pero no palpan el resultado de su esfuerzo, los mexicanos pagan impuestos pero no ven los beneficios de esa recaudación fiscal, los mexicanos, algunos, votan por un representante popular pero hoy más que nunca se sienten desamparados. Estas circunstancias provocan una fractura indeleble en lo más elemental para el desarrollo de una sociedad: la fe. La fe de que con el trabajo les va a alcanzar para proveer a su entorno una mejor calidad de vida, la fe de que con los impuestos el Estado garantice la seguridad social, jurídica y económica. Sobre todo, la fe en que sus representantes populares sean auténticos promotores de los intereses de la sociedad, no del particular.

Cuando en la conciencia nacional impera la incertidumbre, la inestabilidad y la certidumbre de lo incierto se rompe con esa fe y con todo aquello que históricamente nos ha unido y nos ha permitido avanzar, como sociedad y ¡como especie! La fe en las instituciones se derrumba cada vez que individuos lucran con el poder que conlleva ser jefe, líder o Presidente.

Esa misma inestabilidad empaña la visión del país que se puede aspirar a ser. Inhibe el progreso socioeconómico reflejado en la falta de empleos que permitan una mejor calidad de vida, en un gobierno eficiente que sea una plataforma que administre y distribuya no que recaude y oprima, sobre todo se refleja en la falta de representantes que representen.

México no es, ni debe ser nunca, un país condenado al perpetuo retroceso. Para lograr el avance se necesita demostrar con acciones lo que se quiere para el país. Las acciones individuales y en conjunto abonarán para que México sea un país de certidumbre y de visión, abonarán para que lo incierto sea sólo eso: lo desconocido que nos mueve y que nos motiva.




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