06/04/2017

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Economía sin fronteras

Defenderé al peso como un perro


Mario Canales

Han pasado ya más de 35 años de aquella mítica frase del presidente de México, José López Portillo, que ante la severa crisis, se negaba a tomar medidas proporcionales con la situación económica del país. Más que defender al peso como un perro, el Presidente defendía un hueso de abundancia que ya no existía. El ego del Presidente era del tamaño de la deuda externa.

EL ASCENSO

Era el México de los años 70, un país totalitario donde la voz del Presidente era la voz de Dios, tanto, que el mismo López Portillo participó en las elecciones presidenciales ¡sin contrincante alguno! El descubrimiento del yacimiento petrolero Cantarell en 1979, marcó el inicio de un proceso que ahora es clasificado como “La Gran Oportunidad”. El petróleo convierte a México auténticamente en un nuevo rico, tanto, que el presidente López Portillo pronosticaba que el país tendría que “aprender a administrar la abundancia”. De 1979 a 1982 a México ingresaron más de 100 mil millones de dólares producto de inversiones directas e indirectas que generaba el auge petrolero.

El Presidente le apostó a que el boom petrolero continuaría, que las inversiones extranjeras nunca se irían y que la abundancia nunca se acabaría. Es decir, el crecimiento de México dependía directamente de la deuda y, peor aún, de deuda en dólares.

LA CAÍDA

Es en 1981 cuando suceden dos eventos que derrumban los sueños del Presidente que quiso ser rey y arrastran al país a la peor crisis económica desde la Revolución Mexicana. El primer evento fue la caída en los precios del petróleo debido a la sobreoferta y menor demanda global, después, la gota que derramó el vaso fue el aumento en la tasa de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos.

Con ello, México deja de recibir 16 mil millones de dólares al año y se dispara la deuda externa del país, provocando una fuga masiva de capitales y una profunda desestabilización monetaria.

México se había convertido en un país petrolero que dependía de los ingresos energéticos para subsistir. Mientras el país se hundía en una profunda crisis socioeconómica, el Presidente se negaba a devaluar el peso mexicano cuyo valor era sostenido en vapor y en el ego presidencial que veía al peso como un barómetro que medía su legado histórico.

Es hasta agosto de 1982 cuando el presidente José López Portillo devalúa la moneda mexicana y la fija en 70 pesos x $1, “pesos viejos”, una paridad que reflejaba el deterioro de la economía mexicana. Después, en su último informe presidencial, mientras pedía perdón y lloraba por el sueño que no fue, el presidente López Portillo, culpó: al petróleo, al alza en las tasas de interés, a la fuga de capitales y a los banqueros por el fracaso al unísono que nacionalizaba la banca y concretaba su último golpe de timón que revelaba el descalabro que representó caer de su nube de abundancia.

La decadencia económica que heredó su sucesor Miguel de la Madrid, dio pie al inicio de una nueva era tecnócrata y neo-liberal encabezada por los presidentes Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo.

EL ANÁLISIS

El caso de “La Gran Oportunidad” de 1979-1982 es un ejemplo de un ciclo económico de bonanza y crisis. Un periodo que resalta la importancia de establecer proyectos de nación cimentados en políticas públicas responsables y sensibles.

Responsables para que tomen en cuenta las virtudes y los defectos de la nación, proyectos ejecutables en paralelo con los tiempos que vive cada país. Pilares económicos que diversifiquen las fuentes de ingreso y generen una nueva gama de industrias productivas.

Sensibles que impulsen el avance social para que el Estado y el Pueblo avancen paralelamente. Pilares económicos que permitan a la sociedad palpar los avances logrados, para que la abundancia no sea un mito percibido sólo por el círculo cercano al Presidente.

Mucho se ha avanzado desde entonces, pero la crisis de 1982 no debe ser olvidada. Hoy México depende mucho menos del petróleo y mantiene una estabilidad cambiaria, a pesar de los ciclos propios de una economía abierta y no exenta de los choques internos y externos. El país debe avanzar hacia una etapa de maduración, donde se forjen proyectos que cimienten las bases del desarrollo económico, para que sean precisamente esos sólidos pilares los que defiendan al peso y al país como un perro defiende su hueso.




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