09/04/2017

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Personajes de mi pueblo

Siete años sin El Chale


Adolfo Mondragón

El pasado jueves 6 del presente se cumplieron siete años de la partida hacia el infinito de nuestro líder Carlos Enrique Cantú Rosas, “El Chale”.

Siete años en los que cada día que pasa se siente más su ausencia, nos hace falta su palabra, su consejo, sus regaños, nos hace falta todo él; su presencia, su sonrisa y carcajada, su chispeante mirada, su generosidad sin límites y bonhomía, nos hace falta todo lo que él era, ese ser íntegro, espléndido, noble, de una dimensión humana inconmensurable; fiel a todos, pero sobre todo fiel a sí mismo y a sus principios y valores.

Nos dejó huérfanos no sólo a sus hijos, y viudos, no sólo a su esposa; todos quedamos huérfanos y viudos, con un eterno luto en el alma.

Hace tiempo escribí que en la medida que pasa el tiempo, en la misma medida se agiganta la figura de El Chale, crece, se esclarece, se hace más clara y más nítida y poco a poco va adquiriendo la dimensión exacta, como exacta nos va quedando el significado de la tragedia de su ausencia, no sólo murió un gran hombre, murió una simiente, murió una idea, murió un ejemplo, murió el paradigma, el verbo calló, quedó el sustantivo.

No será fácil seguir su camino, sus pasos eran de gigante, su ritmo incomparable. Hace siete años quedamos catatónicos y no hemos podido recuperar la razón plena, nos sentimos incompletos.

Carlos no sólo levantó a todo un pueblo contra la oprobiosa opresión, inventó métodos y creó estrategias, le dio rumbo y sentido a las campañas, enseñó a la gente a luchar por sus ideales, los convenció de que la libertad no se implora, se conquista, y que el pueblo unido jamás será vencido; muchas fueron sus enseñanzas, siempre con el ejemplo, trabajando incansablemente sin importar la hora, el sol o la lluvia, el frío o el viento, convirtió a la naturaleza en su aliada, se sirvió de ella y la retaba siempre, venciéndola en todas las ocasiones.

Carlos al frente, siempre al frente, poniendo su pecho desnudo a la bayoneta calada del fusil; era valiente, atrevido y audaz.

El jueves, muy temprano fuimos llegando, sus viejos amigos y correligionarios a su tumba para rendirle una vez más homenaje al líder que nos falta. Llegaron su esposa y sus hijos, todos somos una sola familia, somos los deudos de El Chale, nos unió y nos sigue manteniendo unidos, antes en torno a él, ahora en torno a su recuerdo.

Todos tenemos recuerdos imborrables, algunos personales, otros colectivos, algunas anécdotas que vivimos con él, otras que las vivimos todos junto a él, pero siempre como centro, como crisol que aglutina él, El Chale, el líder, el jefe como le empezaron a decir al final.

La ceremonia siempre es informal, afloran los recuerdos y las anécdotas, surgen las remembranzas y repetimos las mismas cosas y los mismos hechos como si nadie los conociera, pero su repetición nos permite regodearnos en la nostalgia y sentir que lo tenemos entre nosotros.

Más que flores llevamos sentimientos, más que coronas depositamos el corazón. Este año fue el Lic. Espinoza Flor (El Charrito) el encargado de las palabras, las llevó escritas porque ahora ya todo se nos olvida, pero era evidente que las escribió con tinta sangre del corazón y nos hizo reír a ratos y llorar, otros. El grupo Milenio (porque juntos sumamos más de mil años), último reducto del parmismo, seguimos fieles a nuestro líder.

Claudette, como siempre, tuvo palabras cargadas de cariño, amor y nostalgia para su Chale, el de ella, el que nos compartía, pero que siempre fue de ella sola y le confiesa que siete años son muy pocos para olvidarlo, que necesitará toda la eternidad.

Carlitos, despojado ya de toda investidura, vuelve a ser el hijo amoroso y el guardián del apellido y de la familia; recuerda a su padre refrendando su promesa de mantener incólume el apellido heredado y la unión de la familia. Nos agradece a todos el cariño que sentimos hacia su padre y nosotros le agradecemos que nos permita quererlo y recordarlo porque El Chale pasó a ser patrimonio del pueblo.

Más tarde, frente al monumento que todos pensamos que no se parece, pero que finalmente lo representa, volvemos a ofrecerle una corona de flores y de amor, cargada de recuerdos y nostalgia, ahí está frente al Centro Cívico que ahora lleva honrosamente su nombre: Carlos Enrique Cantú Rosas. El Chale siempre busca y la encuentra, la manera de hacerse presente y nos hace sentirlo.

Gracias amable lector por la gentileza de su atención al acompañarme a recordar con cariño a uno de los personajes de mayor dimensión de nuestro pueblo. Le deseo un extraordinario domingo en familia.




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