06/05/2017

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PRO Inclusión

Nuestra promesa para ti Pili


Martha Luján

No recuerdo haber estudiado nunca al lado de personas con discapacidad. Ni cuando iba a la primaria pública que quedaba a una cuadra de mi casa, ni cuando estuve en la secundaria de mi barrio. Ni cuando llegué a la prepa. Tampoco en la Universidad. Mientras yo estaba avanzando, aprendiendo y desarrollando habilidades, ¿dónde estaban las personas con discapacidad? No las vi, no las descubrí, no pude ser amiga de ellas, ni invitarlas a mis pasteles de cumpleaños. Simplemente ¡no existían!

Muchas de las personas con discapacidad de mi generación, han pasado su vida escondidas, invisibles o institucionalizadas por múltiples prejuicios. Las excepcionales familias que no cayeron en la trampa de ellos, lograron llevar a sus hijos a lugares “especiales” para que les dieran cuidados especiales, educación especial y todo lo demás especial que se les ocurra.

(Soy de una generación a quienes nos) dijeron que había “tipos” de personas. Las “normales” quienes podíamos lograr, estar y ser lo que quisiéramos; y “las otras”, quienes no podrían, no lograrían y no debían querer ni esperar nada de nadie. Ellas debían resignarse a ser especiales. No debían mostrarse. No tenían derechos. Así, estos dos mundos desconocidos, nunca fuimos presentados.

¿Qué pasa ahora? A pesar de que hay políticas públicas para llevar a todas las personas a las mismas aulas, a pesar de que las escuelas -todas- deberían (por ley) estar incluyendo a todos sin excepción, el colectivo de personas con discapacidad aún no logra conquistar las aulas, las regulares, esas aulas que también son nuestras y nos pertenecen.

Pili sí pudo. Pudo porque fue fuerte. Porque sus papás conocían sus capacidades y defendieron su permanencia en la escuela pública hasta con los dientes.

En un evento organizado por el Colectivo por la Inclusión Nuevo Laredo integrado por: la Clínica de Derechos Humanos de la UAT, el Foro de Mujeres del Consulado, el Instituto Municipal de la Juventud y la asociación civil PRO Inclusión, de la cual formo parte, Pili una chica de 26 años en condición de discapacidad por Síndrome Asperger, nos contó su historia de rosas y espinas mientras caminaba por sus salones de clases.

Habló de bullying, de intolerancia, de incomprensión. Habló de apoyo familiar, de compañeras e integración escolar y de maestros que no tenían recursos -y frecuentemente ni ganas- para ayudarla. Habló de dolor, miedos, lágrimas. Pero también de esperanza. Pili nos dijo, con mucha valentía, de sus retos para lograr convertirse en diseñadora gráfica. ¡Ese esfuerzo superado y su título ahora saben a gloria!

Después de haber escuchar su testimonio me quedó una gran pregunta: ¿Por qué una niña tan dulce ha tenido que luchar tantas guerras en su vida sólo por tener Asperger?

No lo sé. Pero pensando la respuesta me di cuenta que había sido muy afortunada por escuchar a esta hermosa joven hablar desde su corazón. Por haber encontrado en su testimonio la experiencia de éxito, de que sí se puede.

Prometí en silencio por ella -y por todas las personas en condición de discapacidad- ir atenta en el camino para sonreír siempre, para consolar a quien no se sienta aceptado; y después me di cuenta que esta es también la promesa del Colectivo por la Inclusión: ¡NO dejar a nadie atrás! … ¡Va por ti Pili!




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