17/06/2017

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Bitácora republicana

Ifigenia y el frente de las izquierdas


Porfirio Muñoz Ledo

La desmemoria es la mayor de las negaciones. Por ello resultó particularmente oportuno el homenaje, promovido por la senadora Dolores Padierna, a Ifigenia Martínez en tiempos de desastre y confusión nacional que obliga a las fuerzas progresistas a una reflexión conjunta y a una acción coordinada para rescatar a la República. La celebración en la casona de Xicoténcatl alcanzó un alto tono de emotividad, reconocimiento y compromiso político.

Los oradores invitados recordamos desde distintos ángulos la trayectoria excepcional de la maestra. Sobre todo sus aportaciones al entendimiento de la disparidad social en México. Intelectual para quien la educación, la cultura y la dignidad humana son valores esenciales. Por el conjunto de su obra pública así como por su intachable congruencia, es hoy la mujer más destacada de México. Para mí, una suerte de hermana mayor por su sabiduría, pero también una hermana joven por su vitalidad, humor e ingenio.

Formada en una familia eminentemente nacionalista, comunista y feminista, bajo el amparo de las instituciones emanadas de la Revolución tuvo excepcionales maestros y brillantes compañeros. Las pocas mujeres que cursaban estudios superiores -mucho antes de la acción afirmativa- fueron impulsoras de la igualdad de género a través de la oportunidad, el estudio y el mérito. Cuestión que debatimos en el PRD (1994), cuando establecimos por primera vez porcentajes de equidad.

Así su presencia en Harvard como la primera graduada mexicana, donde abrevó pensamiento contemporáneo y vocación internacional. Laboró con Raúl Prébisch en el Banco de México y se sumó con luz propia a la teoría latinoamericana del desarrollo. Publica en 1960 “La distribución del ingreso en México” en el que define el círculo perverso entre la desigualdad y el subdesarrollo. Poco después trabaja a lado de Nicolás Kaldor en un proyecto de reforma fiscal, que después de medio siglo no hemos podido concretar.

En tanto primera directora de la Escuela de Economía defiende con inusitado coraje la autonomía de la institución y la vida de los estudiantes. Ocho años más tarde se iniciaría en el parlamentarismo como diputada federal en la 50 Legislatura, donde encabeza una ala izquierda de diputados que llega a votar en contra de iniciativas del Ejecutivo, con la consecuente reacción de los timoratos y los ortodoxos. Un Presidente de la República, que mucho la estimaba, me preguntó alguna vez: “¿porqué le tienen tanto temor a Ifigenia?”, le respondí: “por su integridad y su independencia, pero también la respetan”.

Poco conocida es su participación como embajadora para Asuntos Económico en Naciones Unidas. Presidía las sesiones y conducía las negociaciones con autoridad y elegancia: la presencia rotunda de la mujer mexicana. Logró la aprobación del último Programa Mundial de Desarrollo para la década de los ochenta y dejó planteada la reforma del Sistema Financiero y Monetario Internacional, antes de que nos arrollara el neoliberalismo.

Entonces comenzamos a deliberar sobre la necesidad de un cambio de rumbo político en el país que se tradujo más tarde en la creación de la Corriente Democrática, con una amplísima participación de la sociedad. Encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, la conspiración tuvo como sede el domicilio de Ifigenia, por eso la conocemos como la Corregidora de nuestra historia moderna. Merced a la soberbia de los tecnócratas, desembocó en la ruptura con el gobierno y la creación del Frente Democrático Nacional que ganó las elecciones de 1988, triunfo que nos fue arrebatado, lo que hundió al país en el estancamiento y ha conducido a la desaparición paulatina del Estado.

Llegamos a esta casona por nuestra inocultable victoria en la capital, germen del proceso constituyente de la Ciudad de México. Ganamos todos los debates, pero perdimos todas las votaciones. Eso no debe volver a ocurrir. Somos la mayoría social, tenemos la razón histórica y el deber de derrotar a un régimen de ignominia. Ningún obstáculo debiera apartarnos de la unidad programática, respetuosa e incluyente en las elecciones del 2018. El genuino Frente Amplio Progresista que lleve al poder a un gobierno de izquierda.

Pedimos a Ifigenia Martínez que sea el hilo conductor de los acercamientos y los diálogos. Estoy cierto que los actores involucrados escucharán su convocatoria. Si no fuera así, que la Patria se los demande.




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