18/06/2017

28
0
PRO Inclusión

¡Abraza y sigue escuchando!


Martha Luján

Una amiga me compartió esta semana que está esperando su primer bebé y como tiene más de 35 años de edad, su ginecólogo, está insistiendo para convencerla de hacerse algunas pruebas prenatales que permitan saber si su bebé viene o no con Síndrome de Down. Esto, supongo debido a que uno de los factores que aumentan el riesgo de tener un hijo con esta condición, es la edad de la madre. Y aunque los 30 son los nuevos 20, una mamá de 35 o más, se considera para los “gines” una mujer “añosa” (suena horrible, reclamen a los médicos) con muchos más riesgos y retos en el embarazo que una de veinte.

Cuando me preguntó mi opinión, me dijo: “me piden me haga los exámenes y tengo miedo”. Rápidamente contesté: Si no quieres hacerlos, debes saber que no te pueden obligar. Es tu derecho. Es tu decisión. Después le pregunté: ¿Qué cambiaría si el bebé viene así? Nada, me dijo. Estoy segura que seguiría amando y esperando igual a mi bebé. Entonces -desde mi punto de vista- ella ya tenía lista su respuesta, pero buscaba más elementos en defensa de su decisión y quería conocer lo que como mamá de un pequeño con Síndrome de Down, pensaba sobre su situación.

Así que me fui 4 años atrás y le recordé que cuando yo me embaracé -aunque ya tenía 36 años- nunca me pregunté ni preguntaron, si debía hacerme esos test prenatales. No sé porqué, ninguno de los ginecólogos que tuve durante las primeras etapas de mi embarazo sugirieron ninguna prueba. Ya casi en el sexto mes de gestación y por otros motivos descubrieron que mi Rafael venía con Síndrome de Down. No busqué saberlo. Nadie preguntó si quería enterarme. Sólo llegó la sorpresa. La noticia de su diagnóstico.

Pero mi amiga, ya conocía estos detalles, más bien quería saber qué haría yo en su lugar. ¿Qué pasaría si estuviera ahí como ella. Embarazada de mi primer hijo con 12 semanas de gestación, con más de 35 años y con la “intención (presión) médica” de examinar a mi bebé para saber si viene o no con Síndrome de Down? Sin dudar le dije que yo no me haría ninguna prueba de diagnóstico prenatal de discapacidad. No buscaría saber. Esa no fue sólo mi enfática respuesta. También aproveché para decirle que estaría plenamente atenta para amar a mi hijo cada segundo que él viviera en mi vientre. Y buscaría estar dispuesta cada día, a recibirlo como él viniera. Como él llegara. También trataría de disfrutar lo más posible el viaje del embarazo. Esos serían, creo yo los mejores consejos que me hubiera gustado oír si yo estuviese en su lugar.

Si el corazón de tu bebé late y no te han dicho que hay algún problema de salud con él y tú también estás saludable y bien. ¡Entonces todo está bien! Calma tu mente, confía en la naturaleza (o Dios o como quieras llamarle) y ve a descansar y a tus consultas mensuales. Y si te dicen que algo está pasando diferente a como los médicos esperan. También suelta. Calma tu mente, descansa y ve a tus consultas regulares. Ni la vida y sus “comos” dependen de nosotros.

Después de 4 años como mamá de un pequeño con Síndrome de Down, es la primera vez que reflexiono sobre los test o pruebas diagnósticas prenatales. ¿Qué buscan? ¿Qué aportan? ¿Qué roban?

Supongo que al menos para mí, conocer la condición de mi hijo en mi vientre, fue útil para saber que no tenía fallas en su corazón o riñones por ejemplo y también me dejó tener lo necesario para su nacimiento. Me dio la oportunidad de preparar y organizar lo mejor posible mis emociones para recibirlo fuerte y feliz. El precio del diagnóstico prenatal fue un alto nivel de estrés, de lágrimas y de miedo. Perdí alegría, confianza y me sumí en una terrible avalancha de incertidumbre y descontrol.

Viéndome a distancia me reconozco estaba perdida. En un honesto balance creo que la noticia significó para mí más pérdidas que ganancias. Hablo de mí y de mi experiencia. Cada persona somos un rompecabezas diferente.

Los psicólogos dicen que es común pasar por etapas posteriores al diagnóstico de discapacidad así y que lo que yo viví en mi embarazo es frecuente. Que la diferencia en reacciones y respuestas, casi siempre radica en base a los recursos emocionales construidos.

Pero no muchas veces los especialistas o psicólogos hablan sobre las etapas previas al diagnóstico en pos de él. Del miedo inmenso de saber, de la lucha, las dudas y el temor de sospechar.

Esta semana los invito a escuchar a las embarazadas. Dejen que ellas hablen sobre sus temores. Ayudarlas a mantener la paz, a encontrar respuestas en ellas mismas para tomar siempre las decisiones correctas que las hagan felices. Y si ellas tienen dudas (por algún motivo o sin el) de que sus hijos nacerán con alguna discapacidad… sigan escuchando. Y si ellas tienen miedos... abracen y sigan escuchando.

Antes de terminar le mando un abrazo fuerte a todos los papás. Especialmente al papá de mi Rafael.

¡¡¡Felicidades Chacho eres el mejor papá del mundo!!!




Dale ME GUSTA a nuestra página de Facebook o síguenos en Twitter como @Elmananaonline

Editora Argos agradece cada una de las opiniones vertidas en este sitio.
Internet es una herramienta formidable para ejercitar la libertad de expresión y servir como medio de legítima denuncia, crítica y opinión.

Por el respeto a esta encomienda, El Mañana se reservara el derecho a editar o publicar mensajes obscenos o bien que atenten contra la ley, el orden social y la dignidad de terceros.

Agregar un comentario nuevo






Nuevo Laredo, Tamps.  
Compra
$16.70
Venta
$17.20
EDICION
IMPRESA
 
internet@elmanana.com.mx