09/07/2017

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Personajes de mi pueblo

Reynaldo Ramírez Villarreal


Adolfo Mondragón

Reynaldo es profesor y egresó conmigo hace 51 años de la Normal Cuauhtémoc, siempre fue mejor estudiante que yo, bueno de hecho cualquiera era mejor que yo pues era un puro desorden, hasta que inicié a trabajar me cayó el veinte y afortunadamente, para mí, me gustó mi trabajo; pero bueno, de quien quiero hablar es de Reynaldo.

Para cuando yo llego de retorno al pueblo, me encuentro con que Reynaldo trabaja en la Escuela Vicente Guerrero, recién la habían terminado y carecía de todo, bueno, así nos entregaban en aquel entonces las escuelas, el puro edificio y nos poníamos a trabajar para equiparla y dotarla de lo necesario.

Recuerdo que Reynaldo junto con Mariano Aguilar y otros compañeros se dieron a la tarea de construir el teatro al aire libre. Ambos le “intelegían” a la albañilería, Reynaldo por su papá pues ese era su oficio y bueno no sólo eso le enseñó, sino mucha de la filosofía básica y fundamental de los hombres sencillos de la región, al pan pan y al vino vino, y cada cosa en su lugar, principio filosófico que Reynaldo aplicaría toda su vida, siempre al grano sin tantos rodeos.

No le temieron a la pala ni al talache, el sol y el calor les hicieron los mandados y la escuela estrenó su flamante teatro al aire libre, hecho a puro pulmón por sus maestros. Este acto habla de cuerpo entero de Reynaldo.

Haríamos juntos la preparatoria nocturna, pero él continuó en la Facultad de Comercio y Administración de la UAT, terminando su carrera de licenciado en Administración, conocimientos que aplicaría cuando se lanzó al ruedo, abriendo una ferretería, ahí le entró a todo, desde cargar los pesados costales de cemento, cincuenta quilos en el lomo, hasta amanecer haciendo cuentas y cortes, lo mismo se trepaba en el camión y se iba a Monterrey a surtir mercancía, nunca le sacó al trabajo, ni se afrentaba de hacer lo que fuera.

Su padre lo había forjado en el trabajo y estaba bien templado. Afortunadamente contó con el total apoyo de Conchita su esposa, la que también le entraba al trabajo, siempre tras el mostrador a la salida de la escuela, pues también es maestra.

La ferretería creció y progresó, le dio para que sus hijos estudiaran la carrera que eligieron y le salieron buenos, buenos hijos y buenos estudiantes. Era muy estricto, yo difería de él en este aspecto, pero he de reconocer que le dio muy buen resultado pues los muchachos son exitosos profesionistas, honestos y trabajadores, ese fue el ejemplo que vieron y vivieron.

Últimamente la ferretería no es lo que fue, pero cumplió su cometido en su momento, sólo Conchita sigue firme tras el mostrador y Reynaldo en el café, bueno él dice que va a l banco, habrá que creerle.

En la Normal Superior estudió la especialidad de matemáticas, materia que impartía con singular entusiasmo y particular habilidad pues hacía que sus alumnos se interesaran y les gustara tan horrible materia pues le entendían, evidentemente era muy didáctico pues dominaba su materia y le gustaba enseñar.

Estuvimos trabajando juntos en la tristemente desaparecida secundaria nocturna para trabajadores. Incursionó en las lides sindicales, pero afortunadamente pudo más su vocación de maestro que el prurito del sindicato, su formación cabal, honestidad y principios nunca lo hubieran permitido progresar en ese ámbito.

Ahora sólo nos vemos esporádicamente en el café, sigue fiel a sus principios, sigue parco en el hablar y contundente al opinar, el pan sigue siendo pan y el vino, vino; sin embargo, gracias a esa filosofía pudo formar a sus hijos dentro de un marco de estricto respeto y trabajo, uno es médico oftalmólogo con especialidad en Israel, trabaja con éxito en Monterrey; otro es ingeniero, y labora localmente; el mayor es contador público y fue mi compañero en la universidad, indiscutiblemente le sacó la vena magisterial a su padre pues también resultó muy bueno en su materia, es maestro más por vocación que por necesidad.

Su única hija es la que le ha dado las mayores satisfacciones con sus nietos a los que adora. Bueno, este es Reynaldo Ramírez, maestro y amigo, hombre bueno con las costumbres de los hombres buenos de la región.

Gracias amable lector por la gentileza de su atención, le deseo un magnífico domingo en familia.




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