16/07/2017

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PRO Inclusión

Cerrando el año escolar: entre la ilusión y la desesperanza


Martha Luján

Sé bien que cada que hablo de escuelas, maestras o inclusión escolar, toco fibras sensibles para muchas madres y padres de familia. Sin importar si estamos en el “mundo especial, regular o integrador” para niños o jóvenes que viven retos de aprendizaje, todos los entornos escolares son un tema bastante puntiagudo.

Quienes me conocen o leen con regularidad, saben que yo estoy en favor de la educación inclusiva. Eso significa para mí, que todos los niños y las niñas deberían de tener una escuela donde puedan desarrollarse, ser felices y aprender habilidades útiles para su vida.

Donde no se clasifique ni cosifique a nadie, donde no se den condenas ni por “etiquetas de diagnósticos” ni por ninguna otra circunstancia, donde siempre se apueste a favor de los niños y se les dé -a todos- las mismas oportunidades para seguir aprendiendo. No sólo hablo de niños o niñas con discapacidad. Hablo de inclusión educativa para todas las personas.

El que yo esté en favor de las escuelas inclusivas, no quiere decir que esté en contra de la educación especial. Yo nunca pretendería opinar sobre si es una buena o mala decisión, tener a sus hijos en una determinada opción educativa y no en otra. Sólo quienes estamos dentro de cada situación, sabemos el porqué de nuestras elecciones y no tenemos que darle a nadie ninguna explicación que las justifique.

Con motivo del fin de cursos, estas últimas semanas he estado escuchando todo tipo de experiencias en niños y niñas con discapacidad dentro de las aulas escolares.

He visto caras de mamás y papás apesadumbradas por la preocupación sobre los retos que representaron para sus hijos (y para ellos), quedarse dentro de los salones este año. Porque sus hijos no avanzaron, no aprendieron o no disfrutaron lo suficiente, porque la maestra no se esforzó lo necesario o porque los libros escolares nunca avanzaron y terminaron como al principio… ¡en blanco!

Afortunadamente esto no ha sido así para todos.

Otras familias en cambio, me han compartido en recientes días, lo mucho que sus hijos maduraron gracias a tal o cual maestra, que si mejoraron académicamente y en sus relaciones sociales, que si el gran logro fue para ellos que este año los invitaran a las fiestas de cumpleaños de sus compañeros de salón... en fin... cada familia sabe lo suyo.

Por mi parte, me tocó celebrar estas semanas: buenas calificaciones y buenas conductas, así como el compromiso de muchos docentes de entornos especiales, regulares, integradores tanto de escuelas públicas y privadas. Afortunadamente hay personal comprometido con la educación y con México en muchos lados... y bueno... supongo que eso no es una sorpresa ¿verdad?

Entre las desilusiones y las esperanzas, este ciclo escolar que culmina, termina siendo para casi todas las familias un aprendizaje y un logro.

¿Pero por qué estar ahí y permanecer en el sistema educativo deberíamos de considerarlo una ganancia? Porque de acuerdo a los resultados de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica ENADID 2014, se muestra que sólo el 46.5% de la población con discapacidad de 3 a 29 años de edad asiste a la escuela. Estar en la escuela cuando casi la mitad de las personas con discapacidad en México no tienen acceso a ella, es (desafortunadamente) ya un logro en sí mismo.

Hablo de “estar ahí” de “llegar ahí” de “permanecer ahí”. No hablo de que se siga la currícula que corresponda, ni siquiera hablo de que las personas con discapacidad sean vistas desde sus necesidades básicas de accesibilidad. No. Digo que estar ahí, en las aulas, pareciera ser, dadas las condiciones de nuestro país, una meta lograda.

Falta que aprendan algo todos los días, que se alfabeticen, que tengan los apoyos necesarios, que no tengan ninguna clase de barreras. Falta que se crea que ellos pueden, que tengan reales oportunidades de estudiar educación media superior y superior. Falta mucho. Sí.

Pero ayuda saber que no vamos solos, que hay cada vez más maestras, directores y directoras dispuestos a “darle para adelante a la inclusión como derecho humano”. Necesitamos conocer de casos de éxito y seguir adelante. Desde el ambiente que cada quien quiera... pero siempre adelante. Felicidades a las familias que logramos este año tener (y mantener) a nuestros hijos en el Sistema Educativo Mexicano.

¡Porra para nosotras!

Gracias a nuestro testimonio desde las aulas escolares es que podemos seguir dando pasos hacia adelante… por nuestros hijos pero también por los que vienen detrás. Porque es la educación de todas las personas una condición necesaria para ser libres. Porque se puede más, porque el mundo -y las escuelas, secundarias, preparatorias y universidades- son nuestro derecho y merecen ser una real oportunidad para todas las personas.




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