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Selva urbana

Gracias profe Elizondo


Mauricio Belloc

Querían reunir 35 kilogramos de llaves de bronce para hacer un busto en honor del profesor Rafael Elizondo Escamilla y colocarlo en el gimnasio de la Unidad Deportiva Benito Juárez, el cual gracias al Cabildo anterior, lleva su nombre.

¡De oro! y no unos cuantos kilos para una mínima escultura, sino lo que pese hacerlo de cuerpo completo y de paso también, vaciar del preciado metal, las letras de su nombre en el recinto de la colonia Viveros.

Estamos hablando de 60 años de enseñarle a la niñez y juventud nuevolaredense a amar el deporte, a interesarse en algo sano y edificante, en que van seis décadas de que un apóstol hizo una religión y de su sabia mano, de su paciencia, de su extraordinario conocimiento, millares de ciudadanos aprendieron poco o mucho de algo que vale bastante para la vida, para el resto de la existencia de cada quien y de sus próximos, pues el carácter de muchos se forjó en esa duela y en esas planchas de cemento de la unidad deportiva, con y gracias a un maestro sin igual.

Porque en ese largo tiempo, no sólo han abrevado decenas de miles de pequeños, las bases del baloncesto, de la educación física, sino el amor a sí mismos, cada uno de ellos se grabó que hay que prepararse para luchar, para dar la batalla en buena lid, a ser guerreros buenos y buenos guerreros, a decidirse a hacer eso que tienen en mente, sea el triunfo en el encuentro deportivo o muchas otras cosas más en la vida, a continuar peldaño a peldaño.

¿Qué cosas no? Pensar que esos chiquitines que un día lo toparon en sus vidas, no llegaban la pesada pelota a la canasta; y hoy son mujeres y hombres de mucho bien, excelentes personas.

Gracias a alguien que les enseñó fuera de casa, de la familia, los primeros conocimientos para salir adelante en la vida, más allá de la instrucción de las letras y los números en el salón de clases.

“El Profe” les instruyó a amar su cuerpo, les educó a que éste puede dar mucho y que está conectado al cerebro, les hizo ver que la disciplina atlética ayuda en mucho al crecimiento o desarrollo de la inteligencia y de la mente.

Él ha hecho mucho en esos pequeños que empezaron el difícil camino de la vida, les ayudó y les enseñó que practicar el deporte, abre y edifica el cerebro y forja el cuerpo, robustece el organismo y da carácter a toda persona.

LO INTANGIBLE, NO LAS MEDALLAS

Son 101 campeonatos estatales, ¡cinco nacionales!, en serio que no hay ni por dónde empezar a citar y enumerar por orden de importancia lo realizado por este maestro de todos, eso sin quedarnos cortos al ensalzar ya no las proezas tangibles -los trofeos, las preseas y los pergaminos- de un hombre como el Profe Elizondo, sino el resultado de sus enseñanzas en una sociedad, en cada individuo.

Desafortunadamente poco o casi nada lo conocemos en lo personal, porque para nuestra mala fortuna nunca fuimos sus alumnos, ni en primaria, ni en secundaria, ni en su segundo hogar, la unidad deportiva, en su gran escuela municipal de baloncesto.

Pero sí lo hemos entrevistado dos veces como reportero y platicado sólo unos dos o tres minutos en otras pocas veces, siempre en los pasillos del palacio de gobierno, cuando su cargo en el deporte municipal, a principio de los años 90.

Como todo señor de experiencia, como un ser abierto a la vida, ha sido un placer siempre, el charlar aunque muy breve, con alguien como él, aprenderle algo en sus pocas palabras que cruzamos, si bien han sido esporádicos momentos de plática de banqueta -porque nunca hemos tenido la dicha de sentarnos frente a él, con sendas tazas de café y sin el cronómetro de enemigos-, sí ha quedado bien grabado algunas de sus palabras en las entrevistas que le hicimos.

“Los niños son lo más noble y más preciado que tenemos en el planeta, en nuestra sociedad, seamos tan buenos con ellos, como mínimamente lo merece cada una de estas criaturas, indefensas y tan inteligentes, desprovistos y vulnerables, pero a la vez tan brillantes y ejemplares para los adultos, pues uno aprende mucho de ellos, son sanos, no tienen malicia, no ponen nada malo por delante para hacer algo, para trabajar en equipo, para tratar de triunfar, son naturales, así en el básquet como en las demás situaciones o escenarios de la vida, los niños, dice la Biblia, son la herencia de Dios, por algo está asentado eso”, nos dijo una vez el experto en tratar infantes.

Ahí nos quedó claro, la fortuna de sus alumnos, pues en su instrucción diaria del citado deporte, también van implícitos consejos para la vida, lo suyo no sólo es enseñar baloncesto, sino que en sus clases diarias, sus consejos de señor, de adulto bueno, de experto, de abuelito, también van inmersas chispas de diamante de sabiduría, de la otra enseñanza, la de la vida.

DICHOSOS ESOS PEQUEÑOS

En sus órdenes y observaciones que les hace adentro y fuera de la cancha, durante y al terminar la clase, el entrenamiento o el juego, les tiene preparadas unas ráfagas diarias de otras instrucciones, de consejos que les ayuden en su “partido” del diario, en su encuentro con el crecimiento y la formación de la persona.

¿Quién vive el gozo de tener a este señor? Sólo pocos y decimos muy pocos porque deberíamos tenerlos todos los pequeños y adolescentes de Nuevo Laredo, no nada más esos privilegiados que se interesaron en el baloncesto o que fueron sus alumnos en la primaria y secundaria donde dio tantos años clases de educación física en el sistema de educación básica.

¿Cuántos pares de calzado deportivo no obsequió de su bolsa el profe Rafael Elizondo, no queremos ni saber cuántos almacenes deportivos de cualquier gimnasio, se hubieran llenado de camisetas y pantaloncillos cortos, de chaquetines y pants, de pelotas regaladas, sin hablar de viajes costeados a torneos estatales y esa infaltable moneda para el refresco después del juego o del entrenamiento, para ese chico humilde, pobre, el que no tiene dinero, ni para el camión, cuanti menos para comprarse una bebida después del trajín victorioso o… del vaivén que terminó en una enseñanza muy valiosa, mas no en una derrota, aunque el tablero del marcador, diga otra cosa.

“Porque no es fracaso, ustedes dieron todo, esto fue una preparación, una experiencia para hacer mejor las cosas a la próxima, como el equipo rival, hoy ellos lo hicieron un poco mejor que ustedes, pero sólo un poco”, le escuchamos una vez decir en la Semana Deportiva Escolar, esa competencia primaveral a la que tanto nos apasionaba asistir -como a miles de nuevolaredenses- y que nos pasábamos horas en ese sitio tan maravilloso, ese lugar justo donde hoy tiene su inmortal nicho el Profesor Rafael Elizondo Escamilla.




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