30/08/2017

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Pasadizo secreto

Una de dos, o ya viene Dios, o que venga el diablo


Miguel Rodríguez Sosa

Los seres humanos y a través de los siglos han sido partícipes en todas las formas de innumerables episodios violentos en los cuales claramente se refleja el odio; el dar cuenta cómo el ser humano se autodestruye, y al ver que ni las leyes divinas ni terrenales son vastas para impedir o terminar con estos actos para calmar su ira, es cuando nace ese sentimiento para suplicar, el ya exigir, o una de dos, o ya viene Dios, o que venga el diablo.

A nivel local, en Nuevo Laredo, en sus archivos históricos tiene documentadas infinidad de actividades violentas realizadas algunas al finales del siglo XVIII, en donde comúnmente era el robo a ganado, a rancherías, violencia sobre mujeres solas que vivían en áreas alejadas, robo de oro u objetos de valor, entre muchos otros como enfrentamientos a balazos por deudas de dinero o de honor; hacia épocas más cercanas al siguiente siglo, propiamente en la década de los años cuarenta mucho fue resonado entre otros actos violentos aquel famoso caso de la familia brutalmente asesinada que se hospedaba en ese entonces en un alejado motel sobre la avenida principal; así, se podrían ir recordando por igual aquellos enfrentamientos de los años setenta y noventa entre bandas criminales o contra la misma autoridad.

Por siempre y a nivel nacional las principales noticias han versado sobre violencia, recientemente un caso impactó como muchos a la nación, la violación a una mujer, su joven hija, el asesinato de su pequeño niño, todo porque el jefe de familia en un robo se negó a entregar su vehículo en una transitada carretera de Puebla; en otro caso un padrastro masacró a golpes a su hijastro de tan sólo cuatro años, esto en el Estado de Nuevo León, producto de violencia familiar; sin ignorar de ningún modo a esa joven encontrada muerta dentro del centro universitario en la Ciudad de México atada a una caseta telefónica.

Y a nivel mundial hace unos días el mundo nuevamente se estremeció con otro ataque terrorista ahora perpetuado en España, un violento y multitudinario atropellamiento de peatones fue el escenario trágico, dejando muchos muertos, lesionados y pánico entre los que en ese momento transitaban por esa populosa vía llamada Las Ramblas.

En otras épocas y sobre estos actos el arrepentimiento se hacía presente, se decía: “Lo juro por Dios que no quería matarlo”, pues el sentimiento o la marcada doctrina de una religión en ellos surgía, actualmente esto ha cambiado a: “Ya le había dicho que lo iba a matar”, “Él ya lo sabía”, o “Nada más estaba esperando la oportunidad para matarlo”.

Hoy y cual si fuera una tercera guerra mundial, pero por etapas, en diferentes países y de distintas maneras, millones de seres humanos y de cualquier edad y sexo están muriendo víctimas de actos violentos, y nadie, ni el Vaticano con sus miles de iglesias en todo el mundo, ni las grandes potencias mundiales con o a través de sus leyes hacen nada por resolver esta situación que ahoga, que está liquidando y totalmente la forma del bien vivir en este planeta, pues el primero se preocupa más por la figura papal, y los segundos de cómo amanecieron las principales bolsas de valores del mundo.

Por todo esto queda claro que si se invoca a la religión ni ese milagro, ni ese Dios llegan, si se citan las leyes del hombre, definir la justicia es por igual muy complicado, entonces comprensible es que ambas debilidades están provocando ese creciente comportamiento del ser humano con equívocas actitudes como el ser malo, violento, sanguinario, con alta ira, coraje, envidioso, ratero, asesino, violador, mentiroso, burlón, desalmado, acaparador de riquezas, exigente recolector tributario, discriminador, traidor, generador de guerras; en conclusión, y al verse derrotada la Iglesia, por igual las leyes terrenales, con alta probabilidad que hoy mismo y de invocarlo, ni el mismísimo diablo a este mundo se atrevería llegar.




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