12/09/2017

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Río revuelto

El día después de mañana


Redactores

Simplemente Nuevo Laredo no está preparado para una contingencia, y eso quedó demostrado el domingo, con el pánico que se generó derivado de la falla en el suministro de electricidad, de lo que depende el servicio de agua y gasolina (las bombas son eléctricas), para empezar.

Y si bien comienza con el ciudadano que guarde la calma, éste no está instruido para actuar estratégicamente o simplemente estar preparado para una eventualidad de este tipo.

Los rumores corrieron rápido sobre que “podía durar 2 días el apagón”, y eso fue suficiente para que se hiciera el caos.

Hemos basado nuestra vida en este servicio, comenzando por la carga de nuestros celulares.

El gobierno municipal gasta millones de pesos en comunicación social, y el domingo que se ocupaba “comunicar a la sociedad* (dispense el pleonasmo) sobre lo que estaba sucediendo, lo que podía ocurrir, así como las recomendaciones/instrucciones para la población, fueron muy limitadas.

Usualmente en estas circunstancias los gobiernos realizan comunicados constantes (por Twitter, Facebook, las estaciones de radio disponibles, etc.), donde se da a conocer de manera oficial las causas de la contingencia, avances, guías, a dónde acudir, etc.; pero este no fue el caso.

A pesar de que se emitieron algunos comunicados vía Facebook, evidentemente no todos se enteraron, pues el caos reinó por unas horas, y esos millones invertidos en difundir la imagen del Alcalde con vehículos panorámicos, radio y por supuesto redes sociales, hubieran servido muy bien para combatir la desinformación que se viralizó en Whatsapp y de boca en boca.

Pero algo bueno salió de todo esto, las familias convivieron como solía ser antes, sanamente, conversando entre ellos a la intemperie, mientras observaban las estrellas que debido a la oscuridad que imperaba, se podían apreciar con majestuosidad.

No faltó quienes le dieron un tinte religioso al apagón de unas horas, todo esto en el marco de un clima que algunos describen como apocalíptico, donde en las últimas dos semanas hemos visto catástrofes causadas por los huracanes, Harvey, Irma, Katia y José, el terremoto más fuerte de los últimos 85 años en México.

Las filas hacia Laredo, Texas, fueron inusuales para un domingo por la noche, especialmente el SENTRI, que sirvió como ruta de escape para quienes querían dejar atrás el caos provocado por el apagón.

Al final, las compras de pánico dejaron a los neolaredenses con varios garrafones de agua, veladoras y otras cosas extras que no pensaban adquirir, pero que deberíamos tener con anticipación y no buscar comprarlas de último momento, es ahí donde se reafirma que ni el gobierno ni los ciudadanos estamos preparados para una contingencia, que precisamente hoy en día parecen estar proliferando.



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