13/09/2017

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Pasadizo secreto

Ante el pánico, las autoridades durmieron


Miguel Rodríguez Sosa

Con el reciente apagón, suspensión de la energía eléctrica, algo claro sí quedó, que localmente nadie, absolutamente nadie está preparado para sobrellevar este tipo de eventualidades, al reconocer que bastaron unas cuantas horas para que la histeria, la crisis psicológica invadiera a la población entera; entonces, los encargados de controlar, dirigir este tipo de situaciones, más que ser los líderes, los mediadores para devolverle la calma a una ciudadanía confundida y desorientada sobre lo que estaba pasando, lamentable fue ver que ante el pánico, las autoridades durmieron.

Quizás no haya sido muy preocupante que un sector de la ciudad se haya quedado sin luz, pero el ver la magnitud del evento, donde tres estados de la República Mexicana sufrieron por igual de esta suspensión de energía eléctrica, sí que es de tomar medidas inmediatas para proteger a la familia anticipándose a todo, y no después lamentarse por no haber actuado de inmediato; por lo que el señalar a este o al otro por su actuación o precipitación, de ninguna manera deberá tomarse como una burla, ni mucho menos el juzgarlo como exagerado o fuera de lo común sobre ese tipo de raros eventos.

Lo que sí de plano causó sorpresa, fue el hecho de que ninguna autoridad hizo presencia ante la crecida de ciudadanos precavidos o advertidos correcta o falsamente por cualquier medio de difusión o red social, esto para organizarlos, orientarlos hacia qué parte de la ciudad podrían obtener eso que en su desesperación buscaban; no alimentando con eso su psicosis, sino más bien entender las necesidades de cada quien o actitudes propias de su personalidad ante dichos casos.

Debido a esta ausencia de autoridad y ante el problema de la falta de energía eléctrica, cientos de ciudadanos se lanzaron por todos los rumbos de las calles de esta ciudad a adquirir productos; pero se toparon con que la mayoría de los establecimientos y por el mismo motivo habían cerrado sus puertas, dejando sin opciones y limitaciones a los que por siempre han sido sus fieles clientes, la ciudadanía en general.

Entonces la cuestión es en dónde estaba la autoridad de Salud, Coepris en el caso de las farmacias, en dónde estaban sus celosos inspectores que los vigilan, con ello, no permitirles el cierre, la negación de la venta de al menos ese medicamento que se requería para esa persona enferma, recién operada o convaleciente; pues esa actitud manifestada, por decir así criminal por parte de este ramo farmacéutico, muy probablemente y con la intervención de la mano dura de la ley, aplicando multas, sanciones o clausuras, pudo haber obligado y de inmediato a vender cuando menos a través de notas de compra, y no negarse el servicio.

En el caso de los grandes centros comerciales, tiendas de conveniencia, por igual los inspectores de comercio debieron actuar y de inmediato, evitar así que éstos bloquearan la venta de productos que se estimaban necesarios entre la ciudadanía demandante, clientes exagerados o no; deben de existir por parte de la autoridad que los regula reglas de venta para ese tipo de casos cuando la ciudad está al borde de la desesperación.

Y en el asunto de las gasolineras, éstos como agremiados y bajo la iniciativa de su líder, deberían obligarse a contar por lo menos con fuentes de energía eléctrica alterna llámese plantas de luz, para así por lo menos ofrecer el combustible demandado con una sola bomba, colocadas estratégicamente en distintas gasolineras en los cuatro puntos cardinales de la ciudad, de tomar estas acciones muy probablemente y ante futuras eventualidades de cualquier tipo, se controlaría la demanda, evitando largas filas o molestias de y entre la misma ciudadanía.

Debe quedar claro que para estos asuntos imprevistos llámese huracanes, tormentas, crecidas del río, interrupciones de luz, agua, gasolina, entre muchos otros que de cierto modo interrumpen el diario vivir de los ciudadanos de Nuevo Laredo, no basta un comunicado, ni un estado de cómo se guardan las cosas, sino más bien se requiere de ese obligado “despertar”; así demuestren con hechos que se cuenta con un programa vasto y completo para enfrentar estas eventualidades, en consecuencia los neolaredenses vean en sus autoridades esa rápida y efectiva acción y no tan sólo constantes “bostezos”.



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